Ciclo Chocolat CVI: Una crítica personal de película: “Puñales por la espalda” (Rian Johnson, 2019).

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He aquí un nuevo estreno de cartelera del que me gustaría hablarles en esta nueva oportunidad espacio temporal que se me brinda ante ustedes. Les presento “Puñales por la espalda”, una película cuya trama está hecha al más puro estilo de novela de suspense de Agatha Christie, habiendo sido el guion creado por el director de la cinta, Rian Johnson, responsable de trabajos como “Looper”, “The Brothers Bloom” o “Star Wars: Episodio VIII, Los últimos Jedi”.

¿De qué va este filme? Cuando el prestigioso y rico novelista de misterio Harlan Thrombey (Christopher Plummer) es hallado muerto en su casa, tras la celebración familiar de su 85º cumpleaños, el perseverante y educado detective Benoit Blanc (Daniel Craig) es contratado para investigar el caso por no se sabe quién. Pisará una sucesión de pistas confusas y mentiras convenientes para desvelar la verdad que se esconde tras el misterioso e intrigante suceso.

Confieso que tenía muchas ganas de vivir en un cine suspense de ese que inquieta y despierta la curiosidad. Ese estilo de suspense que nos mostraban grandes personajes como: la escritora de novelas policíacas Jessica Fletcher (Angela Lansbury) en su famosa e inolvidable serie televisiva, el inspector Colombo (Peter Falk), el inspector Hércules Poirot (David Suchet) o Sherlock Holmes y el doctor John H. Watson, por destacar ejemplos muy sobresalientes y únicos del género que me ocupa.

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Es verdad que en una trama de estas características, en una que se precie, el ritmo se hace lento, el diálogo abundante e idas y venidas, o modificaciones de escenas de acontecimientos que se sucedían de una manera y luego, resultaban ser de otra. Es entonces, cuando el espectador interesado, abre bien los ojos, se mantiene erguido y sujeto a la butaca e intenta seguir todas y cada una de las pistas que se le van mostrando hasta dar con el culpable o responsable, o con los culpables, o con los responsables o causantes de la tragedia acaecida. Sepan que son dos horas y diez minutos de atención constante y ni un ápice de cansancio o aburrimiento. La película es el producto de un una serie de factores inteligentemente entrelazados: un excelente reparto, un buen guion, una sucesión de escenas coherente y ordenada, sencillez en la presentación, personajes atractivos y una música adecuada a lo que se pretende inspirar en el espectador. La intriga está asegurada de la mano de un buen equipo cinematográfico.

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Destaco la actuación y presencia del detective Benoit Blanc (Daniel Craig) como algo insólito. Desde luego, esta vez, el caballero no nos muestra el estilo al que nos tiene más acostumbrados. Podría describirle como “salao” en este trabajo, rompiendo con el carácter más habitual al que nos tiene acostumbrados. Encantador. Por otro lado, contamos con el protagonismo bien visible de la actriz cubana Ana de Armas, y tengo que decir que creo que al fin, la muchacha se ha topado con un personaje que rompe con el encasillamiento al que se veía volcada como cara bonita en exclusiva. Por fin, con cero maquillaje y muy despreocupada en el vestir, el espectador puede vislumbrar a una actriz que puede dar mucho más de sí en la gran pantalla, sin dejar de ser guapetona. Que la belleza al igual que el saber, no ocupa lugar, es un hecho. Hurra por este par de actores, al que volveremos a ver en el mes de abril de 2020. Él, como agente James Bond, por última vez, y a ella, como chica Bond, por ver primera. Sin duda, el adelanto de poder verles actuando juntos en “Puñales por la espalda”, predispone a cierta garantía para el esperado estreno en los mejores cines el próximo año.

