Ciclo Chocolat XCV: Una crítica personal de película: “The Equalizer 2” (Antoine Fuqua, 2018)

¡Muy buenas! Vuelvo a la carga con una nueva película que en estos momentos está en cartelera. Vuelvo al género de acción, en esta ocasión, de la mano del impecable actor neoyorquino Denzel Washington. Vuelvo también a una segunda parte de una secuela, en la cual el personaje principal Robert McCall pone un poquito más de orden y justicia en este mundo de podredumbre y malicia. Les diré que he salido de la sala del cine entusiasmada y plena. Como tantas otras veces he comentado, soy irremediable fan de este género que hoy nos ocupa, pero es que también lo soy del Sr. Washington y de los proyectos que escoge. Le van como anillo al dedo, sin duda. A una trama de inagotable acción se suman unos tiempos precisos, una calma embriagadora, una paciencia extrema y unas acciones dignas de alguna mención honorífica humanitaria.

Sí, damas y caballeros, hay violencia, y hay sangre, pero bien dosificada y oportuna, sin excesos ni extralimitaciones, casi, casi, en defensa propia y de aquellos individuos que no hicieron mal a nadie. El personaje de Denzel Washington encierra las virtudes del mejor de los superhéroes, sin capa ni atuendo especial. Un hombre solitario, que perdió lo que más quería y que dedica su tiempo a leer, a llevar gente de un lugar a otro en su vehículo y a hacer que paguen los pecadores cuando ya han pagado, lamentablemente y sin motivo, los justos, a proteger a los inocentes y a contribuir a que algunos inocentes no tuerzan sus vidas y terminen convirtiéndose en malas personas.

Es muy complicado ver la película y no terminar seducida por el actor protagonista y a los pies de su gran personaje. Es atento, es comprometido, es cortés, es valiente, es ordenado y organizado, es culto, es reservado, es paciente, es resolutivo, es leal… y en definitiva, a pesar de sus maneras destructivas letales, posee un corazón que no le cabe en el pecho. En resumidas cuentas, el Sr. Washington encarna a un personaje irresistible que rebosa humanidad por los cuatro costados. Uno de los rasgos identificativos de las tramas, tanto de la primera como de la segunda parte, es el ritmo de lo que acontece. Tiende a ser lento pero es tal la tensión de fondo que el aburrimiento no tiene lugar. Alabo que en la imaginación de alguien, ya sea de los creadores originales de la famosa serie de los 80 “El justiciero”, Michael Sloan y Richard Lindheim, como del guionista de esta película, Richard Wenk, exista un hombre tan perfecto de espíritu. Cualquier mujer querría tener a un XY así cerca, ¿o no?

El director de Pittsburgh (Pensilvania, USA), Antoine Fuqua (1966), responsable de títulos como “Redención”, “Los siete magníficos”, “Lágrimas del sol”, “Training Day”, “El Rey Arturo”, “Shooter: el tirador”, “Los amos de Brooklyn”, etc. ha realizado un estupendo trabajo en “The Equalizer 2” y se ha asegurado de que así lo sea con su inmejorable elección de protagonista, elegante, con clase y cuidadoso en sus formas. A mí me ha gustado bastante más esta segunda parte que la primera. Creo que es más completa, más rica en contenido y da más información sobre el personaje principal en cuestión. Las escenas están muy bien creadas pareciendo que no son banales fantasmadas sino maña y perfeccionamiento del arte de matar sabiendo lo que se hace.

Sin más espera, les diré que califico este trabajo de acción y cierto suspense con un merecidísimo 8,5/10. Maravillosa labor cinematográfica en su conjunto. Me siento altamente satisfecha.

Gracias. Cordiales saludos y hasta próximas visitas a una sala de cine…

GMGdB – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat XCIV: Una crítica personal de película: “Mamma mia! Una y otra vez” (Ol Parker, 2018)

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¡Muy buenas, adorados y leales lectores de cine! Regreso con un nuevo estreno, con una nueva entrada, al menos vistosa de color y rostros felices. En esta ocasión, les muestro una segunda parte de una historia ficticia que quizás no precisaba de ningún extra más. Reconozco que “Mamma mia! (la película)” me agradó. Pasé un buen rato en la sala de cine. Canté mentalmente, bailé comedidamente en mi butaca y disfruté de un reparto que me atraía mucho, para qué negarlo. Pensé que era una trama muy original y que las canciones de Abba volvían para formar parte de escenas y situaciones con las que estaban muy en sintonía. Me pareció un trabajo muy creativo y atractivo.  maxresdefault

Confieso que en esta segunda parte, mi sensación no ha sido la misma. Quizás ya no contaba con ese factor sorpresa, con la novedad. No me malinterpreten. Disfruté, para nada me aburrí pero había algún detalle por ahí que me daba inmensa pena. El reparto creció, incorporándose a él nóveles rostros, y además, se lució un par que no pasaba inadvertido en absoluto: Andy García, que está adorable y natural, y Cher, que estaba simpática pero no tan natural. Parecía una adolescente, la nieta de todos, pero con cierta incapacidad de movimientos corporales y faciales.

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La ambientación, las coreografías, los temas, todo ello resulta encantador, aunque no sé por qué, la trama en sí, resulta mucho menos inverosímil que la primera. Es como si existiera un lucimiento de la historia en su conjunto pero también una excesiva ficción, casualidad, azar. No convence como la primera. No llega al público como la primera, o esa es mi percepción. Por otra parte, creo que los jóvenes actores elegidos para mostrar los tiempos mozos de los protagonistas han sido muy acertados. Existe similitud sin presentación previa. El casting no ha estado nada mal, y ciertamente, es una tarea difícil. Tiene su mérito. Lily James está fantástica. Sin Brosnan, Firth y Skarsgård, y Amanda Seyfried, por supuesto, nada habría sido lo mismo, y se agradece ver a los cuatro de nuevo, otra vez al frente de toda esta alocada historia griega. Una y otra vez…

Confieso que tanto en la primera como en la segunda hay un momento que me supera, en ambos momentos se me saltaron las lágrimas. Fue superior a mí. En la primera y segunda parte ha ocurrido así que o una servidora está muy susceptible o realmente algo de todo el conjunto toca la fibra sensible. No niego el poder emocional de este trabajo. La música es un arte magnífico de sensibilidad y transmisión de cualquier emoción o de todas a la vez. En este género de cine es un plus añadido. Cada escena está perfectamente respaldada por un tema de Abba. No puedo ni quiero criticar el talento de quienes hicieron sentir y bailar a décadas de generaciones. Aquel cuarteto sueco nos regaló espléndidas letras. Cada cual era oportuna para una situación de vida, tal y como ocurre en este filme. Como pequeña observación diré que dada la realidad de la trama, no sé si la permanencia de Meryl Streep en esta película es lo mejor que podía ocurrir… pienso que algunas veces es mejor prescindir que insistir teniendo en cuenta los cambios en el guion. Se agradece su presencia siempre, pero esta vez, a mí personalmente, su presencia me ha incomodado y entristecido, y no era necesario desde mi punto de vista. Entiendo que esta gran actriz quisiera continuar pero… bueno, ahí lo dejo.

