Ciclo Chocolat LXXXIII: Una crítica personal de película: “Escrito sobre el viento” (Douglas Sirk, 1956)

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Muy buenas, de nuevo y en el mismo día. No, esta vez no se trata de un estreno de cine, sino de un clásico, y no de uno cualquiera, sino de esos que trascienden y no perecen jamás. Según dicen (yo no estaba en tiempos de su proyección por primera vez en la gran pantalla), la película valía mucho más de lo que la crítica del momento expresó. Sin embargo, grandes e influyentes directores como Sir Alfred Hitchcock, entre otros, dieron públicamente una valoración muy positiva al trabajo que el director alemán Douglas Sirk creó y mostró al mundo. No solo por la trama, tan atractiva como su reparto, ni por su perfecto entramado de escenas, ni por sus sutiles detalles… todo el conjunto, al completo, es una auténtica obra de arte cinematográfica. El Sr. Sirk la bordó.

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Fotografía promocional de “Escrito sobre el viento” (1956). Lauren Bacall, Rock Hudson y Dorothy Malone.

Por otra parte, “Escrito sobre el viento” fue reconocida con tres nominaciones a la estatuilla dorada, de las cuales una, la única otorgada, fue para Dorothy Malone, en la categoría de mejor actriz de reparto. Ella fue nominada al Globo de Oro también. Es la única de todo el equipo de filmación que está viva a día de hoy, con nada más y nada menos que 92 primaveras. Bravo por ella.

¿De qué va? La “paupérrima” familia Hadley, magnate del petróleo, se compone del patriarca, Jasper Hadley (Robert Keith), y sus dos inestables e infelices descendientes: el juerguista y alcohólico Kyle (Robert Stack) y la muy ligerita de cascos, Marylee (Dorothy Malone).

Un buen día, Kyle conoce a Lucy Moore (Lauren Bacall) por medio de su mejor amigo Mitch Wayne (Rock Hudson). Lucy y Kyle contraen matrimonio, ante la decepción y desconcierto de Mitch, que está también enamorado de Lucy. La trama se complica ya que Marylee (Dorothy Malone) lleva enamorada de Mitch desde la infancia.

Este trabajo supone un sobresaliente melodrama familiar dirigido por un especialista en el género, quien sabía exponer las variadas y complicadas emociones de sus personajes engrandecidas con una elegantísima puesta en escena. En su visionado, de noventa y nueve minutos, el espectador se ve inmerso en una vorágine de amores no correspondidos, deseo, celos y envidias, lazos familiares tensos, sensación de fracaso, recuerdos y gran frustración existencial.

Los actores, Robert Stack y Dorothy Malone, llevan a cabo brillantes interpretaciones. Quizás destacan sobre el dúo Hudson/Bacall debido a que sus personajes son mucho menos calmados, de mentes menos sanas, y por tanto, más complejos. La víctima de este entramado es Lucy (Bacall) y el caballero perfecto y salvador es Mitch (Hudson). Sin duda, este cuarteto actoral, regala al filme la calidad que merece.

Mi impresión sobre este trabajo cinematográfico es muy positiva. En mi opinión, está a la altura de “La gata sobre el tejado de zinc”, “Con él llegó el escándalo”, “La heredera” o “Qué bello es vivir”. Tan solo es una opinión personal. Lamento que en su momento “Escrito sobre el viento” no fuese lo vitoreado que debiera.

Para finalizar esta entrada, informar de que la valoración que doy a este filme es de 8/10. La he visto dos veces y ambas me ha deslumbrado. Se aprecia a la primera, y se aprecia doblemente a la segunda. Es una de esas películas que, además de calidad, posee una enseñanza y es que, nuevamente, nos vuelve a golpear con el famoso y certero dicho: “el dinero no da la felicidad”.

Muchísimas gracias, cordiales saludos y hasta más ver…

Gema M.ª Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXII: Una crítica personal de película: “Barry Seal: El traficante” (Doug Liman, 2017)

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Regreso a este preciado blog de cine para expresarles mi humilde y personal valoración de esta película del género de acción y basada en hechos reales. El responsable de este trabajo es el director cinematográfico Doug Liman, un neoyorquino de 52 años que nos ha mostrado otros títulos como “Sr. y Sra. Smith”, “El caso Bourne”, “Al filo del mañana” o “Jumper”, entre otros. Todos estos títulos coinciden en el ritmo veloz, trepidante, casi agotador de la trama. Sin duda, el género en el que este director se mueve como pez en el agua es el de acción en estado puro, y tengo que decir que me priva. No lo hace nada mal el caballero.

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En esta ocasión, la película que nos ocupa, cuyo título original es “American Made”, tiene producción medio estadounidense, medio colombiana. El actor estadounidense, el “gringo” Tom Cruise, se mete en la piel, esta vez, del Sr. Barry Seal, un expiloto de la TWA, que es reclutado por la CIA para investigar la amenaza comunista que emerge en América Central. Seal es responsable de una importante operación encubierta de la CIA, una de las más importantes en la historia de USA, que logró pillar a varios miembros del cartel de Medellín e hizo que casi fuera derribada la Casa Blanca (cuando Ronald Reagan ere presidente) por el escándalo en Irán (Irangate).

Se trata de una superproducción biográfica ambientada en los años 80, en la que el personaje principal, Barry Seal, el héroe y el villano a la par, es el centro de atención y de todo lo que acontece durante la hora y cincuenta y cuatro minutos que dura el conjunto.

