Ciclo Chocolat LXXX: Una reflexión personal sobre la película: “Los puentes de Madison” (Clint Eastwood, 1995)

 

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      La fascinante, intensa y breve historia de amor y pasión entre Robert y Francesca, que se encierra entre las hojas del libro ‘The Bridges of Madison County’, publicado por el escritor tejano Robert James Waller en 1992, fue traspasada a la gran pantalla por obra y gracia del director y actor Clint Eastwood. La obra literaria nos dejó a los lectores, sobre todo, a aquellos que adoramos el género romántico, ojipláticos, y ahí no terminó todo, pues, posteriormente, la película nos sedujo y ¡de qué manera! No hay duda de que el filme hace más que merecida justicia al libro de Waller. ¡Qué maravilla!

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Una sublime y sensible dirección a órdenes del gran Eastwood, un guión de Richard LaGravenese, una banda sonora original compuesta por Lennie Niehaus y una protagonista femenina de la altura y caché de Meryl Streep hicieron las delicias de cualquier cinéfilo amante del amor más intenso en todos los sentidos y sus devastadores, instintivos o racionales, efectos. Este trabajo cinematográfico es, simple y llanamente, perfecto. Espero que, con el tiempo, se convierta en un clásico por excelencia o en una inolvidable película de culto que generaciones futuras puedan disfrutar y cuestionarse… ¿en verdad puede existir algo así en nuestras vidas reales o tan solo nos muestran un amor de cine? 

Hoy no solo quiero hablarles de la película en sí, que tiene miles de críticas y reseñas hechas en su honor en internet. Deseo reflexionar, si me lo permiten, sobre lo que acontece en la trama. Si se pusieran en la piel de Francesca… ¿hubieran renunciado al amor por la familia? Si es verdad que “esa clase de certeza solo se presenta una vez en la vida”, ¿habrían dejado escapar la oportunidad o piensan que la oportunidad de amar y ser correspondido estaba reducida a esos cuatro días porque de otra manera, la esencia se habría esfumado con la rutina? No sé ustedes pero una servidora ha visto como unas veinte veces esta película y, sinceramente, tengo que decirles que unas veces me vislumbro haciendo lo que hace Francesca, y otras, en mi imaginación, abro la puerta de esa furgoneta y echo a correr hacia donde está Robert. A veces, solo a veces, grito a Francesca “¡escapa!” y otras, sin embargo, pienso “¡quédate!” (te vas a arrepentir si no lo haces, tarde o temprano). Es humano, supongo, en esa escena, cambiar de parecer. Por otra parte, su marido es un buen hombre, no parece teletransportarla a África en la intimidad, pero, a su manera, la quiere. ¿Y sus hijos? Una edad horrible para abandonarlos; las cosas, como son. Francesca podría haber destrozado a su familia en pro de su propia felicidad y, sin embargo, el deber como madre y esposa, la responsabilidad para con los suyos prevalece y es admirable, la verdad. Por una parte, el espectador, ve sacrificio, pero por otro, quizás, la mejor opción. ¿Puede ese amor y esa pasión concentrada en cuatro días durar eternamente? Pudo, ocurrió, ese amor, ese sentimiento se mantuvo vivo, pero sin que ninguno de los dos amantes renunciara a su forma de vida (familia y libertad), sin arrepentimiento, sin culpabilidad… estos sentimientos dañinos, a la larga, habrían destruido lo que de sincero sentían el uno por el otro.

Me gusta cómo él respeta la decisión de ella, pero no se rinde a la primera de cambio. Robert intenta que Francesca cambie de opinión por sí sola, pero al no lograrlo, él se retira dignamente. No hay amor más grande que el respeto, la no imposición de la voluntad de uno en otra persona. El hecho de que finalmente él entregue todas sus posesiones materiales al dejar este mundo, indica que ella estaba presente en él. No se olvidó de ella jamás. Fue una bonita manera de mostrar a Francesa que hasta su último aliento, ella estuvo presente en su existencia.

Destaco y valoro muy positivamente que tanto el escritor del libro como el director de la película sean hombres porque eso quiere decir que la sensibilidad y el concepto del verdadero amor pueden sentirlo, experimentarlo y expresarlo ambos sexos con la misma perfección de matices y detalles. Ambos supieron “relatar” al mundo algo precioso que mucha gente no logra vivir en toda su vida, por movida y popular que esta sea. Triste realidad, sin embargo, para eso existen los libros y el Séptimo Arte, para deleitarnos con belleza en todos los sentidos, esa de la que el mundo cada vez más carece. No hay costumbre de vivencias realmente bellas y profundas, y parece que tampoco se dedica el tiempo que requieren. ¡Vivir mucho y deprisa! Un gran número de  personas quieren sentir la adrenalina, arriesgan sus vidas con un parapente, bajan rápidos de agua, ponen su coche a 300 Km/h., se lanzan al vacío desde un puente bien alto, escalan el Everest… pero muy pocos se arriesgan, muy pocos gozan de la valentía hoy día para luchar por el bien más preciado de todos: el amor. Este sí que merece un salto bien grande, y sin chaleco salvavidas… ¡y no hay cojones! Justificamos la no durabilidad del amor, nos agazapamos en excusas como la rutina y la monotonía, y lo que existe realmente, es un miedo atroz a un compromiso que nos inunde, y que nos agite corazón, alma, cuerpo y mente sin tener que pagar una actividad multiaventura. Cuando tenemos algo bueno y de verdad, lo soltamos como si quemara cuando es ese ardor el que engrandece y da valor auténtico a nuestro paso por este planeta. Así es de estúpido el ser humano, que nunca sabe lo que tiene ni lo que quiere, y para reducir esa estupidez está la Literatura y el Cine, afortunadamente.

Muchísimas gracias por su fidelidad y atención.