Sin más, califico este trabajo del escritor y director de cine inglés Ol Parker (“Ahora y siempre”, “Rosas rojas”) con un 6/10. Creo que ha conllevado, tras las cámaras, un laborioso trabajo de organización y creatividad que merece todo mi reconocimiento. No ha sido lo que fue pero aún así, lo valoro positivamente.

Disfruten en casa de algunos temas de la banda sonora original.

Muchísimas gracias por su atención y lectura. Hasta próximos estrenos…

GMGdB – De la mano del Séptimo Arte

Lily James – “Andante, andante”

Lily James – Jessica Keenan Wynn – Alexa Davies – Celia Imrie – “When I kissed the teacher”

 Jeremy Irvine – Lily James – Pierce Brosnan – Amanda Seyfried – “Knowing me, knowing you”

Colin Firth – Stellan Skarsgård – Amanda Seyfried – Christine Baranski – Julie Walters – Pierce Brosnan – “Dancing Queen”

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Ciclo Chocolat XCIII: Una crítica personal de película: “Misión Imposible: Fallout” (Christopher McQuarrie, 2018)

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¡De vuelta con un nuevo estreno! Ni se imagina cómo echaba de menos una película así una fan irremediable del género de acción, y por qué no, confesarles, como tantas otras veces que lo soy, también sin poderlo evitar, del actor Tom Cruise. Llevo siguiendo su trabajo desde que era una niña y los trabajos, que por edad no pude ver en su momento, los vi siendo más mayorcita. No me he perdido ni uno solo. Sé que mucha gente tiene manía a este hombre y rechaza de pleno su filmografía. Lo siento por ellos. No es mi caso. Él es admirable, y los trabajos que escoge, también, por qué no decirlo, aun sabiendo que contradigo a unos cuantos críticos muy sibaritas que infravaloran constantemente el cine comercial, yéndose a trabajos muy de autor, que solo creen entender ellos y el director de los mismos. Supongo que así su ego se crece. El mío se crece viendo a Tom Cruise en acción. Es único. Inimitable. Su personaje de Ethan Hunt marcó un antes y un después en su carrera. Para quienes creen que las sagas no funcionan, que las segundas partes nunca fueron buenas… ¡abajo el mito! Vamos, en este caso, por la sexta entrega de “Misión Imposible” y puedo afirmar que los milagros y la perfección existen. Me es indiferente la vida personal e íntima del Sr. Cruise. Solo me importa lo que hace en la gran pantalla y su talento me resulta innegable. Él ha creado a Ethan Hunt e Ethan Hunt le ha perfeccionado a él de una manera inimaginable. Ese personaje que salva al mundo de la destrucción pero que antes protege y defiende a quienes le son leales y a los que quiere. Este gran personaje transmite unos valores reales que muchos espectadores apreciamos sobremanera y, para los que, mal que me pese, el mundo actual no está preparado. El siglo XXI forja personas encauzadas al éxito, a destacar, a competir, a verse por encima de cualquiera, a pisar si es necesario. El compromiso, el sacrificio, la lealtad, la cortesía, la humanidad, la humildad… ¿dónde quedan? Ethan Hunt, este nombre y este apellido, engloban todo eso: el ser una buena persona de los pies a la cabeza en cualquier circunstancia. Su naturaleza humana le hace cometer errores y así lo manifiesta en esta película. No se trata de mostrarnos a un hombre perfecto a base de “fantasmadas”. Se trata de mostrarnos a un profesional completo en todos los sentidos, cuyas proezas, exageradas, siempre quedan muy bien y son sello de identidad de toda la saga. La toma de decisiones bajo presión extrema también es el fuerte de Hunt… y qué maravilla, qué virtud tan brillante y atractiva. Adorable en conjunto la personalidad de este agente del MI6. Chapó!

¿De qué va esta sexta película de Hunt? Una nueva misión contrarreloj relacionada con bombas nucleares ocupa la mente del agente y de su eficiente equipo. En esta ocasión, vemos al protagonista Tom Cruise y a su equipo del FMI, compuesto por Alec Baldwin (Alan), Simon Pegg (Benjamin) y Ving Rhames (Luther), con algunos aliados ya conocidos como Rebecca Ferguson (Ilsa, de la quinta entrega) y Michelle Monaghan (Julia, de la tercera), en una lucha bajo presión tras una misión fallida. A todos ellos, se une el malvado, que es el actor Sean Harris (Salomon Lane), el agente de la CIA encarnado por Henry Cavill (August Walker) y la responsable en la CIA, interpretada por Angela Basset (Erica Sloan). Maravilloso reparto, extenso y oportuno, aunque pienso que el Sr. Cavill no es convincente en el personaje escogido. En el bando contrario hubiera resultado mucho mejor teniendo en cuenta algún personaje interpretado anteriormente por su persona, y ahí lo dejo. Por otra parte, está claro que llena pantalla y camisa. Precioso de ver, la verdad.

El director, quien también es guionista y productor, Christopher McQuarrie, estadounidense de nacimiento, también dirigió la entrega anterior “Misión imposible: Nación Secreta” (2015) y “Jack Reacher” (2012), con Tom Cruise de protagonista. McQuarrie ganó el premio Óscar al mejor guion original por “Sospechosos habituales” (1995) y obtuvo un gran éxito con el guion de ‘The Tourist’ (2010), que recaudó 278 millones de dólares. Este profesional del cine ha realizado con esta sexta entrega de “Misión Imposible” un magnífico trabajo de acción, digno de reconocimiento. Se lo ha currado, como se suele decir. ¡Felicidades!

La película se rodó, por lo visto, en París, Londres, India, Nueva Zelanda y Noruega, por lo que los escenarios son tan variados como cabía esperar. Resulta enriquecedor y agradable ver diferentes puntos del mundo, con cambios chocantes de paisaje dependiendo de la escena a mostrar en cuestión.

La banda sonora, esta vez, ha corrido a cuenta del compositor escocés de mediana edad Lorne Balfe, el cual ha respetado el sonido original, que echaríamos de menos si lo eliminaran pues la marca de la casa de “Misión imposible”. Como saben, el auténtico y original creador de esta banda sonora fue el compositor de Buenos Aires Lalo Schifrin, el cual realizó un magnífico trabajo para la música de cabecera de la famosa serie de televisión estadounidense que se emitió por vez primera entre los años 1966 y 1973. La esencia musical no se ha perdido a lo largo de las décadas, como podrán comprobar cuando vayan a ver este “peliculón” que me ocupa (si no han ido ya).