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En lo referente al reparto, destaca el personaje del actor irlandés Domhnall Gleeson (“El renacido”, “Una cuestión de tiempo”, “Star Wars: el despertar de la fuerza”…) como Monty Schafer, un agente de la CIA, que no llega a caer demasiado bien; por otro lado, el personaje femenino resulta ser la esposa de Barry, Lucy Seal, una ama de casa que vive a la sombra de su marido en todo momento. Este personaje lo interpreta la actriz estadounidense Sarah Wright (“Noche de marcha”, “Walk of shame”…). Ella, la actriz, que en realidad tiene treinta y tres añitos, representa de alguna manera el papel más generalizado de la mujer en aquel momento. Atiende la casa, a los hijos, y espera a que él llegue, y solucione cualquier problema, aunque parece que era bastante diestra con la fontanería… 😀 

Ni falta hace decir que Tom Cruise es el que encabeza y lidera este reparto por goleada, como siempre. Este actor es tan preciado por un público como odiado o indiferente para otro. Tengo que decir, y seguro que lo habré comentado en anteriores ocasiones, que para mí Tom Cruise es un actor de los pies a la cabeza, con un aspecto, una expresividad, una forma de ser y una sonrisa que ilumina cualquier plano haga lo que haga. Ya sea como el interesante Ethan Hunt, patrón de acciones imposibles, como Jerry Maguire, como Jack Reacher, como Maverick, como Cole Trickle, como un samurai o como un traficante llamado Barry Seal… ¡él SIEMPRE llena la pantalla! No es, por tanto, descabellado afirmar que los espectadores que vamos a ver uno de sus trabajos a la sala de cine, vamos en un gran porcentaje, sobre todo femenino, a admirarle a él, y el resto a disfrutar de la diversión que ofrecen sus películas. Pase lo que pase frente a la gran pantalla, o te emocionas, o los índices de adrenalina se incrementan irremediablemente con las posaderas sobre la butaca. Tiene su mérito y no voy a ser yo quien lo escatime. Para mí no pasan los años por él, ya que sus tablas, su seguridad encarnando a cualquier personaje es única. A estas alturas, él ya no es el niño bonito de Hollywood, él es autosuficiente, independiente, así lo ha demostrado, él es el puto amo (perdón por la expresión malsonante). 

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Volviendo a la película propiamente dicha, diré que es muy, muy movida, quizás demasiado, pero en absoluto, confusa. Lleva un orden comprensible. La vida del traficante Seal da para haber creado una secuencia de escenas muy cómicas, que casi rozan el surrealismo, pero la buena sintonía, la diversión está asegurada. La expresión de Cruise durante los ciento catorce minutos dan la puntilla al esbozo de una sonrisa, o por qué no, a la carcajada. Igual que valoro todo muy positivamente, les confieso, con sinceridad, que no es de esas películas que apetezca ver una segunda vez o una tercera. La justicia, venga de donde venga, puede ser coherente, pero hay consecuencias que, en la ficcion, no agradan. Es así, lo digo como lo siento. No, no es de esos filmes, y no lo lamento. Me ha gustado y me lo he pasado de fábula durante su proyección.

Sin más suspense por mi parte, valoro esta película con un merecido 6,1/10. Conlleva un trabajo de dirección importante, el reparto es bueno, y su protagonista siempre es una elección acertada. Además, el disfrute hay que medirlo con una buena vara. ¡Vayan a verla!

Muchísimas gracias por su atención y hasta próximamente, quizás antes de lo que cabría esperar.

Un afectuoso saludo 😉

Gema M.ª Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXI: Una crítica personal de película: “La seducción” (Sofia Coppola, 2017)

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Lo prometido es deuda y aquí, hoy, me dispongo a mostrarles mi visión de este peculiar trabajo cinematográfico. La prestigiosa directora estadounidense Sofia Coppola (“Lost in translation”, “María Antonieta”, “Las vírgenes suicidas”, “The Bling Ring”…) ha sido responsable de este estreno, basándose en la novela sobre la Guerra Civil Americana “The Beguiled”, escrita por el novelista y dramaturgo estadounidense Thomas P. Cullinan, y publicada en el año 1966. Recuerden que existe una película anterior titulada “El seductor”, basada en la misma novela, dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood y Geraldine Page, del año 1971. Es muy buena, la verdad, sin embargo, el estilo de las dos versiones es tan diferente, tan personal y característico de sus respectivos responsables, que la comparación resulta odiosa y fuera de lugar.

“La seducción” de Coppola, filme que hoy ocupa esta entrada, supone 91 minutos de una sensación misteriosa resumida en “no sé qué está ocurriendo ni qué diantres va a ocurrir”. Se intuye como un drama romántico pero el suspense está latente en varias escenas. Existe un clima de tensión que avanza pero, para mi gusto, se disipa, se queda en nada. No encuentro sentido a la película, son sinceridad. Es verdad que es un drama, casi trágico, en todos los sentidos en lo que a humanidad y moral se refiere. Es un drama seductor pero… ¿romántico? Rotundamente, no. Concibo romanticismo como sentimiento verdadero de amor y, en esta película, como el título nos anticipa, se produce seducción, atracción, deseo, pasión, pero no amor. Este trabajo va en la línea de lo carnal pero no de lo sentimental. Se desenreda o encubre un gran engaño, cierta hipocresía… Se enumeran perfectamente las maneras individuales que posee cada personaje femenino a la hora de seducir a un hombre. Se nota que todas ellas conviven con armonía y disciplina, pero a la hora de la verdad, por ese único hombre, no les importa enemistarse. La prioridad parece ser la atención y complacencia del varón de la casa. Las más pequeñas muestran todavía inocencia pero a partir de la adolescencia, el comportamiento sexual de las féminas cambia sustancialmente. Se me antoja una imagen como la de las abejas y la miel, aunque en esta ocasión, la miel se rebela contra ellas. Es un espectáculo grotesco y me atrevería a decir que vergonzoso.

El personaje de la actriz Nicole Kidman, como Miss Martha, conlleva la responsabilidad y el deber. Una cita de ella inspira su personaje en la trama: “La valentía es hacer lo que se debe hacer”. Su personaje es tajante, preciso, práctico… Ella es la mayor y la directora del colegio de señoritas sobre las que debe imponer educación y mostrarles qué es la vida. Tiene un carácter serio pero en ningún momento se muestra como perversa o amargada. Su interpretación es soberbia, como siempre.