Un afectuoso saludo y hasta la próxima entrada.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

“Si he hecho algo que te haya hecho pensar que lo que nos ha pasado no es nuevo para mí, que solo es una rutina, sí te pido disculpas.” (Robert Kincaid) 

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Ciclo Chocolat LXXIX: Una crítica personal “de película”: “Los miserables: la leyenda nunca muere” (Bille August, 1998)

 

La película que hoy comparto con todos ustedes no es nueva. Muy distante está de ser un estreno de la gran pantalla. Nada más y nada menos que casi 19 añitos hace que la pudimos ver por primera vez en una sala de cine, concretamente, el 19 de octubre de 1998 tuvo lugar su estreno en España. De seguro, ha llovido, damas y caballeros, pero no importa. Hay cosas que merecen ser recordadas y visualizadas décadas después. Hay buenas cosas que no caducan, que son imperecederas, como la sensación que me dejó este filme cuando lo vi (y sentí) en la pantalla grande siendo yo una reconocida y ferviente cinéfila, por aquel entonces, adolescente. Como saben, esta versión está basada en la genial obra literaria del escritor francés Víctor Hugo: “Les misérables” (1862). No cabe duda de que esta obra, base de esta adaptación cinematográfica que nos ocupa, es magnífica. Cuando la leí por vez primera, me transmitió la idea de bondad como un todo pero también de injusticia, de rabia, de dolor, de impotencia y de profundo pesimismo individual y social. Por otra parte, en esta película, sin embargo, se transmite todo esto en grandes dosis pero, estarán de acuerdo conmigo en que la trama tiene la justicia, el poder del bien y el optimismo que el libro no posee.

Como en toda película que se precie, el protagonista se nos muestra como un héroe admirable, tanto por nosotros, los espectadores, como por otros personajes. La parte en la que Jean Valjean (Liam Neeson) cumple condena está eliminada aunque se vislumbra el sufrimiento en sus palabras y en su rostro, la dignidad arrebatada durante dos décadas por haber robado pan debido a que pasaba hambre. En el lado opuesto está el villano, en este caso, un policía que en otro tiempo fue un carcelero, llamado Javert (Geoffrey Rush), y que profesa una desmesurada obcecación por Valjean y por el cumplimiento de la ley. Realmente no es tan malvado. La vida no parece haber sido muy gentil con él y, a pesar de que cree que un criminal debe pagar un precio, también se percata de que Valjean es un excelente ser humano al que interiormente admira confesándolo, finalmente, a su peculiar y personal manera.

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El reparto es maravilloso, uniéndose a Neeson y Rush: Uma Thurman (como Fantine), Claire Danes (como Cosette) y Hans Matheson (como Mario), entre otros. Todos ellos componen un conjunto único en interpretación.

La esencia interpretativa se concentra con más consistencia en Liam Neeson y es que el actor es la mejor opción que se puede encontrar si del personaje en cuestión se pretende que sea un corazón andante. No existe otro actor con ese don tan visible, quizás sea porque esa cualidad tan positiva es mayor si el recipiente es grande, y él mide nada más y nada menos que 1,93 m. Solo ver sus manos, la idea de ayuda, auxilio y protección vienen de serie, perfectas para la caricia en el inocente, e idóneas para el puñetazo en el malvado. Excepcional nuestro Liam. Todo lo que tiene de grande, lo tiene de adorable.

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En lo referente a su banda sonora, fue compuesta por Basil Poledouris, descendiente de una familia griega que, desgraciadamente falleció consecuencia de un cáncer hace once años. Suena muy bien y se adecúa a la perfección a las emociones y acciones. Muy bonita.

En mi opinión, Bille August hizo un brillante trabajo cinematográfico con un potente clásico de la literatura francesa. Da mucho juego e hizo excelentes elecciones para confeccionarlo. En la escena final, el espectador, si no siente algo especial, es que ha estado adormecido. La justice, la surprise, le bonheur et la liberté se concentran en esta inolvidable escena, en la cual el rostro de Liam Neeson va modificándose tras el inesperado suceso que acontece referente a su extraño y jamás odiado enemigo. La sensación al salir de la sala es indescriptible. La satisfacción y el alivio son absolutos. 

Es adulador e inspirador comprobar cómo una persona, un hombre, puede vivir de manera individual, sin meterse con nadie, preocupada por sí mismo y por el bienestar de sus seres queridos, sin envidia, sin odio, sin rencores, sin luchas banales por causas perdidas, sin ideologías, solo pensando en ser justo y útil. Valiente hasta la medula. Sin duda, el personaje de Valjean es un ejemplo excepcional de humanidad.

Creo que sobra decir que para mí esta versión de “Los Miserables” es la versión moderna mejor del Séptimo Arte. Califico este trabajo con un merecidísimo 8/10.

Les incluyo varias adaptaciones a la pequeña y gran pantalla que les pueden interesar… Disfruten de todas ellas. Cada cual tiene su detalle, su exclusividad.

  • Victor Hugo et les principaux personnages des Misérables (Hermanos Lumière, 1897).
  • Los Miserables (J. Stuart Blackton, 1909).
  • Los Miserables (Raymond Bernard, 1934).
  • Los Miserables (José Antonio Páramo, 1971).
  • Los miserables: la leyenda nunca muere (Bille August, 1998)
  • Los Miserables (Josée Dayan, 2000). Miniserie de TV.
  • Los Miserables (Tom Hooper, 2012).

Muchas gracias por su atención y hasta próximamente. Cordiales saludos.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXVIII: Una crítica personal “de película”: “Día de patriotas” (Peter Berg, 2016)

En esta ocasión, les traigo la crítica personal de un estreno en la gran pantalla, basado en el atentado de la maratón de Boston (Estado de Massachusetts, USA). Este trabajo nos presenta con minuciosidad, de la mano del director Peter Berg (“Very bad things”, “Collateral”, “Battleship”, “Copland”…), la historia del oficial de policía Ed Davis (Mark Wahlberg), que investiga los acontecimientos que desembocaron en la muerte de un terrorista y la detención de otro, ofreciendo una exhaustiva narración de la persecución que tuvo lugar por toda la ciudad para cazar a los responsables de tan atroz atentado.