Sin más que añadir, me abalanzo a calificar esta estupenda película con un merecido 8/10. He disfrutado y me he quedado con una muy buena sensación. El muerto al hoyo, el bueno al pollo y el malo a jorobarse toca. He ahí el orden natural y justo de la existencia humana. Mil gracias, un cordial saludo y hasta próximamente…

GMGdB – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat CV: Una crítica personal de película: “Le Mans ’66” (James Mangold, 2019)

“Le Mans ’66”, actualmente en cartelera, nos muestra una realidad histórica en el ámbito deportivo, concretamente en el de la competición automovilística. Toma especial atención el Campeonato del Mundo de Le Mans del año 1966, en Francia, que consiste en una carrera de resistencia con duración de 24 horas. En aquel momento, la empresa estadounidense Ford fabricaba coches utilitarios en cantidades industriales y Henry Ford II se interesó por los coches de carreras para así competir con Ferrari y quitarle el enorme prestigio y la exclusividad en calidad de que gozaba. Así, el visionario automovilístico Carroll Shelby (Matt Damon) y el conductor británico Ken Miles (Christian Bale) encabezaron un equipo de ingenieros y diseñadores que tuvieron la excitante misión de crear un coche de carreras Ford que pudiese competir en el mencionado campeonato francés con intención de que fuera el mejor automóvil, el cual nada tuviera que envidiar al  que presentaba la casa italiana Ferrari.

La película gira en torno a la creación del que fue, finalmente, un coche Ford, modelo GT40. El camino hacia el éxito no fue un camino de rosas precisamente. Las espinas se encontraban por doquier en un mundo en que deporte y negocio son el mismo concepto. Mentes geniales, con don e ilusión, construyeron un coche de carreras de cero y lograron el propósito de que Ford se viera en un pódium más elevado, por encima de las expectativas y de la perfección de su contrincante Ferrari. Los baches a salvar fueron numerosos, y las traiciones y las decepciones, grandes, pero qué duda cabe de que el final fue como debía ser, absolutamente glorioso, espectacular y muy, muy satisfactorio.

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James Mangold, neoyorquino de nacimiento, nacido un 16 de diciembre de 1963, ha dirigido y coescrito este trabajo que hoy les presento. Él ha sido responsable de títulos de cine como “Logan”, “El tren de las 3:10”, “Kate & Leopold”, “Inocencia interrumpida” y “Copland”, entre otros. Es innegable que la elección de actores protagonistas ha sido más que acertada. Matt Damon y Christian Bale juntos transmiten muy buena onda, convencen, y ambos, cada cual con sus maneras, ofrecen corazón a la película. Los dos personajes son un auténtico pedazo de pan, y se agradece. Es bienvenido que existan personajes que no se dejen llevar por la ambición sino por lo que les apasiona, sin dañar ni pisar, ni utilizar a nadie. Creo que necesitamos de referentes así, de esta cilindrada. Por otra parte, la trama, aun cuando se espera con antelación el estruendoso ruido de buenos motores y un sinfín de vueltas por una pista, tiene la maravillosa peculiaridad de que ni cansa ni aburre en ninguno de los 152 minutos que dura este filme.

En el reparto, destaca como el personaje “malote” Leo Beebe, interpretado por el actor de impresionantes ojos azules Josh Lucas (‘Sweet Home Alabama’, “El secreto de los McCann”, “Hulk”, “Big Sur”, “Los mejores deseos”). De alguna forma, él rompe con las rosas, funcionando siempre con espinas. Cae fatal.

Tengo que añadir que es una película muy bien hecha, bien hilada, conexa, que toca al espectador y que enternece. Me ha parecido entrañable, llena de valores de los que hoy en día flaquean. Por todo lo expresado y, además, porque sí, porque me ha encantado,  porque supone un reclamo a la verdadera amistad, a la deportividad sana y a la humildad (que falta hace), califico este trabajo con un merecidísimo 9,1/10. La verdad es que logra que se salten las lágrimas, y choca, pero es así. ¡¡¡ Bravo !!!