Por otra parte, el personaje de la actriz Kirsten Dunst, como Edwina, transmite la resignación y la desdicha de quien desea estar en cualquier otra parte excepto donde está. Su insatisfacción se torna rebeldía totalmente desprovista de coherencia o sensatez. Deja a un lado su seriedad y se deja llevar por sus más bajos instintos. Peca de ingenua.

El personaje de Elle Fanning, Alicia, goza de más juventud que las anteriores y su forma de ser discrepa bastante de las mencionadas. Ella, desde un primer momento, tiene un único objetivo en mente: llevarse a la cama al Cabo McBurney (Colin Farrell) como un trofeo, sin importarle nada  ni nadie más.

En cuanto al personaje masculino, el Cabo McBurney, interpretado por Colin Farrell, resulta de alguna manera física, muy atractivo. El actor está guapísimo (lo es). No hay duda de que la interpretación es buena, sin embargo, su personaje podría meterse al público en el bolsillo y no es así. Deja bastantes interrogantes y los momentos en los que cae mal superan a aquellos en los que cae bien. Quizás el hecho de que sea un seductor y no un romántico, genera mucha desconfianza. De galán, pasa a espabilado y de espabilado a casi demente. Complejo personaje. Mérito tiene.

Lo sorprendente de toda la trama es que esa “desunión” entre las féminas por un hombre se vuelve a convertir al tiempo en unión de las mismas para combatir al que una vez fue el sueño de amante idílico y ahora es el enemigo. Resulta impactante la evolución de seducción femenina a miedo. Quizás la conclusión pudiera ser “si él no es para todas, que no sea para nadie”. Saquen sus propias reflexiones cuando la vean, por favor.

Independientemente de la trama en sí, comentaré, y para bien, que la estética de la película es excelente. La ambientación y el vestuario, el ritmo, la música compuesta por Phoenix… todo ello solo ofrece belleza y valor a ese contenido, que es lo que, desafortunadamente, no me ha convencido del todo, ni me ha dejado buen sabor de boca, más al contrario.

Sin más detalle, queda informarles de mi valoración sobre “La seducción” (2017), y es un meditado 5,5/10. Desde mi punto de vista, la película se muestra más dura de lo que cabía esperar y el desenlace me parece excesivo sin suficiente motivo para que así acontezca todo. No sé, me da la sensación de que la trama atraviesa un puente; en una orilla se intuía cierto machismo degradante y al llegar a la otra, emerge el feminismo más extremo. Valoren ustedes mismos.

Muchísimas gracias por su leal atención y hasta próximamente.

Un afectuoso saludo.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXX: Una reflexión personal sobre la película: “Los puentes de Madison” (Clint Eastwood, 1995)

 

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      La fascinante, intensa y breve historia de amor y pasión entre Robert y Francesca, que se encierra entre las hojas del libro ‘The Bridges of Madison County’, publicado por el escritor tejano Robert James Waller en 1992, fue traspasada a la gran pantalla por obra y gracia del director y actor Clint Eastwood. La obra literaria nos dejó a los lectores, sobre todo, a aquellos que adoramos el género romántico, ojipláticos, y ahí no terminó todo, pues, posteriormente, la película nos sedujo y ¡de qué manera! No hay duda de que el filme hace más que merecida justicia al libro de Waller. ¡Qué maravilla!

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Una sublime y sensible dirección a órdenes del gran Eastwood, un guión de Richard LaGravenese, una banda sonora original compuesta por Lennie Niehaus y una protagonista femenina de la altura y caché de Meryl Streep hicieron las delicias de cualquier cinéfilo amante del amor más intenso en todos los sentidos y sus devastadores, instintivos o racionales, efectos. Este trabajo cinematográfico es, simple y llanamente, perfecto. Espero que, con el tiempo, se convierta en un clásico por excelencia o en una inolvidable película de culto que generaciones futuras puedan disfrutar y cuestionarse… ¿en verdad puede existir algo así en nuestras vidas reales o tan solo nos muestran un amor de cine? 

Hoy no solo quiero hablarles de la película en sí, que tiene miles de críticas y reseñas hechas en su honor en internet. Deseo reflexionar, si me lo permiten, sobre lo que acontece en la trama. Si se pusieran en la piel de Francesca… ¿hubieran renunciado al amor por la familia? Si es verdad que “esa clase de certeza solo se presenta una vez en la vida”, ¿habrían dejado escapar la oportunidad o piensan que la oportunidad de amar y ser correspondido estaba reducida a esos cuatro días porque de otra manera, la esencia se habría esfumado con la rutina? No sé ustedes pero una servidora ha visto como unas veinte veces esta película y, sinceramente, tengo que decirles que unas veces me vislumbro haciendo lo que hace Francesca, y otras, en mi imaginación, abro la puerta de esa furgoneta y echo a correr hacia donde está Robert. A veces, solo a veces, grito a Francesca “¡escapa!” y otras, sin embargo, pienso “¡quédate!” (te vas a arrepentir si no lo haces, tarde o temprano). Es humano, supongo, en esa escena, cambiar de parecer. Por otra parte, su marido es un buen hombre, no parece teletransportarla a África en la intimidad, pero, a su manera, la quiere. ¿Y sus hijos? Una edad horrible para abandonarlos; las cosas, como son. Francesca podría haber destrozado a su familia en pro de su propia felicidad y, sin embargo, el deber como madre y esposa, la responsabilidad para con los suyos prevalece y es admirable, la verdad. Por una parte, el espectador, ve sacrificio, pero por otro, quizás, la mejor opción. ¿Puede ese amor y esa pasión concentrada en cuatro días durar eternamente? Pudo, ocurrió, ese amor, ese sentimiento se mantuvo vivo, pero sin que ninguno de los dos amantes renunciara a su forma de vida (familia y libertad), sin arrepentimiento, sin culpabilidad… estos sentimientos dañinos, a la larga, habrían destruido lo que de sincero sentían el uno por el otro.