La sexta de “Misión Imposible” es una película con una trama interesante y trepidante, con momentos de tensión extrema, ciertos instantes cómicos, un guión cuidado y una sucesión de acontecimientos bien hilados. Los efectos especiales y de sonido llevan a otra dimensión, implicando al espectador de lleno en la pantalla y en la acción. Les diré que terminé, como espectadora, agotada pero feliz. La sensación que dejan los 147 minutos que dura esta cinta es muy, muy gratificante.

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Para cerrar esta crítica de una manera positiva y sincera, les diré que mi calificación de este trabajo cinematográfico es de un merecidísimo 8’5/10. Se lo recomiendo a quien le entusiasme el cine de acción, a quien adore a Tom Cruise o a cualquiera de los actores y actrices que tenemos el placer de contemplar, a quien sea fan de la saga, a quienes les gusten las motos y el riesgo extremo, a quien desee liberar adrenalina desde la butaca… en definitiva, se la recomiendo a cualquier cinéfilo. Espero, con el corazón, que llene las salas de cine que merece en todo el mundo. El esfuerzo y el trabajo bien hecho debe ser recompensado siempre.

Muchísimas gracias por su atención y leal lectura. Hasta próximamente…

GMGdB – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat XCII: Una crítica personal de película: “Tully” (Jason Reitman, 2018)

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Después de demasiado tiempo, regreso con una nueva crítica personal de película. En esta ocasión, sorprendo y me sorprendo con un trabajo recién estrenado en las salas de cine españolas: “Tully” (Jason Reitman, 2018). El Sr. Reitman (1977) es un cineasta y actor canadiense, nominado a la estatuilla dorada dos veces en la categoría de “mejor director”, por “Juno” (2007) y por “Up in the air” (2009). De seguro, les sonará su apellido. Es hijo de Ivan Reitman, director responsable de trabajos como “Poli de guardería”, “El pelotón chiflado”, “Los cazafantasmas”, “Seis días y siete noches”, etc. 

Para este último trabajo suyo, Reitman escogió, de nuevo, a la actriz sudafricana Charlize Theron (1975), ganadora de un Óscar por “Monster” (Patty Jenkins, 2003), para protagonizarlo, teniendo que pasar esta valorada actriz por un cambio de aspecto bastante visible. Reitman ya había trabajado con ella anteriormente en “Young Adult” (2011). Nada más y nada menos que veinte kilitos tuvo que ganar la actriz para ponerse en la piel de una mamá (Marlo) nacida en 1977, con una casa hermosa, un marido, dos nenes y un tercero en camino. 

La película, que no sabría exactamente en qué género situar, resulta, desde mi modesto punto de vista, genial, ingeniosa, curiosa a la par que emocional. Sea un drama familiar con connotaciones cómicas, sea una comedia agridulce, admiro cómo el director ha plasmado una realidad muy dura adornada, encubierta, de manera inteligente, con un Séptimo Arte sensible y audaz. Theron hace un papelón, digno de otra estatuilla dorada, y la trama, la forma en que comienza todo, transcurre y concluye supone toda una reflexión que, a día de hoy, en pleno siglo XXI, hombres y mujeres deberían plantearse, y si pueden, lograr un cambio a positivo. Nunca es tarde si la dicha es buena. 

Reconozco que esta crítica me está suponiendo un enorme esfuerzo, no a la hora de ver cómo expresarme (sin problemas), sino en qué expresar para no cometer ‘spoiler’, algo de lo que, de fijo, me arrepentiría, porque quiero que vaya todo el que pueda a verla. La recomiendo. Intuyo que unas cuantas mujeres, sin miras más que en ellas mismas, no se sentirán identificadas y tampoco reconocerán que la película termina como tiene que terminar. Que unas cuantas mujeres, sobre todo de otras generaciones, hayan vivido cosas que no tendrían por qué respecto a sus maridos y al día a día familiar y casero, no significa que eso tenga que ser así ni que toda mujer tenga que hacer como ellas y aguantar y ceder continuamente ante una asquerosa e injusta realidad. 

Esta película me ha llegado, primero porque es muy original, y está bien hilada, transmite lo que debe, y segundo, refleja algo que en este siglo y con la evolución que se ha ido componiendo durante décadas, y que nos ha costado tanta lucha y tanto grito en la calle y en nuestras almas, es penoso, indignante, absolutamente lamentable que el papel de la mujer y del hombre en un hogar, a nivel familiar y profesional, no esté, a estas alturas, definido. Que las funciones en ellos y en ellas aún no acontezcan de forma natural y espontánea como algo compensado y equilibrado para ambos. Los problemas conyugales se solucionan con comunicación efectiva, no tragando y tragando, y mandando todo al garete al final o corrigiendo ciertos comportamientos cuando ya la situación ha explotado de alguna forma y alguien ya ha pagado con creces al límite de su aguante, desembocando en una consecuencia autodestructiva. Hay que pedir ayuda, hay que hablar, y hay que plantarse (STOP!) cuando no se puede dar más de sí. De otra manera, pagan justos por pecadores, y no hay derecho a vivir así. 

Charlize Theron, en el papel de Marlo, representa a tantas y tantas mujeres que se creen que lo normal es llevar toda la carga familiar sobre sí mismas y vivir una continua monotonía diaria mientras el hombre de la casa se “escaquea”, por medio de miles de excusas que para la fémina no tienen ninguna justificación, y que, sin embargo, acepta. El actor estadounidense Ron Livingstone encarna al marido de Marlo, Drew, un buen hombre con poquita sangre en las venas. Por otra parte, la actriz canadiense Mackenzie Davis da vida a una niñera un tanto peculiar… y hasta aquí puedo contar de este  curioso personaje.

A ver cuándo la sociedad se percata y se convence de que en las familias, la mujer, la madre, la matriarca, es un pilar fundamental de la vida cotidiana que sacrifica bastante de sí misma por su entorno, y que su felicidad o ausencia de ella repercute positiva o negativamente en cada rincón de la casa, en cada miembro de esa estructura social denominada familia. Una mujer desgraciada puede ser el punto y final de un hogar organizado y feliz. Todo debería funcionar al 50% porque es lo justo. La naturaleza ha volcado en el sexo femenino una serie de “imposiciones” que el hombre no posee, y que, a veces, este da por hecho sin ningún tipo de apoyo, comprensión, compañía, escucha o cierta implicación por su parte. En ocasiones, si ellos no dan el do de pecho, convendría que las mujeres exigieran un poquito más a esos compañeros de vida. Si el camino está lleno de baches… que sea para los dos, indistintamente. 

Para concluir esta entrada, y esta crítica personal, finiquitaré mis palabras calificando esta película con un merecidísimo 7/10. Por cierto, la banda sonora, compuesta por Rob Simonsen, está bastante bien, y los temas incluidos del pasado, muy pero que muy bienvenidos y estupendamente escogidos. Se agradece disfrutarlos. “Tully” es, por tanto, un trabajo muy recomendable, sobre todo, para amantes de este género medio comedia, medio drama, de índole familiar, con algún elemento ilusorio por ahí… ¡Vayan a ver “Tully”! No les dejará indiferentes. Se toparán con una trama sencilla, emotiva y digna de análisis posterior, y con unas escenas absolutamente conmovedoras.  