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Ciclo Chocolat CIV: Una crítica personal de película: “Joker” (Todd Phillips, 2019)

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Intuyo de antemano que este es uno de esos estrenos de cartelera con los que se disfruta de lo lindo, articulando una crítica que, va a causar complacencia en algunos lectores, y decepción en otros, de seguro. Cuento con ello porque he ahí las diferencias palpables entre seres humanos. El mundo con patrones iguales de pensamiento sería muy aburrido, o eso dicen. La diversión se busca hoy en los lugares más insospechados, en los personajes cinematográficos más genuinos… y eso, venga, vamos con Joker (traducido, guasón, bromista, bufón, gracioso…). Vamos a desnudarlo, a desvelarlo, de la manera más seria y respetuosa posible. Leí el otro día que en esta película ni sale Batman, ni se le espera. Bueno, bueno, una servidora lo ha echado menos. Probablemente sea la única espectadora del mundo que así lo piense. Como saben, Arthur Fleck (Joker) siempre ha sido el antagonista del superhéroe Batman (hombre murciélago), desde mi punto de vista siempre fue un villano. En esta película el “payasete” parece un héroe. Toda la atención la acapara él y sus adversas circunstancias. Por fin podemos decir que no ignoramos las causas por las que este hombre es como es. No me gustaría, por otra parte, dejar como un héroe a quien es un villano, a quien soluciona problemas por el camino de la violencia. No querría caer en la trampa de, por pena, justificar todas y cada una de sus acciones, terribles algunas de ellas, y reiteradas. Si todos actuásemos de esta manera, si lográramos la satisfacción y la felicidad quitando vidas, el mundo sería un cementerio de dimensiones astronómicas. Entiendo la situación de desventaja social, de enfermedad mental, de infancia maldita, de desestructuración familiar, de no encajar en los patrones sociales aceptados y populares, y puedo llegar a comprender cómo sienta la marginación del mundo, la repulsión o incluso la falta de respeto y la risa de quienes se ven alejados de una situación así y funcionan sin empatía alguna. Esa respuesta del mundo, de la sociedad, de un gobierno rico pero sin recursos para quienes más lo necesitan… Esa es la gran tragedia que se respira durante todo el transcurso de la película. El drama humano existe, la realidad es oscura, la tensión está generalizada en la famosa ciudad de Gotham. Nos percatamos de que no solo Joker es un desgraciado; las calles se llenan de muchas otras personas que reivindican un cambio para quienes no son los ricos, los sanos, en definitiva, los nacidos estrellados, y no los nacidos con estrella.

El personaje Arthur Fleck (Joker), por primera vez en una película, es abierto en canal, desvestido ante los espectadores, despojado de su disfraz, con una conmovedora exposición de sí mismo en su día a día existencial. Jamás un personaje atractivo, carismático, pero lleno de artes maliciosas, fue compadecido de la manera en que puede hacerse durante el visionado de este trabajo. Por primera vez, Joker podría no verse como el cruel enemigo de Batman sino como un superviviente que hace llamadas de atención, que abre los ojos al mundo, a la sociedad, a los gobernantes y a los medios de comunicación. Sus métodos siguen siendo injustificados, muy desmedidos, pues resuelve con violencia y no siempre mata a culpables. Toma una justicia por su mano que ya no es justicia sino una venganza que se convierte en un acto placentero para él debido al trastorno mental que padece.

¿Quién se ríe de quién en esta película? Todo comienza con una carcajada a nivel colectivo, social… Arthur es utilizado y machacado física y psicológicamente. Finalmente, Joker, empieza a salir de su propio pozo negro, adquiriendo personalidad, haciéndose notar, y actuando frente a quienes se rieron de él. Por eso, aquello de “quien ríe el último, ríe mejor”.