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Como pueden observar en la imagen anterior, el reparto es estupendo. Cuatro actores de primera división (Wahlberg, Goodman, Simmons y Bacon) avalan “Día de patriotas”, y también completa dicho reparto, como la actriz más destacada, Michelle Monaghan (“Adiós, pequeña, adiós”, “Misión Imposible 3”, “La boda de mi novia”, “Código Fuente”, “La conspiración del pánico”…), que interpreta el papel de fuerte esposa del oficial de policía Davis.

“Día de patriotas” es un filme del género de acción ante todo, pero está basado en hechos reales de gran magnitud emocional. Sí, como en la mayor parte de las películas, contamos con el bueno y el malo, sin embargo, esta vez, el espectador puede sentirse más implicado, más sensible antes las imágenes que se le proyectan debido a que la ficción no es tan “ficticia” (valga la redundancia) en este título.

Asistimos a un espectáculo que inevitablemente produce en el espectador mil y un sentimientos contradictorios. La rabia, la impotencia, la incomprensión, el rencor más intenso hacia la actitud de dos mentes asesinas se entrelazan con la tristeza por las víctimas mortales, con la solidaridad hacia los heridos y con el orgullo que transmite la unión y la fortaleza de una ciudad que no se rinde ante el pánico que puede infundir el ser humano cuando su causa muy distante está del valor a la vida ajena.

Hay acciones que no tienen perdón ni olvido pero se sobrevive a ellas, quien tiene la posibilidad de hacerlo; no todos tienen tanta suerte en manos de criminales. El final, real como la vida misma, produce cierto alivio. Ambos asesinos son encontrados y cada cual paga su delito de una manera diferente pero bastante justa. No soluciona el daño hecho, ni mucho menos, y tampoco supone el castigo ejemplar que ciertas personas merecen, sin embargo, te das cuenta de que se haga lo que se haga con ellos, sus convicciones son otras, imposible de compartir con mentes equilibradas. Aun matando, creen que van a terminar en el paraíso. Solo esta idea ya da qué pensar en cómo funcionan sus maquiavélicos cerebros descorazonados y egoístas. Algunas escenas en la película justifican con garantía absoluta el “ojo por ojo y diente por diente”, y no lamento pensar así. Hay quienes lo sentimos de esta manera por gente que no conocemos, ¿qué pasaría si la vida que se han llevado por delante es la de un hijo, un padre, una madre…? La justicia es justa cuando el mal es erradicado por el bien. No hay más y en esto, deberíamos estar todos de acuerdo, pero de sobra sé que hasta en el concepto de bondad y dar el valor que merece una vida humana, el mundo discrepa.

El responsable vivo de la matanza fue condenado a inyección letal tras ser declarado culpable de los treinta cargos que se le imputaban. El joven no se arrepiente de nada. Sus abogados tienen la intención de apelar el fallo del jurado para conseguir que se conmute por la cadena perpetua. El proceso de apelación lleva mucho tiempo, de manera que el condenado a muerte está pasando su tiempo en la cárcel federal de Indiana antes de conocer su condena definitiva. El jurado de Boston tomó su decisión a pesar de que la pena de muerte normalmente no se aplica en Massachusetts, donde ningún convicto ha sido ejecutado desde el año 1947. La pena de muerte fue declarada inconstitucional en el estado en 1984, pero esa prohibición no es aplicable a este caso porque el reo fue juzgado en un tribunal federal. Este chico y su hermano fallecido fueron acusados ​​de haber detonado dos bombas de fabricación casera cerca de la línea de meta del maratón de Boston el 15 de abril de 2013. A consecuencia de ello, fallecieron tres personas (entre ellas, un niño) y más de doscientas sesenta resultaron heridas. La amputación de extremidades fue una medida a tomar en algunas víctimas ya que los asesinos se encargaron de que las explosiones produjeran el mayor daño posible.

Volviendo a la película propiamente dicha, decir que está bien hilada, que genera tensión durante las dos horas y diez minutos de duración. Goza de un ritmo adecuado, y la trama que combina muy bien lo real y lo ficticio, informando de un hecho y distanciándose mucho de lo que supone una noticia de prensa. Mantiene la expectación a pesar de todos los datos que el espectador posee previamente a la proyección sobre este cruel atentado terrorista. El director, Berg, ha hecho gran honor al título de este trabajo, transmitiendo esa idea de patriotismo que solo los Estados Unidos sienten como un gran valor en su día a día. Desde mi personal punto de vista, es envidiable que un país al completo, una ciudad, sienta que lo es, que cada ciudadano, cada persona, crea que forma parte de un todo único e indestructible, más importante que el individuo, más importante que uno mismo. Tienen el espíritu de comunidad y es absolutamente admirable. Me gusta que su cine irradie este sentimiento. Es un valor añadido al Séptimo Arte. Ese patriótico orgullo me fascina.

Sin más que añadir, me limito a calificar “Día de patriotas” con un merecido 7/10. El conjunto lo vale. Por cierto, la fotografía sobre la ciudad de Boston es visiblemente buena.

Muchas gracias por su fiel atención. Un saludo y hasta la próxima.