Muchas gracias, queridos lectores cinéfilos. Les dejo hasta próximamente…

Gema María Gómez del BarcoDe la manera del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat XCI: Una crítica personal de película: “Gorrión rojo” (Francis Lawrence, 2018)

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“Gorrión rojo” (2018) es una película de acción y espionaje cuya trama tiene lugar mayoritariamente en escenario ruso. Dirigida por el estadounidense Francis Lawrence, este trabajo suyo cumple con todo aquello que encierra una película decente propia de este género: movimiento, tensión, cierto suspense, giros inesperados, valentía, inteligencia, supervivencia, eficiencia, venganza y justicia.

La actriz protagonista estadounidense Jennifer Lawrence (“Los Juegos del Hambre”, “La gran estafa americana”, “Serena”, “Lazos de sangre”), la cual ya ha sido tocada, y su talento reconocido con el grato honor de la estatuilla dorada (a mejor actriz por “El lado bueno de las cosas” (2012)), teniendo a día de hoy tan solo veintisiete años de edad, lleva al espectador a un mundillo bastante alejado de una normalizada vida cotidiana, adentrándole de manera amena en ese mísero, desconfiado y solitario lugar donde hacerse un hueco, sentir que se es alguien de valor y ganarse la vida sin perderla al primer paso en falso, lo supone todo. Jennifer muestra, una vez más, que su vocación es interpretar y su sitio, la gran pantalla. Igual nos sorprende esta mujer con un drama familiar que con un thriller psicológico, y resulta exactamente igual de convincente en cualquier género que decida.

Centrándome en la película, de seguro querrán interesarse por la sinopsis. ¿De qué va? Bueno, pues les diré que el personaje principal, Dominika Egorova (Jennifer Lawrence), es reclutada en contra de su voluntad para convertirse en un “gorrión”, una seductora adiestrada del servicio de seguridad ruso. Dominika aprende a utilizar su cuerpo, su intelecto y su intuición como armas a la par que lucha por ser ella misma durante la totalidad del duro proceso de entrenamiento. Sacando su fortaleza de un sistema muy injusto, se manifiesta como uno de los miembros en activo más efectivos del programa. Su máximo objetivo resulta ser Nate Nash (Joel Edgerton), un funcionario estadounidense, de la CIA,  el cual dirige la infiltración más secreta de la agencia en la inteligencia rusa. Este par de agentes se ven envueltos en un bucle de deseo y mentiras que pone en peligro sus carreras, sus vidas, la lealtad y la seguridad de sus respectivos países. ¿Qué les parece? A simple lectura, el argumento engancha; la película, aún más.

En lo referente al reparto, acompañan a la Srta. Lawrence los siguientes actores y actrices: Joel Edgerton (“El regalo”, “Exodus: dioses y reyes”, “Star Wars. Episodio III”), Jeremy Irons (“Lolita”, “La Jungla de Cristal 3: la venganza”, “El hombre de la máscara de hierro”), Charlotte Rampling (“45 años”, “La lista”, “El veredicto”) y Mary-Louise Parker (“Tomates verdes fritos”, “Red”, “El dragón rojo”), Matthias Schoenaerts (“La chica danesa”, “Suite francesa”, “De óxido y hueso”) y Joely Richardson (“El Patriota”, “101 Dálmatas”), entre otros tantos. Todos ellos, estupendos, ofreciendo tablas y caché o, simplemente, dando lo mejor de sí mismos para encarnas sus correspondientes personajes. 

Está claro que no es una película ni simpática, ni agradable, ni mucho menos, inocente. No enseña buenas obras y tampoco nos ofrece la mejor cara del mundo, más bien todo lo contrario, quizás la más sangrienta, y sin embargo, se enumeran unos cuantos valores de calidad en personas que son como se debe ser, que hacen que la película recupere el sentido y la creencia de que la vida, a pesar de todo, merece la pena. El que la hace, la paga, y quien trabaja bien, obtiene esa recompensa, la de haberlo hecho lo mejor posible, decepcionando lo mínimo, protegiendo a los inocentes y enorgulleciéndose de sí mismos por haber mantenido el tipo y la integridad durante todo ese tiempo en que el mundo parece estar patas arriba. Chapó por todo el conjunto. Me siento encantada.

Sin más espera ni revuelo, me lanzo a calificar “Gorrión rojo” con un merecido 7,2/10. He disfrutado mucho en el cine y he salido satisfecha de la sala. Creo que en estos tiempos que corren, en los que el feminismo parece haberse subido algo exageradamente a la cabeza de la sociedad, una película en la que el personaje principal es una mujer hecha y derecha con todo lo físico y lo intelectual en su sitio, amueblada en todos los sentidos de la palabra, con una voluntad férrea, una identidad a prueba de bombas y unos límites bien consolidados hacia el sexo opuesto, la igualdad parece, en menor medida, una utopía. No todas las mujeres son iguales; solo algunas enorgullecen (o deberían hacerlo) a todas las demás.

Muchas gracias por su leal seguimiento y paciencia, lectores míos.

Un afectuoso saludo y hasta próximamente…

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte 

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Ciclo Chocolat XC: Una crítica personal de película: “Cincuenta sombras liberadas” (James Foley, 2018)

 

 

En esta ocasión, les presento una crítica de uno de los estrenos de este fin de semana en la gran pantalla española, el cual por motivos de curiosidad por el final de la saga, fui a ver al cine. Les diré al respecto que igual hubiera sido mejor esperar a verla en televisión pero no me arrepiento. El cinéfilo siempre se arriesga a ver trabajos excelentes, buenos, mediocres y nefastos, y eso es positivo para aprender a valorar. La sala estaba llena y en ciertos cines importantes han dejado tres y cuatro salas para proyectar este filme. La calidad brilla por su ausencia pero el boom es más que evidente, sobre todo en público femenino de todas las edades. Por qué será…

 

“Cincuenta sombras liberadas” supone la tercera adaptación cinematográfica de las tres novelas del género erótico de la escritora británica E. L. James, cuyas lecturas han supuesto una ventana abierta y una materialización de la fantasía sexual y romántica femenina. Sin embargo, tengo que comentar que esta última parte es, con creces, la peor de la trilogía. No es ya que suponga una saturación y no la novedad inicial, sino que su argumento es tan pobre que lo que parecía una trama de suspense y de comprensión por fin, por parte del espectador, de cuál es la raíz del trauma, de las sombras, del Sr. Christian Grey, se convierte en una auténtica minucia que no justifica en absoluto el comportamiento del caballero, sobre todo, porque nos percatamos, de que su extraño comportamiento, sus manías o vicios son aceptados y exigidos de muy buen grado por la que es ahora la esposa del susodicho, por tanto, lo que parecía ser una problema psicológico se convierte en una de las realidades de este hombre que resultan placenteras y hacen feliz a Anastasia. Entonces, ¿qué más da? Él no está curado de lo suyo pero es que no hay necesidad. La respuesta a su sufrimiento parece ser que era ella. Romanticismo sumo.