Me gusta cómo él respeta la decisión de ella, pero no se rinde a la primera de cambio. Robert intenta que Francesca cambie de opinión por sí sola, pero al no lograrlo, él se retira dignamente. No hay amor más grande que el respeto, la no imposición de la voluntad de uno en otra persona. El hecho de que finalmente él entregue todas sus posesiones materiales al dejar este mundo, indica que ella estaba presente en él. No se olvidó de ella jamás. Fue una bonita manera de mostrar a Francesa que hasta su último aliento, ella estuvo presente en su existencia.

Destaco y valoro muy positivamente que tanto el escritor del libro como el director de la película sean hombres porque eso quiere decir que la sensibilidad y el concepto del verdadero amor pueden sentirlo, experimentarlo y expresarlo ambos sexos con la misma perfección de matices y detalles. Ambos supieron “relatar” al mundo algo precioso que mucha gente no logra vivir en toda su vida, por movida y popular que esta sea. Triste realidad, sin embargo, para eso existen los libros y el Séptimo Arte, para deleitarnos con belleza en todos los sentidos, esa de la que el mundo cada vez más carece. No hay costumbre de vivencias realmente bellas y profundas, y parece que tampoco se dedica el tiempo que requieren. ¡Vivir mucho y deprisa! Un gran número de  personas quieren sentir la adrenalina, arriesgan sus vidas con un parapente, bajan rápidos de agua, ponen su coche a 300 Km/h., se lanzan al vacío desde un puente bien alto, escalan el Everest… pero muy pocos se arriesgan, muy pocos gozan de la valentía hoy día para luchar por el bien más preciado de todos: el amor. Este sí que merece un salto bien grande, y sin chaleco salvavidas… ¡y no hay cojones! Justificamos la no durabilidad del amor, nos agazapamos en excusas como la rutina y la monotonía, y lo que existe realmente, es un miedo atroz a un compromiso que nos inunde, y que nos agite corazón, alma, cuerpo y mente sin tener que pagar una actividad multiaventura. Cuando tenemos algo bueno y de verdad, lo soltamos como si quemara cuando es ese ardor el que engrandece y da valor auténtico a nuestro paso por este planeta. Así es de estúpido el ser humano, que nunca sabe lo que tiene ni lo que quiere, y para reducir esa estupidez está la Literatura y el Cine, afortunadamente.

Muchísimas gracias por su fidelidad y atención.

Un afectuoso saludo y hasta la próxima entrada.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

“Si he hecho algo que te haya hecho pensar que lo que nos ha pasado no es nuevo para mí, que solo es una rutina, sí te pido disculpas.” (Robert Kincaid) 

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Ciclo Chocolat LXXIX: Una crítica personal “de película”: “Los miserables: la leyenda nunca muere” (Bille August, 1998)

 

La película que hoy comparto con todos ustedes no es nueva. Muy distante está de ser un estreno de la gran pantalla. Nada más y nada menos que casi 19 añitos hace que la pudimos ver por primera vez en una sala de cine, concretamente, el 19 de octubre de 1998 tuvo lugar su estreno en España. De seguro, ha llovido, damas y caballeros, pero no importa. Hay cosas que merecen ser recordadas y visualizadas décadas después. Hay buenas cosas que no caducan, que son imperecederas, como la sensación que me dejó este filme cuando lo vi (y sentí) en la pantalla grande siendo yo una reconocida y ferviente cinéfila, por aquel entonces, adolescente. Como saben, esta versión está basada en la genial obra literaria del escritor francés Víctor Hugo: “Les misérables” (1862). No cabe duda de que esta obra, base de esta adaptación cinematográfica que nos ocupa, es magnífica. Cuando la leí por vez primera, me transmitió la idea de bondad como un todo pero también de injusticia, de rabia, de dolor, de impotencia y de profundo pesimismo individual y social. Por otra parte, en esta película, sin embargo, se transmite todo esto en grandes dosis pero, estarán de acuerdo conmigo en que la trama tiene la justicia, el poder del bien y el optimismo que el libro no posee.

Como en toda película que se precie, el protagonista se nos muestra como un héroe admirable, tanto por nosotros, los espectadores, como por otros personajes. La parte en la que Jean Valjean (Liam Neeson) cumple condena está eliminada aunque se vislumbra el sufrimiento en sus palabras y en su rostro, la dignidad arrebatada durante dos décadas por haber robado pan debido a que pasaba hambre. En el lado opuesto está el villano, en este caso, un policía que en otro tiempo fue un carcelero, llamado Javert (Geoffrey Rush), y que profesa una desmesurada obcecación por Valjean y por el cumplimiento de la ley. Realmente no es tan malvado. La vida no parece haber sido muy gentil con él y, a pesar de que cree que un criminal debe pagar un precio, también se percata de que Valjean es un excelente ser humano al que interiormente admira confesándolo, finalmente, a su peculiar y personal manera.

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El reparto es maravilloso, uniéndose a Neeson y Rush: Uma Thurman (como Fantine), Claire Danes (como Cosette) y Hans Matheson (como Mario), entre otros. Todos ellos componen un conjunto único en interpretación.

La esencia interpretativa se concentra con más consistencia en Liam Neeson y es que el actor es la mejor opción que se puede encontrar si del personaje en cuestión se pretende que sea un corazón andante. No existe otro actor con ese don tan visible, quizás sea porque esa cualidad tan positiva es mayor si el recipiente es grande, y él mide nada más y nada menos que 1,93 m. Solo ver sus manos, la idea de ayuda, auxilio y protección vienen de serie, perfectas para la caricia en el inocente, e idóneas para el puñetazo en el malvado. Excepcional nuestro Liam. Todo lo que tiene de grande, lo tiene de adorable.

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En lo referente a su banda sonora, fue compuesta por Basil Poledouris, descendiente de una familia griega que, desgraciadamente falleció consecuencia de un cáncer hace once años. Suena muy bien y se adecúa a la perfección a las emociones y acciones. Muy bonita.

En mi opinión, Bille August hizo un brillante trabajo cinematográfico con un potente clásico de la literatura francesa. Da mucho juego e hizo excelentes elecciones para confeccionarlo. En la escena final, el espectador, si no siente algo especial, es que ha estado adormecido. La justice, la surprise, le bonheur et la liberté se concentran en esta inolvidable escena, en la cual el rostro de Liam Neeson va modificándose tras el inesperado suceso que acontece referente a su extraño y jamás odiado enemigo. La sensación al salir de la sala es indescriptible. La satisfacción y el alivio son absolutos. 