Gema M.ª Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte 

“Yo crecí en Nueva York, estuve allí durante el ataque a las Torres. En aquella ocasión, igual que en Boston, la gente mostró la mejor versión de sí misma, era gente ayudando a gente. Eso es lo que yo quise reflejar.” (Peter Berg)

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Ciclo Chocolat LXXVII: Una crítica personal “de película”: “A pleno sol” (René Clément, 1960)

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“A pleno sol” no es un estreno de cartelera, como pueden comprobar por el año y por la más que evidente juventud de uno de los actores más atractivos del panorama cinematográfico clásico francés. Esta película está basada en una de las más conocidas obras narrativas de suspense de la famosa novelista tejana Patricia Highsmith. Toda una escritora de tramas policiales, que ya ha hecho que su gran personaje, Tom Ripley, sea el centro de cinco novelas, originalmente traducidas como: “A pleno sol” (1955), “Ripley bajo tierra” (1970), “El juego de Ripley” (1974), “El muchacho que siguió a Ripley” (1980) y “Ripley bajo el agua” (1991). El filme que nos ocupa se basa en la primera de ellas, de ahí su título. Cinco son los actores que, en la gran pantalla, han interpretado a día de hoy a este escurridizo personaje: Alain Delon (“A pleno sol”, 1960), Dennis Hopper (“El amigo americano”, 1977), Matt Damon (“El talento de Mr. Ripley”, 1999) y John Malkovich (“El juego de Ripley”, 2002) y Barry Pepper (“Mr. Ripley el regreso”, 2005).

Añadir que la versión de 1999 fue dirigida por Anthony Minghella y protagonizada por Gwyneth Paltrow, Jude Law, Cate Blanchett y Philip Seymour Hoffman. Dicho trabajo fue nominado a cinco estatuillas doradas. Buena, la verdad sea dicha, pero la que nos ocupa, en mi opinión personal, es aún mejor. Sin embargo, obtuvo una brillante crítica pero ningún reconocimiento añadido.

El actor de ojos de cielo nacido en Sceaux (Francia) hizo un buen trabajo interpretativo y el director de Burdeos (Francia), también hizo una espléndida labor guiándole y obsequiando al espectador esa sensación de tensión en todo momento. Es difícil, imposible, justificar los motivos que llevan al protagonista a hacer lo que hace en la trama pero consigue que, en contados momentos, todos deseemos que no le pillen. Es atroz comentar esto pero tan solo se reduce a lo que un filme de este género transmite al público. Sin duda, resulta merecedor de cualquier castigo que se le imponga, e igual si no fuera Delon, sería más fácil asimilar esa idea. En mi opinión borda su personaje, con una expresión en la cara en determinados momentos, con una mirada mezcla de pánico y de odio, que no pasa desapercibida. Es bueno para hacer de malo. Posee cualidades para ello. El compañero de Mr. Ripley es Philippe Greenleaf, interpretado por el actor de Niza (Francia) Maurice Ronet. Él también hace un buen papel, regalando con su personaje ese toque de confianza e ingenuidad. El triángulo lo completa la damisela, Marge Duval, encarnada por la actriz y cantante francesa Marie Laforêt, la cual debutó en el Séptimo Arte con este trabajo. Ella está en medio de dos amores, muy diferentes ambos pero que la quieren y desean por igual, aunque uno de ellos con mejores artes. Como detalle del filme, comentarles que la actriz Romy Schneider aparece dos segundos en pantalla, interpretando a una de las dos amantes del amigo de Greenleaf, Freddie Miles (Billy Kearns), personaje que no tiene buen término dentro de la trama.

Sin entrar en más profundidades cinematográficas, califico la película “A pleno sol” con un merecidísimo 7,8/10. Muy recomendable para quien se considere fan del género policíaco y de suspense, y de su estupendo reparto, por qué no. Confieso que el cine galo no suele ser mi tipo pero esta vez me ha sorprendido gratamente.

Muchas gracias por su atención. Hasta próximamente…

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte 

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Ciclo Chocolat LXXVI: Una crítica personal “de película”: “La Momia” (Alex Kurtzman, 2017)

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De vuelta a este espacio de cine, con una nueva entrada, con un nuevo estreno en la cartelera. En esta ocasión, centra nuestra atención una película del género de acción y ficción, uno de los más deseados por mi persona.

El director, productor y guionista californiano Alex Kurtzman es un polifacético profesional en el Séptimo Arte, y su nombre está asociado a trabajos como “Misión Imposible III”, “La proposición”, “Transformers: la venganza de los caídos” o “The amazing Spider-Man 2: el poder de Electro”, “La Isla” o “La Leyenda del Zorro”, entre otros títulos.
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En esta ocasión, el estreno con el que se nos obsequia, requiere de un público al que le atraiga una trama entretenida, divertida, sin más. No hay complejidad pero sí buenas escenas con efectos especiales vistosos. Es cierto que la sinopsis es bastante original, mezclándose diferentes temáticas históricas y literarias. No hay que extrañarse de que en un proyecto del Sr. Cruise exista una mezcolanza un tanto arbitraria y puede que absurda. Recuerden que solo él es capaz de protagonizar un filme en el que los pasos de la Semana Santa española arden cual Fallas de Valencia, y en el que los toros corren libremente por calles y plazas sevillanas cual San Fermines de Pamplona. Él y solo él tiene esa licencia, esa libertad para hacer lo que le venga en gana con una trama en la que él suele ser la figura más destacada.

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Está claro que si a alguien no le agrada Tom Cruise en acción, por favor, evite todo contacto con “La Momia” (2017). He leído ciertos comentarios en los que se tacha de machista a este hombre por aparecer con mujeres a las que dobla la edad. Francamente, creo que él no ha firmado un contrato en el que ponga como condición que sus compañeras de reparto posean un límite de edad cronológica. Creo más bien que el caché tiene un precio a la hora de pagar sueldos y con la imagen de Cruise y de Crowe era suficiente en esta cinta. No da para más. Las dos actrices, tanto Sofia Boutella (Princesa Ahmanet y la momia) como Annabelle Wallis (Jenny Halsey), de seguro, han estado encantadas de formar parte de este reparto y codearse con dos actores que llevan unos cuantos añitos de “rodaje” sobre sus espaldas. Para ellas ha sido una oportunidad, sin duda. Muchos son los actores que han compartido cartel con mujeres más jóvenes y no se les ha criticado tanto, empezando por aquellos que dieron vida al agente 007 con licencia para matar. Si rememoran, la lista de ellos es larga. Suma y sigue. Es verdad, perdónenme, a mí Tom Cruise me ha gustado como profesional y como hombre de siempre, aunque soy muy consciente de la etiqueta de “mal actor” que lleva colgada al cuello para muchos desde 1981. Qué le vamos a hacer. Respetable cualquier opinión al respecto, incluso la mía. 