Me atrevería a decir que “Cincuenta sombras liberadas” es un tráiler más extenso. No aporta nada nuevo. Realmente, lo interesante estaba en el tráiler. Por otra parte, observando el panorama, analizándolo… pues bueno, es verdad que existe un gran nivel adquisitivo. El espectador se mueve en un mundo inalcanzable en la mayoría de los seres terrenales y la tradición está ahí latente, esa manera de hacer las cosas a la antigua usanza… pero en esta película el clasismo es tan exagerado que resulta algo trasnochado para los tiempos que corren, en pleno siglo XXI. Sí, es verdad, se han respetado detalles evolucionados como que la mujer decida, que exprese sus necesidades sexuales cuando tiene ganas y que él cumpla, que trabaje fuera de casa, que tenga la libertad de mantener su apellido de soltera si es lo que desea… pero no resulta convincente. Al final, la vida de ella ha seguido los pasos de siempre: noviazgo, casamiento, dos embarazos para lograr la parejita… El propósito de la trama resulta al final tan manido que yo salí decepcionada en todos los sentidos. Faltó suspense, faltó acción de verdad y dosis más pequeñas de la fémina de tiempos atrás que seguía ciertos pasos sociales y normalizados con breve tiempo de diferencia entre uno y otro para cumplir con lo que se creía eran las imposiciones de su naturaleza. Como detalle a valorar… que hoy en día nos presenten a una mujer que no se encuentra preparada para ciertas cosas y que sabe que su marido tampoco lo está, que ambos son muy jóvenes, y que cometan un fallo de concepción totalmente inesperado por lo visto y que la responsabilidad recaiga sobre ella en exclusiva. Habrá quien lo vea normal. ¿Dónde está la evolución ansiada? A mí me gustaría que ese tipo de sucesos se dejaran al margen y se mostrara una mentalidad más moderna, más abierta y más igualitaria en ambos sexos. Si no se quieren hijos o no es buen momento, que no vengan. El matrimonio no exime de que él utilice un preservativo, método que Christian Grey ha estado utilizando en las dos películas previas. Curiosamente ha sido contraer matrimonio Christian y Anastasia, e inyección anticonceptiva al canto por parte de ella. No más comentarios…

 

En fin, se trata de una película de lucimiento de coches (la marca Audi debe haber pagado) y de otros transportes (avión privado, moto acuática, bicicletas…), de casas, de servicio y guardaespaldas… Un mundo repleto de comodidades y lujos. Todo precioso, no lo niego, y bastante superficial también. Destaco el vestido de novia de Anastasia Steele… elegante, sencillo y precioso. Le sienta de maravilla. Me encantó, quizás lo que más de esta tercera parte (tristemente). Ellos, el par de protagonistas, tanto Dakota Johnson  (Ana) como Jamie Dornan (Cristian) se encuentran como pez en el agua. Naturales y correctos. Ojalá no se les encasille porque pueden dar mucho más de sí en el mundo interpretativo. Estoy segura.

Tras todo este texto que les doy a leer, me precipito a calificar este trabajo con un merecido (y lo siento) 3,75/10. No puedo ser más complaciente con la valoración porque sería muy injusto. Es una película que prometía dar mucho más juego, mejor dicho, prometía dar juego. Se ha quedado en agua de borrajas como quien dice. Podría haber sido mucho más aprovechada. Una lástima. Me alegro de no haber leído los libros, con sinceridad.

Muchísimas gracias por su seguimiento y atención, leales lectores. Un cordial saludo.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte dt.common.streams.StreamServer.jpg

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Ciclo Chocolat LXXXIX: Una crítica personal de película: “Los archivos del Pentágono” (Steven Spielberg, 2017)

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“Kay está en una posición en la que nunca pensó que estaría. Una posición de la que estoy segura mucha gente cree no debería tener. Y cuando te dicen una y otra vez que no eres suficientemente buena, que tu opinión no importa tanto… Cuando no solo miran más allá de ti, cuando para ellos ni siquiera estás ahí y cuando esa ha sido tu realidad durante tanto tiempo, resulta difícil no pensar que esa es la verdad. Entonces, para tomar esa decisión, arriesgar su fortuna y la compañía que ha sido su vida entera… bueno, yo creo que eso es VALIENTE.” 

(Tony Bradlee – Sarah Paulson)

Hoy, por fin (qué ganas tenía), les ofrezco la crítica de uno de los estrenos de cartelera de este recién estrenado año en las grandes pantallas españolas, cuya trama de periodismo y política recuerda a otros trabajos del género como: “Todos los hombres del Presidente” (Alan J. Pakula, 1976), “La sombra del poder” (Kevin Macdonald, 2009), “Spotlight” (Tom McCarthy, 2015) o “El desafío: Nixon contra Frost” (Ron Howard, 2008). Sin embargo, nada tiene que ver este título que nos ocupa en esta entrada, con los mencionados trabajos cinematográficos anteriores.

En “Los archivos del Pentágono” nos topamos así, de primeras, con dos astros del panorama cinematográfico de Hollywood: Meryl Streep y Tom Hanks. Un par con tablas, con la suficiente experiencia y talento como para lucir su naturalidad interpretativa sin parecer ante el espectador que el lucimiento es de ellos mismos, de una manera egocéntrica e individualista. Ella, la Sra. Streep, se pone en la piel de Katherine Graham, primera mujer editora del Washington Post. Él, el Sr. Hanks, encarna a Ben Bradlee, el director del periódico. Un asunto relacionado con el Presidente de los Estados Unidos en ese momento, Richard Nixon, del cual no daré más detalle, hace que el periódico se vea en la tesitura de publicar o de no hacerlo.

Dos focos muy, muy interesantes se entrelazan en la película. Por un lado, el derecho a la libertad de prensa (siempre que se trate de una verdad constatada) de informar al pueblo por muy comprometido y peliagudo que sea el tema a tratar y por mucho que perjudique la imagen de los gobernantes del país. Por otro lado, la realidad machista del momento, la dificultad de una mujer para poner en práctica las responsabilidades de un alto cargo, en una empresa que le corresponde legalmente y cuyo entorno está invadido de hombres que no creen en su valía, en su potencial, en su esfuerzo y en su trabajo diario. La mentalidad del momento se limitaba y se nutría de una sola idea: el papel fundamental y único de la mujer era atender la casa y criar a los niños.

Ambos personajes, tanto el interpretado por Streep como el interpretado por Hanks, cumplen con un extraordinario requisito: estar a la altura de las circunstancias. Ella, como madre, viuda y profesional que lucha por hacerse un hueco y no perder el negocio que heredó de su padre indirectamente. Él, como profesional que actúa bajo las órdenes de una mujer a la que respeta y llega a comprender, en parte, gracias a que su propia esposa le abre los ojos respecto a ella, y su dura realidad.