Es adulador e inspirador comprobar cómo una persona, un hombre, puede vivir de manera individual, sin meterse con nadie, preocupada por sí mismo y por el bienestar de sus seres queridos, sin envidia, sin odio, sin rencores, sin luchas banales por causas perdidas, sin ideologías, solo pensando en ser justo y útil. Valiente hasta la medula. Sin duda, el personaje de Valjean es un ejemplo excepcional de humanidad.

Creo que sobra decir que para mí esta versión de “Los Miserables” es la versión moderna mejor del Séptimo Arte. Califico este trabajo con un merecidísimo 8/10.

Les incluyo varias adaptaciones a la pequeña y gran pantalla que les pueden interesar… Disfruten de todas ellas. Cada cual tiene su detalle, su exclusividad.

  • Victor Hugo et les principaux personnages des Misérables (Hermanos Lumière, 1897).
  • Los Miserables (J. Stuart Blackton, 1909).
  • Los Miserables (Raymond Bernard, 1934).
  • Los Miserables (José Antonio Páramo, 1971).
  • Los miserables: la leyenda nunca muere (Bille August, 1998)
  • Los Miserables (Josée Dayan, 2000). Miniserie de TV.
  • Los Miserables (Tom Hooper, 2012).

Muchas gracias por su atención y hasta próximamente. Cordiales saludos.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXVIII: Una crítica personal “de película”: “Día de patriotas” (Peter Berg, 2016)

En esta ocasión, les traigo la crítica personal de un estreno en la gran pantalla, basado en el atentado de la maratón de Boston (Estado de Massachusetts, USA). Este trabajo nos presenta con minuciosidad, de la mano del director Peter Berg (“Very bad things”, “Collateral”, “Battleship”, “Copland”…), la historia del oficial de policía Ed Davis (Mark Wahlberg), que investiga los acontecimientos que desembocaron en la muerte de un terrorista y la detención de otro, ofreciendo una exhaustiva narración de la persecución que tuvo lugar por toda la ciudad para cazar a los responsables de tan atroz atentado.

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Como pueden observar en la imagen anterior, el reparto es estupendo. Cuatro actores de primera división (Wahlberg, Goodman, Simmons y Bacon) avalan “Día de patriotas”, y también completa dicho reparto, como la actriz más destacada, Michelle Monaghan (“Adiós, pequeña, adiós”, “Misión Imposible 3”, “La boda de mi novia”, “Código Fuente”, “La conspiración del pánico”…), que interpreta el papel de fuerte esposa del oficial de policía Davis.

“Día de patriotas” es un filme del género de acción ante todo, pero está basado en hechos reales de gran magnitud emocional. Sí, como en la mayor parte de las películas, contamos con el bueno y el malo, sin embargo, esta vez, el espectador puede sentirse más implicado, más sensible antes las imágenes que se le proyectan debido a que la ficción no es tan “ficticia” (valga la redundancia) en este título.

Asistimos a un espectáculo que inevitablemente produce en el espectador mil y un sentimientos contradictorios. La rabia, la impotencia, la incomprensión, el rencor más intenso hacia la actitud de dos mentes asesinas se entrelazan con la tristeza por las víctimas mortales, con la solidaridad hacia los heridos y con el orgullo que transmite la unión y la fortaleza de una ciudad que no se rinde ante el pánico que puede infundir el ser humano cuando su causa muy distante está del valor a la vida ajena.

Hay acciones que no tienen perdón ni olvido pero se sobrevive a ellas, quien tiene la posibilidad de hacerlo; no todos tienen tanta suerte en manos de criminales. El final, real como la vida misma, produce cierto alivio. Ambos asesinos son encontrados y cada cual paga su delito de una manera diferente pero bastante justa. No soluciona el daño hecho, ni mucho menos, y tampoco supone el castigo ejemplar que ciertas personas merecen, sin embargo, te das cuenta de que se haga lo que se haga con ellos, sus convicciones son otras, imposible de compartir con mentes equilibradas. Aun matando, creen que van a terminar en el paraíso. Solo esta idea ya da qué pensar en cómo funcionan sus maquiavélicos cerebros descorazonados y egoístas. Algunas escenas en la película justifican con garantía absoluta el “ojo por ojo y diente por diente”, y no lamento pensar así. Hay quienes lo sentimos de esta manera por gente que no conocemos, ¿qué pasaría si la vida que se han llevado por delante es la de un hijo, un padre, una madre…? La justicia es justa cuando el mal es erradicado por el bien. No hay más y en esto, deberíamos estar todos de acuerdo, pero de sobra sé que hasta en el concepto de bondad y dar el valor que merece una vida humana, el mundo discrepa.

El responsable vivo de la matanza fue condenado a inyección letal tras ser declarado culpable de los treinta cargos que se le imputaban. El joven no se arrepiente de nada. Sus abogados tienen la intención de apelar el fallo del jurado para conseguir que se conmute por la cadena perpetua. El proceso de apelación lleva mucho tiempo, de manera que el condenado a muerte está pasando su tiempo en la cárcel federal de Indiana antes de conocer su condena definitiva. El jurado de Boston tomó su decisión a pesar de que la pena de muerte normalmente no se aplica en Massachusetts, donde ningún convicto ha sido ejecutado desde el año 1947. La pena de muerte fue declarada inconstitucional en el estado en 1984, pero esa prohibición no es aplicable a este caso porque el reo fue juzgado en un tribunal federal. Este chico y su hermano fallecido fueron acusados ​​de haber detonado dos bombas de fabricación casera cerca de la línea de meta del maratón de Boston el 15 de abril de 2013. A consecuencia de ello, fallecieron tres personas (entre ellas, un niño) y más de doscientas sesenta resultaron heridas. La amputación de extremidades fue una medida a tomar en algunas víctimas ya que los asesinos se encargaron de que las explosiones produjeran el mayor daño posible.