Volviendo a la película que nos ocupa: “La Momia”, de 2017, diré que el director ha dado un toque creativo, saliéndose de los cánones de una temática que ya se aprovechó demasiado bien en la película homónima de 1999, dirigida por Stephen Sommers y protagonizada por Brendan Fraser y Rachel Weisz. La actual versión nada tiene que ver con la mencionada. Hubo dos. Esta vez, se piensa en una trilogía sarcofágica. Cruise y las sagas. No resulta nada de extrañar tampoco.

La trama ofrece al espectador algún “sustillo” leve que otro, situaciones totalmente fantasiosas (rozando lo cómico) y como valor añadido a tener muy en cuenta, la destrucción del mal y la defensa de nuestros semejantes, seres humanos, con ciertos sacrificios, grandes sacrificios, si la situación así lo requiere. En un mundo caótico como el que estamos creando fuera de la gran pantalla, se agradece que se transmita al espectador una idea de verdadera bondad y de auxilio al prójimo. Nos conviene.

Como anécdota, y para poner broche final a esta entrada, decirles que en la fila de atrás, en la sala, una mujer ha comentado “pues no ha estado mal”. No sé por qué la filmografía de Tom Cruise tiene bastante mala reputación. Me alegro, por otra parte, de que, aun cuando las críticas y los comentarios, muchas veces, no sean los deseables, la gente se arriesgue a pasarse por la taquilla. La realidad, le pese a quien le pese, es que este señor estadounidense, Thomas Cruise Mapother IV, al que se le intenta anteponer su vida personal a su profesión, llena salas. Gusta, y sus ganancias son cuantiosas. No veo nada de malo.

Sin más argumentos, comunicarles que califico “La Momia” (2017) con un merecido 6,25/10, y también con la esperanza de ir a ver la segunda parte cuando sea menester. No hay nada como sentir esa emoción, en una hora y tres cuartos, de evasión cinematográfica, para reafirmarse en la idea de que “la vida es bella”, a pesar de todo.

Muchísimas gracias por su atención y lealtad, y por sus like, si los hubiere.

Gema M.ª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXV: Una crítica personal “de película”: “Piratas del Caribe: La venganza de Salazar” (Joachim Rønning y Espen Sandberg, 2017)

¡Quinta entrega de la saga del capitán más locuelo y salao que surca los mares en busca de nuevas aventuras en la gran pantalla! De seguro, habrá material de sobra para otras tantas películas más y por qué no. El personaje es fuente inagotable de historias, unas más divertidas y otras menos pero siempre con ese toque de alegría, frescura y vitalidad que nos ofrece la piratería. Los personajes han ido evolucionando, se han hecho mayores, pero apenas se nota; Sparrow (Depp), Elizabeth (Knightley) y Will (Bloom) presentan un físico espectacularmente conservado, diría que milagroso, pero haremos la vista gorda al detalle por aquello de la “ficción”.

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Capitán Jack Sparrow y Carina Smyth

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Capitán Salazar

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Carina Smyth y Henry Turner

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Cuatro personajes masculinos principales: Jack Sparrow, Barbossa, Henry y Salazar

El trabajo que nos ocupa recupera personajes como el Capitán Barbossa e incluye otros nuevos como: el malvado, Salazar (Bardem); la chica, Carina (Scodelario); y la bruja Haifaa (Farahani).

Cabría esperar que habiendo hecho ya cinco películas con el mismo hilo argumental, resulte ya cansado o aburrido seguir a estas alturas la saga, y tiene mérito que no sea así. Me considero fan, y como tal, he disfrutado de las cinco sin excepción. Para mi gusto, y si me lo permiten, voy a plasmar mi orden personal de preferencia, desde la que más me ha atraído, a la que menos:

1. “Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra” (2003)

2. “Piratas del Caribe: La venganza de Salazar” (2017) 

3. “Piratas del Caribe: En mareas misteriosas” (2011)

4. “Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto” (2006)

5. “Piratas del Caribe: En el fin del mundo” (2007) 

En esta entrega de dos horas y nueve minutos de duración, el espectador va a toparse con la acción acostumbrada… con unos efectos especiales que no pueden faltar, y de estupenda calidad… con diversión y toques cómicos… con el estilo inconfundible de los personajes fijos… y con nuevos… con una trama fantasiosa y con gancho… y con el tiempo exacto de duración, ni más ni menos… El conjunto al completo merece la pena. Ha habido esmero en este trabajo y el resultado es muy vistoso, apto para todas las edades, sin duda. La gran novedad en esta entrega es la dirección. Joachim Rønning y Espen Sandberg, ambos noruegos, suelen trabajar en equipo, y poseen una filmografía nada extensa pero en esta ocasión demuestran que saben lo que se hacen. Se mueven cual piratas en el mar 😉

La calificación que me parece justa para valorar este filme del género de aventuras de manera numérica es la siguiente: un 6,9/10. La recomiendo aunque el éxito en taquilla es incuestionable, y me alegro por ello.

Muchísimas gracias por su atención, y hasta próximamente.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXIV: Una crítica personal “de película”: “Una cuestión de tiempo” (Richard Curtis, 2013)

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Vuelvo a la vida de este blog de cine para comentar esta película, titulada en España “Una cuestión de tiempo”. No es un estreno de cartelera y hace ya cuatro añitos que pasó por la gran pantalla, sin embargo, yo tuve la magnífica oportunidad de verla anoche. Con sinceridad, no esperaba nada de este trabajo. No había escuchado hablar de ella pero, de alguna manera, el reparto, el nombre de Rachel McAdams y el de Bill Nighy me llamó la atención y despertó mi curiosidad. ¡Menos mal!