La película se resuelve muy acertadamente, con un ritmo muy acorde, con unos planos y unas conversaciones sensacionales. Sin duda, es uno de esos trabajos que requiere la constante atención del espectador por la cantidad de diálogo que surge, y lo mejor es que no cansa ni aburre. A mí me emocionó todo el conjunto. Pienso que Steven Spielberg lo ha hecho de fábula. No creo que se pueda resistir ningún género cinematográfico a estas alturas si se lo propone. Este trabajo suyo último rezuma valores, sensibilidad y una apertura de mente hacia tiempos muy diferentes, y para algunas personas, bastante peores. Nos muestra una ventana abierta al periodismo de los años 70 y a la irrelevancia de las féminas en el ámbito profesional de la época. La ambientación, sobre todo en detalles puramente periodísticos como son las imprentas, y la prensa en papel, es fascinante. Me encanta. Qué más podría añadir… El director Spielberg ha demostrado con creces que es un as de los instantes, de los detalles. Es capaz de realizar un trabajo impecable teniendo en cuenta además, una selección de protagonistas inmejorable.

Sin más miramientos, y evitando por todos los medios, no desvelar “contenidos secretos”, me tomo la libertad de valorar “Los archivos del Pentágono” con un merecidísimo 8,2/10. El trabajo es muy válido y muy recomendable. ¡Chapó!

Muchas gracias por su leal atención y seguimiento, queridos lectores.

Gema Mª Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

“La prensa está para servir a los gobernados y no a los gobernantes.”

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Ciclo Chocolat LXXXVIII: Una reflexión: “¿Lo romántico ha muerto? ¿se ha distorsionado su sentido?”

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Quisiera, y me tomo la libertad, de comentar, y compartir con ustedes, por supuesto siempre desde mi visión personal y particular del mundo, una reflexión que cine y vida real, las noticias diarias de prensa me han otorgado. Ignoro si estarán de acuerdo o se echarán las manos a la cabeza. Deben saber que si me pusieran un lápiz delante y me dijeran “escriba sobre él”, lo haría gustosa y con infinito detalle. Soy así y no parece que tenga remedio, quizás más al contrario, se va acentuando con la edad. Escribir siempre ha sido y será un placer me atiendan o no, pero si no lo hacen (libres son), seguiré en mis trece, no tengan ninguna duda. Si lo hacen, me sentiré extremadamente dichosa; no crean que me siento indiferente hacia mis lectores. Ustedes tienen efecto en mí.

“Romanticismo”, ese concepto que siempre me ha parecido bellísimo, esencial, y cuyo sentido, independientemente del movimiento cultural y artístico, ha sido y será imprescindible para mi persona. El cine lo ha mostrado en muchas películas de mil maneras y, a medida que la evolución es mayor, que los avances en el ser humano se van haciendo más evidentes, se va disipando la emoción y la ola de sentimientos que desprendían clásicos como “Lo que el viento se llevó”, “Con él llegó el escándalo”, “Gigante”, “Gilda”, “Desayuno con diamantes”, “¡Qué bello es vivir!” o “Tú y yo”, entre otros. A partir de 1990 nos topamos con ejemplos como “Eduardo Manostijeras”, “Ghost”, “Pretty Woman”, “Mientras dormías”, “Mujercitas”, “Grandes esperanzas”, “Leyendas de Pasión”, “El diario de Noah”, “French Kiss”, “Notting Hill”, “Orgullo y prejuicio”, “Tienes un email”, “Una mente maravillosa”, “Una cuestión de tiempo”, “Begin again”, títulos que tratan el amor en primer plano de una manera bonita, reposada, profunda, con un toque de perdurabilidad en el tiempo, de visión de futuro, con ilusión y esperanza… En el día a día, la realidad social se traduce en un sinfín de confusiones varias, de personas que se quieren pero no, que no saben querer, que se deseaban pero ya no se aguantan, que se conforman con quien pueden porque el amor de sus vidas se les escapó tiempo atrás… rupturas, divorcios, custodias, insultos, ni contigo ni sin ti… y ciertos personajes que van saliendo a la luz porque se llevan por delante la vida de las parejas o de sus hijos, personas por las que se suponía con certeza que debían sentir amor profundo. Qué concepto de amor se está fortaleciendo si se mata o se hace sufrir a quien se ama. Esto es rencor, es odio, es locura pero no es amor, de ningún modo. Curiosamente, hay personas que piensan que la Disney nos ha hecho mucho daño con sus princesitas y sus príncipes azules; considero, sin embargo, que las que nos han hecho machacado por completo son películas como: “Nueve semanas y media”, “Infiel”, “Sexo en Nueva York”, “(500) Días juntos”… y ¡no se lo pierdan! El trabajazo que ha aniquilado el amor y ha erradicado de pleno la dignidad de la mujer es uno muy reciente que supongo les sonará o han visto ya: “Blade Runner 2049” (Denis Villeneuve, 2017). Un espectáculo vergonzoso para las féminas tratándose, encima, de un filme futurista. Hay quien me dirá que se me ha olvidado incluir como películas asesinas del amor “Cincuenta sombras de Grey”. No, no la he incluido porque no está en esta categoría. Para ser un trabajo etiquetado como erótico, tiene más de drama romántico que otra cosa. Quiten lo carnal y verán a un hombre enamorado hasta la médula, con todo el peso de la tradición sobre sí… y ella le corresponde. Lo más.   

Por otra parte, justo cuando se supone que estamos en el siglo XXI y que la igualdad entre sexos tendría que estar casi establecida, no, al contrario; en España, estamos sufriendo un importante retroceso en el que el dominio, la sinrazón, el miedo y la inseguridad de algunos hombres desembocan en un sentimiento asesino, y posteriormente, suicida.

La mujer ha logrado unos derechos fundamentales para una vida digna, igual a la del sexo opuesto, más justa. En teoría, la mujer en la actualidad puede llevar una vida exactamente igual a la de cualquier hombre, es decir, puede votar, puede trabajar fuera de casa, puede opinar, puede hablar, puede decidir, puede comprar lo que desee sin ningún tipo de consentimiento ajeno, puede casarse con quien quiera o cuando quiera, puede arrejuntarse, puede quedarse soltera, puede acostarse con uno o con cien hombres si lo considera oportuno con un abanico amplio de opciones anticonceptivas o puede mantener relaciones con otra mujer si tiene esta inclinación sexual. Sin embargo, he añadido “en teoría” porque aún se sigue cuestionando la longitud de la falda si la mujer tiene algún percance con un hombre, su forma de vivir en el día a día, su cantidad de maquillaje, su actitud, y mucho más grave: la mujer, aunque el término “sexo débil” ha sido tachado de despectivo por la RAE, sigue siendo objeto de humillaciones, de abusos, de peligros, por los que el hombre no pasa… entonces, ¿dónde está hoy la igualdad real entre varones y féminas?