Volviendo a la película propiamente dicha, decir que está bien hilada, que genera tensión durante las dos horas y diez minutos de duración. Goza de un ritmo adecuado, y la trama que combina muy bien lo real y lo ficticio, informando de un hecho y distanciándose mucho de lo que supone una noticia de prensa. Mantiene la expectación a pesar de todos los datos que el espectador posee previamente a la proyección sobre este cruel atentado terrorista. El director, Berg, ha hecho gran honor al título de este trabajo, transmitiendo esa idea de patriotismo que solo los Estados Unidos sienten como un gran valor en su día a día. Desde mi personal punto de vista, es envidiable que un país al completo, una ciudad, sienta que lo es, que cada ciudadano, cada persona, crea que forma parte de un todo único e indestructible, más importante que el individuo, más importante que uno mismo. Tienen el espíritu de comunidad y es absolutamente admirable. Me gusta que su cine irradie este sentimiento. Es un valor añadido al Séptimo Arte. Ese patriótico orgullo me fascina.

Sin más que añadir, me limito a calificar “Día de patriotas” con un merecido 7/10. El conjunto lo vale. Por cierto, la fotografía sobre la ciudad de Boston es visiblemente buena.

Muchas gracias por su fiel atención. Un saludo y hasta la próxima.

Gema M.ª Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte 

“Yo crecí en Nueva York, estuve allí durante el ataque a las Torres. En aquella ocasión, igual que en Boston, la gente mostró la mejor versión de sí misma, era gente ayudando a gente. Eso es lo que yo quise reflejar.” (Peter Berg)

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Ciclo Chocolat LXXVII: Una crítica personal “de película”: “A pleno sol” (René Clément, 1960)

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“A pleno sol” no es un estreno de cartelera, como pueden comprobar por el año y por la más que evidente juventud de uno de los actores más atractivos del panorama cinematográfico clásico francés. Esta película está basada en una de las más conocidas obras narrativas de suspense de la famosa novelista tejana Patricia Highsmith. Toda una escritora de tramas policiales, que ya ha hecho que su gran personaje, Tom Ripley, sea el centro de cinco novelas, originalmente traducidas como: “A pleno sol” (1955), “Ripley bajo tierra” (1970), “El juego de Ripley” (1974), “El muchacho que siguió a Ripley” (1980) y “Ripley bajo el agua” (1991). El filme que nos ocupa se basa en la primera de ellas, de ahí su título. Cinco son los actores que, en la gran pantalla, han interpretado a día de hoy a este escurridizo personaje: Alain Delon (“A pleno sol”, 1960), Dennis Hopper (“El amigo americano”, 1977), Matt Damon (“El talento de Mr. Ripley”, 1999) y John Malkovich (“El juego de Ripley”, 2002) y Barry Pepper (“Mr. Ripley el regreso”, 2005).

Añadir que la versión de 1999 fue dirigida por Anthony Minghella y protagonizada por Gwyneth Paltrow, Jude Law, Cate Blanchett y Philip Seymour Hoffman. Dicho trabajo fue nominado a cinco estatuillas doradas. Buena, la verdad sea dicha, pero la que nos ocupa, en mi opinión personal, es aún mejor. Sin embargo, obtuvo una brillante crítica pero ningún reconocimiento añadido.

El actor de ojos de cielo nacido en Sceaux (Francia) hizo un buen trabajo interpretativo y el director de Burdeos (Francia), también hizo una espléndida labor guiándole y obsequiando al espectador esa sensación de tensión en todo momento. Es difícil, imposible, justificar los motivos que llevan al protagonista a hacer lo que hace en la trama pero consigue que, en contados momentos, todos deseemos que no le pillen. Es atroz comentar esto pero tan solo se reduce a lo que un filme de este género transmite al público. Sin duda, resulta merecedor de cualquier castigo que se le imponga, e igual si no fuera Delon, sería más fácil asimilar esa idea. En mi opinión borda su personaje, con una expresión en la cara en determinados momentos, con una mirada mezcla de pánico y de odio, que no pasa desapercibida. Es bueno para hacer de malo. Posee cualidades para ello. El compañero de Mr. Ripley es Philippe Greenleaf, interpretado por el actor de Niza (Francia) Maurice Ronet. Él también hace un buen papel, regalando con su personaje ese toque de confianza e ingenuidad. El triángulo lo completa la damisela, Marge Duval, encarnada por la actriz y cantante francesa Marie Laforêt, la cual debutó en el Séptimo Arte con este trabajo. Ella está en medio de dos amores, muy diferentes ambos pero que la quieren y desean por igual, aunque uno de ellos con mejores artes. Como detalle del filme, comentarles que la actriz Romy Schneider aparece dos segundos en pantalla, interpretando a una de las dos amantes del amigo de Greenleaf, Freddie Miles (Billy Kearns), personaje que no tiene buen término dentro de la trama.

Sin entrar en más profundidades cinematográficas, califico la película “A pleno sol” con un merecidísimo 7,8/10. Muy recomendable para quien se considere fan del género policíaco y de suspense, y de su estupendo reparto, por qué no. Confieso que el cine galo no suele ser mi tipo pero esta vez me ha sorprendido gratamente.

Muchas gracias por su atención. Hasta próximamente…

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte 

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Ciclo Chocolat LXXVI: Una crítica personal “de película”: “La Momia” (Alex Kurtzman, 2017)

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De vuelta a este espacio de cine, con una nueva entrada, con un nuevo estreno en la cartelera. En esta ocasión, centra nuestra atención una película del género de acción y ficción, uno de los más deseados por mi persona.