Me adentré en su trama: un cuarto de ficción y tres cuartos de realidad. Me empapé de las emociones que expresaba cada personaje. Me dejé llevar por esa esencia de tradición que hoy en día solo cautiva a una parte de la población: la de formar una familia, la de amar de verdad y comprometerse con el presente y con el futuro… y me dejé sorprender con las maneras, con ver un matrimonio funcionar en el que ambos cónyuges tiran del carro del día a día al 50%. La parte de realidad tiene sus más y sus menos como es lógico y la parte ficticia, trae a la trama esa moraleja final, tan certera: la vida es lo que es y no te libras de ciertas desgracias ni con poderes sobrenaturales.

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Todo el reparto goza de cualidades interpretativas. Irradian una naturalidad y unas ganas de vivir que se contagian al espectador. Nos topamos cara a cara con un juego existencialista. Vemos varios caracteres de personas que enamoran, que captan la atención sin posibilidad de querer evitarlo. Es sorprendente cómo una película del siglo XXI que recoge la vida de un joven que empieza a levantar el vuelo a los veintiún años y que va por la vida con un propósito fijado de encontrar novia, termina encontrando sin demasiado esfuerzo a esa mujer sobre la que no queda ni un resquicio de duda y con la que es inmensamente feliz y resolutivo.

Sin duda, este filme rezuma esa inspiradora fragancia británica, a la par de buenos títulos del género como son: “Notting Hill”, “Cuatro bodas y un funeral” o “El diario de Bridget Jones”. Por supuesto, el denominador común es Richard Curtis, el director y guionista de todos ellos. En este caso que nos ocupa, la actriz protagonista es canadiense pero no se nota. Resulta perfectamente adaptable. Ella, Rachel McAdams (38 años), ha demostrado ya con creces lo que vale en su profesión. Lleva casi tres decenas de trabajos sobre su persona y fue nominada a la estatuilla dorada en la categoría de mejor actriz de reparto por su intervención en el drama estadounidense “Spotlight” (Tom McCarthy, 2015). Supimos que con “El diario de Noah” su trayectoria tendría una tendencia más evidente hacia el género romántico pero ha tocado otros géneros sin problema alguno. Su belleza y su dulzura traspasan la pantalla.

Por otra parte, el protagonista masculino e indiscutible de “Una cuestión de tiempo” es el actor irlandés Domhnall Gleeson, como saben hijo de Brendan Gleeson, espléndido actor que ha intervenido en más de setenta títulos, entre ellos: “El sastre de Panamá”, “Harry Potter”, “Cold Mountain”, “El bosque”, “Pacto de silencio”, “Al filo del mañana”, “Troya”, “La gran seducción”, entre tantos otros. El hijo, de cabellos pelirrojos por herencia familiar, ha seguido la estela de su padre otorgando su presencia en películas como: “Harry Potter y las reliquias de la muerte I y II”, “Anna Karenina”, “El renacido”, “Ex Machina”, “Invencible”, entre otros, y volverá a aparecer en “Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi”, en el mes de diciembre de este año, cuando tendrá lugar su estreno. El chico, de 33 años, apunta a maneras en el mundo de la interpretación.

La nota de veteranía y de tablas en el buen hacer interpretativo la pone en esta cinta el actor inglés Bill Nighy, quien encarna a ese padrazo inteligente, culto, fuerte, sabio y con un enorme corazón, que ama a su hijo y que se siente orgulloso hasta la médula de él. Sin duda, la relación entre los dos hombretones es entrañable y deliciosa. Envidiable. En el personaje de Nighy se concentra la esencia de la película, la moraleja existencial. Él supone la realidad y la fantasía del paso por la vida. Él da forma al optimismo.

Sin más reclamo, evalúo este sorprendente trabajo con un merecidísimo 7’5/10. Valoro enormemente una película en la que los valores se toman como un algo natural y prioritario. La tradición se tiene en cuenta sin agobios ni críticas. Todos saben vivir plenamente haciendo lo que creen que deben hacer y no solo lo que quieren y se les ve auténticamente felices. Filme adorable en todos los sentidos. Recomendable.

1753949Banda Sonora “Una cuestión de tiempo”

(Compuesta por Nick Laird-Clowes)

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Ciclo Chocolat LXXIII: Una crítica personal “de película”: “La Bella y la Bestia” (Bill Condon, 2017)

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Llega una nueva entrada a este humilde blog de cine. En esta ocasión, toca analizar pormenorizadamente una película de animación de la casa Disney que lleva por título “La Bella y la Bestia” y que va dirigida, más si cabe, a todos los públicos.

“La Bella y la Bestia” (La Belle et la Bête, en francés) es un cuento tradicional de origen franco. Se trata de una narración de la que hay diversas variantes. La primera versión publicada fue obra de la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, en el año 1740, aunque otras fuentes atribuyen a Gianfrancesco Straparola la recreación de la historia original, en el año 1550. La versión escrita más conocida fue una revisión muy abreviada de la obra original de Villeneuve, publicada en el año 1756, por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont. La primera traducción se hizo a la lengua anglosajona. Por lo visto, parece ser que la versión de Beaumont es la que posee mayor reconocimiento, y es en esta en la que están basadas la mayoría de las adaptaciones cinematográficas posteriores (filmes y series). En la versión presente, de 2017, el guión se ha basado en dos obras: en “La Bella y la Bestia” de Linda Woolverton y en “La Bella y la Bestia” de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, y combinándolas, se ha materializado lo mejor de ambas.