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No quiero ni pretendo, en absoluto, justificar los comportamientos masculinos pero me pregunto si las mujeres no han puesto su granito de arena para que en ese ansia de parecerse al hombre (cuando no somos iguales en nada) han eliminado algunas de las funciones que el hombre tenía y que formaban parte de su naturaleza: la conquista, la cortesía… las mujeres les han puesto el camino tan fácil que muchas de ellas no son valoradas y son tratadas como mulas de carga, como un juguete sexual o como un vientre y ellas mismas han contribuido a que así sea. Lo toleran. Ahora, hay unas cuantas féminas que no quieren y no permiten que se las deje pasar primero, que se las abra una puerta, que se las regale un ramo de flores, que se las ayude a llevar bolsas… odian lo tradicional, quieren hacerlo todo ellas, tanto es así, que el hecho de que pasen por una clínica y se queden embarazadas sin necesidad de ellos es ya una realidad viable y efectiva. Respetable es, por supuesto, pero estamos perdiendo el concepto original de HOMBRE con mayúsculas y, sinceramente, a mí, como mujer, me da lástima, porque si resulta que la evolución, y la igualdad está para que una tenga que hacer más que antes, no tiene sentido alguno convivir con un individuo que, en la actualidad, ni siquiera es un pene, sino una pena innecesaria. Los hombres no pueden permitirse amar porque no confían, ya que interiormente tienen un miedo atroz a enamorarse, que la susodicha prescinda de ellos y se quede con todo. Ellas, las que tienen una cabeza más amueblada y más individualista, tampoco se lanzan a amar porque también tienen miedo a sufrir, a que ellos utilicen la fuerza contra ellas o contra sus hijos, si los hubiere. El panorama es peliagudo.

Dicho todo esto, si analizan el patrón de conducta de un personaje literario y posteriormente cinematográfico como el Sr. Darcy, muchas de ustedes se percatarán de que hoy nos falta todo aquello que se debería valorar de un hombre y que para nada engulle ni la libertad, ni la independencia, ni la autosuficiencia ni la igualdad de una respecto al sexo opuesto; simplemente, se trata de un individuo con carga cromosómica XY que está enamorado, que ama a la mujer con sus defectos y virtudes y que haría lo que fuera por ella porque se trata de AMOR, no de capricho, no de atracción física en exclusiva, no de deseo sino de un todo profundo, con una implicación mental y un compromiso y entrega absolutos. Seguridad, sin más. Lo demás, son sucedáneos que pocas veces llegan a buen puerto, salvo que se dejen llevar y se aguanten mutuamente lo indecible. El miedo, el orgullo y el pasotismo actual de un hombre da paso a que se dejen llevar por la primera que les hace ojitos, se les cuelga o se abre de piernas y eso no es beneficioso para ninguno. La insistencia, la perseverancia, esa preocupación por ganarse a la afortunada de mil maneras, por dar argumentos y explicaciones, se transforma en una apatía, en una indiferencia que termina en manos de la mejor postora. Díganme qué aliciente tiene esta manera de actuar para ninguno de los sexos. La “caza” siempre fue cosa de ellos y ahora son presa. ¡Pobres! ¡Menuda transformación! Es natural que a muchos les dé ya lo mismo sentir que no, querer que no, porque en el fondo se rigen por una profunda desconfianza hacia la mujer. Desde luego, con este “funcionamiento” del siglo XXI, ninguno gana, mucho menos un trofeo digno de orgullo. Las mujeres cumplen objetivos pero no exigen nada; esperan un “te acepto” de ellos y ya. Ya parecen contentas. Todo deprisa y corriendo. Aquí te pillo, aquí te mato, y al tiempo, tienen al abogado o están lanzando las pertenencias de él escalera abajo. Qué desgracia. A ellas les falta valorarse a sí mismas y a ellos, valentía. Grotesco espectáculo de almas perdidas, vacío en el corazón e insatisfacción existencial.

¿Seremos finalmente robots u hologramas que se esfuman con un mando cuando no nos interesan? ¿se verá en unas décadas el ser humano despojado de cualquier emoción? Camino vamos de ello. El miedo, la ira, la soberbia, el rencor, el despecho, la indiferencia, el interés, el orgullo, el capricho momentáneo… todo ello está haciendo imposibles las relaciones humanas entre ambos sexos con cierta solidez y autenticidad. Vuelvo a describir, a alabar a mi idolatrado Sr. Darcy… un hombre que teniéndolo todo, escoge a la mujer que se lo ha robado todo sin pretenderlo, y en un alarde de valentía y seguridad, va a por ello, a por el amor de su vida, porque no concibe la vida sin ella, porque sin razón aparente, él no quiere vivir despojado de su complemento perfecto. ¡Un rechazo! ¡y qué! Él sigue intentándolo. Él sigue ahí sin desfallecer, sin rendirse, perseverando, ganándosela poco a poco… y no es que se esté quitando valor a sí mismo, es que él lo vale, él es un hombre de los pies a la cabeza, un caballero, un amor de los que ya no quedan, el auténtico regalo, el perfecto compañero de vida para cualquier fémina que se precie. Qué me dicen del miedo de ella, de Elizabeth Bennet, a perderlo tras su orgulloso rechazo. El intenso amor entre ambos es mutuo y eso se hace patente en toda la trama. A aquellos hombres que a día de hoy piensan que hacer lo que hace el Sr. Darcy es infravalorarse ante ellas, que se lo hagan mirar. En realidad, es baja autoestima, es miedo, es pereza, comodidad y/o complejos varios. Que se lo replanteen y seguramente les irá mejor en las relaciones. “El que la sigue, la consigue”. Tan cierto como que respiramos.

¡ FALTA ILUSIÓN Y SOBRA CEGUERA !

Muchas gracias, damas y caballeros, lectores todos, por su atención y seguimiento.

Gema María Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXVII: Una crítica personal de película: “La hija de Ryan” (David Lean, 1970)

Esta vez, la ocasión lleva consigo un clásico, no un estreno de cartelera. Sin ir más lejos, ayer noche emitieron “La hija de Ryan” en televisión y me decidí a verla. Por lo visto, tras este estreno del 70, el genial director británico David Lean, responsable de majestuosas obras maestras como “Lawrence de Arabia” (1962) o “Doctor Zhivago” (1965), permaneció en oculto nada más y nada menos que catorce años, recuperándose de las negativas críticas que recibió por aquel entonces. Las relaciones no fueron muy buenas con su protagonista, el famoso actor Robert Mitchum, pero este mismo afirmó y reconoció públicamente que había sido, sin duda, su mejor interpretación, así que el director tuvo parte de mérito, claro está.