El director, productor y guionista californiano Alex Kurtzman es un polifacético profesional en el Séptimo Arte, y su nombre está asociado a trabajos como “Misión Imposible III”, “La proposición”, “Transformers: la venganza de los caídos” o “The amazing Spider-Man 2: el poder de Electro”, “La Isla” o “La Leyenda del Zorro”, entre otros títulos.
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En esta ocasión, el estreno con el que se nos obsequia, requiere de un público al que le atraiga una trama entretenida, divertida, sin más. No hay complejidad pero sí buenas escenas con efectos especiales vistosos. Es cierto que la sinopsis es bastante original, mezclándose diferentes temáticas históricas y literarias. No hay que extrañarse de que en un proyecto del Sr. Cruise exista una mezcolanza un tanto arbitraria y puede que absurda. Recuerden que solo él es capaz de protagonizar un filme en el que los pasos de la Semana Santa española arden cual Fallas de Valencia, y en el que los toros corren libremente por calles y plazas sevillanas cual San Fermines de Pamplona. Él y solo él tiene esa licencia, esa libertad para hacer lo que le venga en gana con una trama en la que él suele ser la figura más destacada.

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Está claro que si a alguien no le agrada Tom Cruise en acción, por favor, evite todo contacto con “La Momia” (2017). He leído ciertos comentarios en los que se tacha de machista a este hombre por aparecer con mujeres a las que dobla la edad. Francamente, creo que él no ha firmado un contrato en el que ponga como condición que sus compañeras de reparto posean un límite de edad cronológica. Creo más bien que el caché tiene un precio a la hora de pagar sueldos y con la imagen de Cruise y de Crowe era suficiente en esta cinta. No da para más. Las dos actrices, tanto Sofia Boutella (Princesa Ahmanet y la momia) como Annabelle Wallis (Jenny Halsey), de seguro, han estado encantadas de formar parte de este reparto y codearse con dos actores que llevan unos cuantos añitos de “rodaje” sobre sus espaldas. Para ellas ha sido una oportunidad, sin duda. Muchos son los actores que han compartido cartel con mujeres más jóvenes y no se les ha criticado tanto, empezando por aquellos que dieron vida al agente 007 con licencia para matar. Si rememoran, la lista de ellos es larga. Suma y sigue. Es verdad, perdónenme, a mí Tom Cruise me ha gustado como profesional y como hombre de siempre, aunque soy muy consciente de la etiqueta de “mal actor” que lleva colgada al cuello para muchos desde 1981. Qué le vamos a hacer. Respetable cualquier opinión al respecto, incluso la mía. 

Volviendo a la película que nos ocupa: “La Momia”, de 2017, diré que el director ha dado un toque creativo, saliéndose de los cánones de una temática que ya se aprovechó demasiado bien en la película homónima de 1999, dirigida por Stephen Sommers y protagonizada por Brendan Fraser y Rachel Weisz. La actual versión nada tiene que ver con la mencionada. Hubo dos. Esta vez, se piensa en una trilogía sarcofágica. Cruise y las sagas. No resulta nada de extrañar tampoco.

La trama ofrece al espectador algún “sustillo” leve que otro, situaciones totalmente fantasiosas (rozando lo cómico) y como valor añadido a tener muy en cuenta, la destrucción del mal y la defensa de nuestros semejantes, seres humanos, con ciertos sacrificios, grandes sacrificios, si la situación así lo requiere. En un mundo caótico como el que estamos creando fuera de la gran pantalla, se agradece que se transmita al espectador una idea de verdadera bondad y de auxilio al prójimo. Nos conviene.

Como anécdota, y para poner broche final a esta entrada, decirles que en la fila de atrás, en la sala, una mujer ha comentado “pues no ha estado mal”. No sé por qué la filmografía de Tom Cruise tiene bastante mala reputación. Me alegro, por otra parte, de que, aun cuando las críticas y los comentarios, muchas veces, no sean los deseables, la gente se arriesgue a pasarse por la taquilla. La realidad, le pese a quien le pese, es que este señor estadounidense, Thomas Cruise Mapother IV, al que se le intenta anteponer su vida personal a su profesión, llena salas. Gusta, y sus ganancias son cuantiosas. No veo nada de malo.

Sin más argumentos, comunicarles que califico “La Momia” (2017) con un merecido 6,25/10, y también con la esperanza de ir a ver la segunda parte cuando sea menester. No hay nada como sentir esa emoción, en una hora y tres cuartos, de evasión cinematográfica, para reafirmarse en la idea de que “la vida es bella”, a pesar de todo.

Muchísimas gracias por su atención y lealtad, y por sus like, si los hubiere.

Gema M.ª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXV: Una crítica personal “de película”: “Piratas del Caribe: La venganza de Salazar” (Joachim Rønning y Espen Sandberg, 2017)

¡Quinta entrega de la saga del capitán más locuelo y salao que surca los mares en busca de nuevas aventuras en la gran pantalla! De seguro, habrá material de sobra para otras tantas películas más y por qué no. El personaje es fuente inagotable de historias, unas más divertidas y otras menos pero siempre con ese toque de alegría, frescura y vitalidad que nos ofrece la piratería. Los personajes han ido evolucionando, se han hecho mayores, pero apenas se nota; Sparrow (Depp), Elizabeth (Knightley) y Will (Bloom) presentan un físico espectacularmente conservado, diría que milagroso, pero haremos la vista gorda al detalle por aquello de la “ficción”.

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Capitán Jack Sparrow y Carina Smyth

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Capitán Salazar

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Carina Smyth y Henry Turner

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Cuatro personajes masculinos principales: Jack Sparrow, Barbossa, Henry y Salazar

El trabajo que nos ocupa recupera personajes como el Capitán Barbossa e incluye otros nuevos como: el malvado, Salazar (Bardem); la chica, Carina (Scodelario); y la bruja Haifaa (Farahani).