La película en cuestión guarda gran semejanza con la versión en dibujos animados que también la Disney estrené en 1991 pero ahonda más en ciertos detalles relacionados con el personaje de Bella además de incorporar un repertorio musical más amplio. Por otra parte, es preciso destacar que el despliegue de efectos especiales denota la modernidad del siglo XXI en el 7º Arte. Se agradece. El espectador asiste a todo un espectáculo de belleza.

El filme conserva los valores del cuento tradicional y además incorpora el tema multiracial y el de la homosexualidad; así, el director y guionista Bill Condon, y los otros guionistas, Stephen Chbosky (“Las ventajas de ser un marginado”) y Evan Spiliotopoulos, ofrecen a la trama el toque de actualización y de adaptación a las realidades del presente en la sociedad.

Al despliegue de efectos especiales mencionado, se suma el magnífico reparto de actores y actrices: Emma Watson (Bella), Dan Stevens (Bestia/Príncipe), Luke Evans (Gastón), Kevin Kline (Maurice, padre de Bella), Josh Gad (Lefou), Emma Thompson (Sra. Potts), Ewan McGregor (Lumiere), Ian McKellen (Din Don), Gugu Mbatha-Raw (Babette) y Stanley Tucci (Cadenza), entre otros. Algunos de ellos tan caracterizados que resultaban irreconocibles pero merece la pena esperar en la sala de cine a que terminen los créditos finales para comprobar la excelente lista de intérpretes que aparecen. El elenco es de auténtico lujo. Sin duda, esta realidad supone un plus a todo el trabajo que se ha llevado a cabo detrás de las cámaras, que resulta visible y más que evidente. Toda una exigente labor de ilustración, diseño gráfico y factor humano hacen de “La Bella y la Bestia” una tremenda obra séptimo artística y no queda más que felicitar al director neoyorquino Bill Condon por haber dejado atrás la saga Crepúsculo y convencernos de que es un minucioso profesional, con la sensibilidad necesaria para que el resultado de su proyecto tenga la calidad que, inevitablemente, atrae y enamora.

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No tengo nada malo que decir y sí podría seguir alabando la cinta como si no hubiera un mañana, aunque prefiero recomendarles que vayan al cine a disfrutarla pues no les va a desilusionar, más al contrario. Quizás este trabajo sea el responsable de que los cuentos vuelvan a alardear del buen concepto y del indiscutible uso lector y transmisor de tantos y tantos valores, que influyeron en las infancias de tantas y tantas personas, y para bien.

Sin más dilación, califico “La Bella y la Bestia” (2017) con un aplaudido y goloso 9,2/10. Lo bueno hay que valorarlo positivamente por muy tradicional que pueda ser y por mucho repelús que cause la tradición a ciertos individuos. La belleza está en el interior… en el interior de un libro, de cualquiera, en esa remota página, en el interior de un corazón humano, de un alma, de cualquier ser querido o ser extraño por conocer, en el respeto mutuo, en la tolerancia, en la auténtica libertad, en la cultura, en la historia, en nuestras historias personales… La belleza existe; solo hay que dedicar un instante para contemplarla de cerca y evidenciarla.

Muchas gracias por su acostumbrada atención. Hasta más leer 😉

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXII: Una crítica personal “de película”: “Fences” (Denzel Washington, 2016)

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De vuelta. Una entrada más para este humilde y personal blog de cine. Esta vez, la atención se desvía hacia un drama, y no un drama cualquiera. Uno nominado a cuatro estatuillas doradas: a mejor actor (Denzel Washington), a mejor actriz de reparto (Viola Davis), a mejor película y a mejor guión adaptado (August Wilson, fallecido en 2005).

Este trabajo es una adaptación de la obra escrita por August Wilson en el año 1983, la cual ganó el premio Tony y el Pulitzer. Este señor era de color porque su madre era afroamericana y siempre expresó cierta sensibilidad ante la situación real que habían padecido los negros durante mucho tiempo. Él sacaba a relucir las connotaciones negativas o despectivas que la propia definición de “negro” posee, y por ende, lo que esto afectaba a una persona con esa tonalidad de piel. Él se mantenía firme y se dirigía a los blancos de la siguiente manera: “Mira mi color. No me avergüenzo de quién soy y de qué soy”.

La pareja protagonista, Washington/Davis, que interpretan a Troy y a Rose respectivamente, ya lo hacen en esta ocasión por segunda vez, pues interpretaron los mismos papeles en 2010, en Broadway. Ambos fueron galardonados con el Premio Tony.

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La trama sucede en el año 1950 y se centra en el entorno y en la propia figura de una antigua estrella del béisbol americano que, por ciertos motivos, se ve obligado a ganarse el pan siendo basurero.

Tanto el actor Denzel Washington como la actriz Viola Davis (que llora de fábula, por cierto) ya se llevaron su Globo de Oro por su magnífica interpretación en este dramático y teatral trabajo.

“Fences” (que significa cercas o vallas, cobrando todo su sentido en el filme) es una buena película, dirigida por su protagonista, Denzel Washington, quien ya va por su tercer trabajo en dirección, tras “Antwone Fisher” (2002) y “The Great Debaters” (2007). Lo ha hecho bien, sin duda. Ha logrado que el espectador respire un clima de implicación. Ha conseguido que el espectador sienta dolor, rabia, enojo, impotencia, cierta comprensión… que empatice con todos y cada uno de los personajes, y todo ello con ese toque de puro teatro, con reuniones, diálogos y monólogos que, en algunos momentos, agotan pero que se perdonan de mil amores, aunque la duración se exceda unos cuantos minutos.