El trabajo (infravalorado en su momento) de Lean fue elogiado con dos estatuillas, una de ellas para el mejor actor secundario John Mills, encarnando magníficamente al personaje Michael, un discapacitado intelectual que aparece durante toda la trama, y la otra, para la mejor fotografía, realizada por Freddie Young.

“La hija de Ryan” luce un reparto de diez: Sarah Miles (Rosy Ryan), Robert Mitchum (Charles Shaughnessy), Trevor Howard (el Padre Hugh Collins), John Mills (Michael) y Christopher Jones (Mayor Randolph Doryan), entre otros.

¿De qué trata este sonado clásico? Rosy es la hija del tabernero de una pequeña población en la costa de Irlanda, durante la Primera Guerra Mundial (1916). El país está ocupado por el ejército británico. Los habitantes y la resistencia irlandesa aprovechan cualquier momento para combatir a los ocupantes. La joven Rosy desea un amor apasionado, ser fina y educada. No se encuentra por tanto cómoda en el pequeño y cerrado pueblo que no da respuesta a sus recientes anhelos. La única persona que ella considera apta para sus pretensiones es el maestro de escuela, Charles Shaughnessy (Robert Mitchum). Charles es un hombre corriente, viudo, bastante mayor que ella. Rosy piensa que está enamorada del maestro y ambos terminan contrayendo matrimonio. Sin embargo, cuando llega al pueblo un joven y atractivo militar británico herido en el frente y con importantes traumas de guerra, el mayor Randolph Doryan (Christopher Jones), ella se percata de que sus deseos carnales pueden ser satisfechos… y hasta aquí puedo contar…

Es innegable que solo la lectura de la sinopsis ya atrapa, sobre todo para aquellos que además, de amantes de los clásicos de cine, se consideran fans del género romántico. Cuando se adentran en lo que acontece durante las tres horas y cuarenta y tres minutos que dura, y escuchan de fondo esa banda sonora, de seguro les traerá recuerdos de los otros grandes trabajos de Lean pues se trata del mismo compositor: Maurice Jarre.

Para mí, lo mejor de la película, lo que roza la excelencia, se centra en dos grandes detalles: el magnánimo, digno, paciente, leal, comprensivo, honrado y empático personaje que interpreta Robert Mitchum, como marido que ama de veras a su joven dama contra viento y marea, y el admirable y tremendo personaje de Trevor Howard (Padre Collins) como cura del pueblo. Este último, uno de los personajes religiosos con más humanidad, corazón y sensatez de la historia del cine; un siervo de Dios sencillo, preocupado realmente por las necesidades de educación, protección y civismo de su pueblo y no por atemorizar o amenazar con el infierno a los feligreses (y a los que no lo eran). Me encantó. Soberbias ambas interpretaciones.

En la trama se respira la ignorancia, la mala baba y la ociosidad de un pueblo, el ferviente machismo extendido entre los hombres y entre las mujeres (en estas con mayor rencor y malicia), el odio por el enemigo de guerra entre civiles, la bondad e incapacidad de hacer daño de quien tiene limitado su intelecto… todo ello, en su conjunto, conforma una trama que ya quisiera el cine actual. Cuando veo y disfruto un clásico así, tan lleno de todo, tan completo, me pregunto por qué el siglo XXI produce, en términos generales, un cine tan de papel, tan carente, tan insulso. Da rabia.

Para terminar, solo puedo expresar un merecido “¡CHAPÓ!” al Sr. Lean, fallecido en 1991, y valorar “La hija de Ryan” con una calificación de 8,5/10.

Gracias a todos ustedes, mis lectores, mis seguidores, todos, cinéfilos… por su leal atención y amabilidad. Hasta la próxima. Saludos.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXVI: Una crítica personal de película: “Asesinato en el Orient Express” (Kenneth Branagh, 2017)

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Regreso a este humilde blog con un estreno de cartelera. En esta ocasión, nos ocupa una obra del género de suspense, una nueva adaptación, un nuevo trabajo basado en la famosísima y homónima novela de suspense de la escritora británica Agatha Christie: ‘Murder on the Orient Express’ (publicada en el año 1934). El director, guionista y actor cinematográfico y teatral británico, Kenneth Branagh, es el responsable de este producto, como director y como protagonista del filme, y no lo ha hecho nada mal.

Se trata de la versión moderna de aquel magnífico clásico de 1974, dirigido por Sidney Lumet, cuyo reparto brillaba por su excelencia: Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Sean Connery, Anthony Perkins, Jacqueline Bisset y Richard Widmark, entre otros. Albert Finney encarnaba por aquel entonces al personaje principal, al famoso detective belga Hércules Poirot. En la versión de 2017, que nos ocupa, es el propio director quien luce el prominente bigote y ese agudo olfato para dar con el asesino. El reparto actual tampoco se queda atrás: Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp y Michelle Pfeiffer ofrecen su experiencia en el mundo de la interpretación, con la esperada soltura.  

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El ritmo es lento pero el clima de suspense e intriga se hace innegable. Mantiene la curiosidad despierta hasta el final y nos deleita el director con detalles peculiares e interesantes como una escena en la que los doce sospechosos están sentados alrededor de una gran mesa improvisada. Nada más ver esa estampa me vino a la mente “la última cena” con los doce apóstoles y, con ella, la espera del descubrimiento del “traidor” (Judas), el asesino o la asesina, en este caso.

Las conclusiones de Monsieur Poirot resultan de lo más interesantes. Sin duda, la película abre los ojos sobre una importante realidad: ¿cuál es el límite del bien? ¿cuál es el límite del mal? ¿existe algo intermedio entre el bien y el mal? ¿debe ser la justicia flexible y adaptable al delito y a los motivos que llevan a una persona a matar a otra? ¿es, a veces, la condena o la pena algo evitable en un caso de asesinato? ¿puede ocurrir que en ciertas circunstancias muy concretas, justicia y Ley no vayan de la mano? ¿están algunas acciones justificadas en base a cómo fuera o lo que hiciera en vida la víctima? Muchas cuestiones tienen lugar en el espectador y en el famoso detective y promueven el cambio, la modificación de algunas ideas originales de dicho personaje. Todos los días se aprende algo nuevo, y de seguro, rectificar es de sabios a cualquier edad. Nada es blanco o negro; también hay una fundamental escala de grises a tener en cuenta.

La película está bien llevada, ordenada con sencillez, con primeros planos de rostros muy sugerentes, emocionales, expresivos… Branagh, como el detective Poirot se muestra, en mi opinión, convincente. Transmite con sus palabras pero también con su intensa mirada azul. Llega.

Sin más, ya que no quiero aguarles la fiesta con más detalles y mucho menos con pistas sobre el final, me precipito a calificar este trabajo con un 6’6/10. Puede que crean que me excedo y es que adoro este género. Ello unido a que la elección actoral me parece muy acertada y que no me aburrí aun habiendo visto el clásico de los 70, beneficia en grado positivo mi valoración personal.

Muchísimas gracias por su leal atención. Sean felices. Hasta próximamente.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte 

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