Cabría esperar que habiendo hecho ya cinco películas con el mismo hilo argumental, resulte ya cansado o aburrido seguir a estas alturas la saga, y tiene mérito que no sea así. Me considero fan, y como tal, he disfrutado de las cinco sin excepción. Para mi gusto, y si me lo permiten, voy a plasmar mi orden personal de preferencia, desde la que más me ha atraído, a la que menos:

1. “Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra” (2003)

2. “Piratas del Caribe: La venganza de Salazar” (2017) 

3. “Piratas del Caribe: En mareas misteriosas” (2011)

4. “Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto” (2006)

5. “Piratas del Caribe: En el fin del mundo” (2007) 

En esta entrega de dos horas y nueve minutos de duración, el espectador va a toparse con la acción acostumbrada… con unos efectos especiales que no pueden faltar, y de estupenda calidad… con diversión y toques cómicos… con el estilo inconfundible de los personajes fijos… y con nuevos… con una trama fantasiosa y con gancho… y con el tiempo exacto de duración, ni más ni menos… El conjunto al completo merece la pena. Ha habido esmero en este trabajo y el resultado es muy vistoso, apto para todas las edades, sin duda. La gran novedad en esta entrega es la dirección. Joachim Rønning y Espen Sandberg, ambos noruegos, suelen trabajar en equipo, y poseen una filmografía nada extensa pero en esta ocasión demuestran que saben lo que se hacen. Se mueven cual piratas en el mar 😉

La calificación que me parece justa para valorar este filme del género de aventuras de manera numérica es la siguiente: un 6,9/10. La recomiendo aunque el éxito en taquilla es incuestionable, y me alegro por ello.

Muchísimas gracias por su atención, y hasta próximamente.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXIV: Una crítica personal “de película”: “Una cuestión de tiempo” (Richard Curtis, 2013)

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Vuelvo a la vida de este blog de cine para comentar esta película, titulada en España “Una cuestión de tiempo”. No es un estreno de cartelera y hace ya cuatro añitos que pasó por la gran pantalla, sin embargo, yo tuve la magnífica oportunidad de verla anoche. Con sinceridad, no esperaba nada de este trabajo. No había escuchado hablar de ella pero, de alguna manera, el reparto, el nombre de Rachel McAdams y el de Bill Nighy me llamó la atención y despertó mi curiosidad. ¡Menos mal!

Me adentré en su trama: un cuarto de ficción y tres cuartos de realidad. Me empapé de las emociones que expresaba cada personaje. Me dejé llevar por esa esencia de tradición que hoy en día solo cautiva a una parte de la población: la de formar una familia, la de amar de verdad y comprometerse con el presente y con el futuro… y me dejé sorprender con las maneras, con ver un matrimonio funcionar en el que ambos cónyuges tiran del carro del día a día al 50%. La parte de realidad tiene sus más y sus menos como es lógico y la parte ficticia, trae a la trama esa moraleja final, tan certera: la vida es lo que es y no te libras de ciertas desgracias ni con poderes sobrenaturales.

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Todo el reparto goza de cualidades interpretativas. Irradian una naturalidad y unas ganas de vivir que se contagian al espectador. Nos topamos cara a cara con un juego existencialista. Vemos varios caracteres de personas que enamoran, que captan la atención sin posibilidad de querer evitarlo. Es sorprendente cómo una película del siglo XXI que recoge la vida de un joven que empieza a levantar el vuelo a los veintiún años y que va por la vida con un propósito fijado de encontrar novia, termina encontrando sin demasiado esfuerzo a esa mujer sobre la que no queda ni un resquicio de duda y con la que es inmensamente feliz y resolutivo.

Sin duda, este filme rezuma esa inspiradora fragancia británica, a la par de buenos títulos del género como son: “Notting Hill”, “Cuatro bodas y un funeral” o “El diario de Bridget Jones”. Por supuesto, el denominador común es Richard Curtis, el director y guionista de todos ellos. En este caso que nos ocupa, la actriz protagonista es canadiense pero no se nota. Resulta perfectamente adaptable. Ella, Rachel McAdams (38 años), ha demostrado ya con creces lo que vale en su profesión. Lleva casi tres decenas de trabajos sobre su persona y fue nominada a la estatuilla dorada en la categoría de mejor actriz de reparto por su intervención en el drama estadounidense “Spotlight” (Tom McCarthy, 2015). Supimos que con “El diario de Noah” su trayectoria tendría una tendencia más evidente hacia el género romántico pero ha tocado otros géneros sin problema alguno. Su belleza y su dulzura traspasan la pantalla.

Por otra parte, el protagonista masculino e indiscutible de “Una cuestión de tiempo” es el actor irlandés Domhnall Gleeson, como saben hijo de Brendan Gleeson, espléndido actor que ha intervenido en más de setenta títulos, entre ellos: “El sastre de Panamá”, “Harry Potter”, “Cold Mountain”, “El bosque”, “Pacto de silencio”, “Al filo del mañana”, “Troya”, “La gran seducción”, entre tantos otros. El hijo, de cabellos pelirrojos por herencia familiar, ha seguido la estela de su padre otorgando su presencia en películas como: “Harry Potter y las reliquias de la muerte I y II”, “Anna Karenina”, “El renacido”, “Ex Machina”, “Invencible”, entre otros, y volverá a aparecer en “Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi”, en el mes de diciembre de este año, cuando tendrá lugar su estreno. El chico, de 33 años, apunta a maneras en el mundo de la interpretación.

La nota de veteranía y de tablas en el buen hacer interpretativo la pone en esta cinta el actor inglés Bill Nighy, quien encarna a ese padrazo inteligente, culto, fuerte, sabio y con un enorme corazón, que ama a su hijo y que se siente orgulloso hasta la médula de él. Sin duda, la relación entre los dos hombretones es entrañable y deliciosa. Envidiable. En el personaje de Nighy se concentra la esencia de la película, la moraleja existencial. Él supone la realidad y la fantasía del paso por la vida. Él da forma al optimismo.

Sin más reclamo, evalúo este sorprendente trabajo con un merecidísimo 7’5/10. Valoro enormemente una película en la que los valores se toman como un algo natural y prioritario. La tradición se tiene en cuenta sin agobios ni críticas. Todos saben vivir plenamente haciendo lo que creen que deben hacer y no solo lo que quieren y se les ve auténticamente felices. Filme adorable en todos los sentidos. Recomendable.

1753949Banda Sonora “Una cuestión de tiempo”

(Compuesta por Nick Laird-Clowes)

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