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La película encierra todo un drama familiar, que lejos de aburrir, nos abre los ojos ante otro momento de la historia en el que las cosas eran bastante diferentes a la actualidad: los roles de hombres y mujeres, la repercusión de la raza en el día a día, el sentimiento de racismo marcado en piel y mente, la frustración de no haber alcanzado ciertos sueños, el conformismo frustrado propio transmitido de mil formas a los descendientes, el valor de la amistad, las dificultades en el matrimonio, la ayuda hacia familiares necesitados en algún aspecto… y en el fondo de todo esto está, como esencia, la importancia de los padres, cómo ellos pueden hacer que un hijo progrese o que se meta continuamente en problemas, cómo las acciones e inacciones de un padre, su atención o inatención, su afecto, sus ausencias e incluso su carga hereditaria va a condicionar la existencia de sus retoños para siempre. En este trabajo vemos cómo padre y madre se hacen necesarios para que si uno falla de alguna manera por lo que sea, compense el otro en la ardua tarea de la crianza y educación, para guiar por el mejor camino posible a esos nuevos seres que se traen al mundo. Por otra parte, el tema “muerte” queda patente en toda la trama. El protagonista la tiene en cuenta en varios momentos. La intuición y el temor de que en cualquier momento la parca vendrá a buscarle, quizás por los pecados cometidos, se muestran sin sutilezas. Siempre llegará la hora… el cuándo es incierto. 

Sin más enredo por mi parte, califico esta película con un merecido 8,2/10. Sobran los motivos. Solo espero que tenga el reconocimiento que merece en la Gala de los Oscar de esta noche 😉

La recomiendo sin ningún atisbo de duda. Creo que la sociedad precisa de películas reflexivas, que conciencien de la psicología humana, de los factores que influyen, de la importancia de ser personas, de tratar bien, de asumir responsabilidades y de encontrar el camino de la felicidad sin pisar, ni dañar, ni perjudicar a nadie mientras seguimos su senda.

Muchas gracias por su atención y seguimiento. Hasta más ver.

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXI: Una crítica personal “de película”: “Cincuenta sombras más oscuras” (James Foley, 2017)

Piel, ardor y sentimiento

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Vuelvo a la carga de este humilde blog a plasmar mis personales e intransferibles opiniones sobre algunos de los estrenos en la gran pantalla española. En esta ocasión, contamos con una segunda parte de la adaptación de las novelas de E. L. James… sin duda, el título nos alerta de algo un poco más negro que en la primera parte. Realmente seguimos en la misma línea de amor y sexo, prácticamente toda la trama centrada en los dos tórtolos. Cierto es que al morbo de la intensa vida erótica que viven, se suma la tradición, esas costumbres caballerosas que están en decadencia como la idea de casamiento, y por supuesto, la pedida previa con anillo con pedrusco de por medio. El simple hecho de invitarla a compartir su “pisazo”, regalar a Anastasia un manojo de llaves, a la mujer de su vida, no habría quedado lo romántico que debiera en ese Christian Grey que nos tiene absolutamente encandiladas. Modernidad y tradición. Ahí está la clave.

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La pareja protagonista parece forjada a hierro candente; qué sería ya de una tercera parte sin ambos: Anastasia Steele y Christian Grey, Dakota Johnson y Jamie Dornan. Su interpretación es simple pero ya imprescindible. Quizás han quedado encasillados en el mundo del 7º Arte. Un comienzo tan sonado popularmente hablando y a la vez tan poco valorado por la crítica… no sé, quizás augure un futuro tan falto de luz y brillo para ellos en el ámbito profesional como esas cincuenta sombras actualmente más oscuras. Quién sabe. Este mundillo es peculiar e impredecible.

Verdad es que, desde la perspectiva de una fémina, él, el Sr. Grey irradia algo imponente. Se han cuidado sus maneras, su vestir, sus costumbres tradicionales y románticas… qué sería de Christian Grey sin el nivel adquisitivo que se le adjudica. Qué sería de él si solo luciera palmito de gimnasio pero ni una camisa de esas perfectamente almidonada, sin una corbata perfectamente combinada con lo demás… qué sería de él sin un helicóptero indestructible, sin una sexta casa en Nueva York, sin una aerolínea que comprar como quien compra un helado de vainilla… qué sería del atractivo personaje que deja sin aliento…

Destaco como curioso el detalle de que una pequeñísima parte del guión de Dakota es exactamente el mismo que utilizara su madre, la actriz Melanie Griffith, en “Armas de mujer” (Mike Nichols, 1989), en una escena del filme bastante similar en contexto. De seguro, no es casualidad ni azar.

Resumiendo, la película es muy pobre, al igual que lo fue la primera, sin embargo, entiendo que mueva a la gente hacia las salas. No se pasa un mal rato. No hay calidad pero hay reclamo. No nos ocupa un peliculón, está claro, pero despierta la curiosidad y nos presenta un mundo distante, inalcanzable, muy diferente a la mayor parte de las realidades cotidianas… y todo es tentador, MUY tentador.

Para la próxima entrega, tendremos venganzas por lo que se vislumbra. El papel de Kim Basinger es mínimo pero parece fundamental en la explicación de por qué Christian Grey es como es. La rubia mujer parece un hinchable de cara y los ojos no le han quedado nada bien. Su piel se ve excesivamente estirada. Es una pena que la protagonista de “Nueve semanas y media” haya pasado por cirugía para este resultado. La madre de Christian aparece en esta entrega, siendo interpretada por la estupenda actriz Marcia Gay Harden. Desde luego, ambas son dos actrices que dan caché al filme, aunque no habría hecho falta. Casi no hay espacio en los 115 minutos para más que no sea la pareja protagonista y su desbordada pasión.

En cuanto a la banda sonora, buena, como no podía ser de otra manera con la batuta de Danny Elfman (“El indomable Will Hunting”, “Eduardo Manostijeras”, “Hulk”, “Family man”…). Por otra parte, los temas incluidos son de lo más destacado de este trabajo. Publico la lista de ellos a continuación: 451375

Sin más embrollo, concluyo esta entrada con la calificación que otorgo a este trabajo de Foley, y es la siguiente: 4,5/10.

Muchas gracias por su atención. Nos veremos en próximas publicaciones.

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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