El director, Todd Phillips (1970), neoyorquino de nacimiento responsable de títulos como “Resacón…” (I, II y III), “Juego de armas”, “Escuela de pringaos” y “Ha nacido una estrella”, entre otros, ha creado toda una obra maestra sobre un personaje del que nos faltaban muchos datos. Nunca me he planteado qué habría causado que Arthur necesitara convertirse en Joker, qué motivos le habría llevado al lado oscuro, como tampoco me lo cuestioné en el lobo de “Caperucita Roja” o en la madrastra de “Blancanieves”, es decir, no siempre buscamos las causas al mal. Nunca he creído que el ser humano sea bueno por naturaleza. A veces, el ser humano es como es y ya está. Elige un camino que puede no ser el mejor. No me alivia saber que hay unas causas porque si nos ponemos en situación, podemos resultar ser víctimas que caen al paso de personas así y, desde luego, morir en vano, involuntariamente, a manos de otro ser humano, ni me agrada ni me parece justo, y no creo que a nadie se lo parezca. Es decir, el hecho de conocer que Joker ha tenido una mala vida, no justifica que otra persona muera por eso. Y les digo más, no me parece justificado que un niño rico (o pobre) se quede sin padres porque la ira de la sociedad se halle desmedida por unas causas que no tienen nada que ver directamente con ese niño. Las cosas como son. Ese niño sí me ha dado una pena real, y cuando crece, a pesar del trauma, no se pone a matar inocentes. Creo que ven de qué lado estoy.

La película es excelente pero me confunde y mucho lo que el director ha conseguido transmitir. ¡Pobrecito Joker! ¡Anda, si se ha cargado a otro! Jajaja… qué gracia y qué feliz se le ve. ¡Baila y todo! ¡Qué bueno! Madre mía, qué lío de emociones y de opiniones, y qué mal me sentía al salir de la sala. No quería sentir lo que sentía. Desde luego, por favor, que nadie lleve niños a ver esta película. Ni siquiera es para adolescentes. Es una bomba de relojería en lo referente a ética y moral y en ese logro chapó al director. Enhorabuena. En cuanto a Joaquin Phoenix (“Gladiator”, “Her”, “El Bosque”, “Brigada 49”, “Los hermanos Sisters”, “Irrational Man”, etc.)… qué decir de él, de su interpretación, que sea malo. Nada en absoluto. Creo que él ya era un actor consagrado y que se ha tomado muy en serio su personaje, que se ha encarnado inteligentemente en Joker durante todos esos meses de rodaje y ha conseguido ser natural, auténtico y la mar de convincente. Todos los premios que le den serán bienvenidos y bien merecidos. De seguro, es el papel de su carrera. Excelente y excepcional. Olé por él.

La banda sonora, compuesta por Hildur Guðnadóttir tiene don. Crea la atmósfera perfecta en cada faceta del personaje y los temas elegidos en momentos de disfrute total de Arthur son, simple y llanamente, geniales, pues transmiten a la perfección ese nivel de gozo, de dicha, de entusiasmo. Fantástico todo el ámbito acústico de la película.

Si tuviera que utilizar tres calificativos para describir esta película serían, sin atisbo de duda, “desgarradora”, “impecable” y “absorbente”, y sin más preámbulos, valoro “Joker” (2019) con un contante y sonante 9/10. Muy, muy recomendable. Saquen sus propias conclusiones. Descubrirán, si no lo han hecho ya en el día a día, que el mundo prefiere el payaso que ríe, la sonrisa a la queja, y que tan solo la apariencia es hoy más importante que lo que llevemos dentro. Triste realidad pero así es y así lo muestra nuestro nuevo Joker. Mejor parecer un payaso que ser un desdichado veraz y demostrarlo.

Muchísimas gracias por su atención y lectura. Hasta próximos estrenos…

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Ciclo Chocolat CIII: Una crítica personal de película: “Ad Astra (Hacia las estrellas)” (James Gray, 2019)

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Hoy me siento entusiasmada con la crítica que les vengo a mostrar de este, ansiado por mi persona, estreno de cartelera. Ya me he confesado en más ocasiones irremediable fan del actor estadounidense Brad Pitt, y mi orgullo por él, a medida que pasan los años, es cada vez más verídico e intenso. Se lo está ganando con creces. Es un actorazo de los pies a la cabeza, y lo siento por aquellos cinéfilos que no lo vean así. Me manifiesto leal admiradora. Es verdad que este año unos cuantos hemos sido muy afortunados y hemos podido disfrutar de él en dos momentos muy seguidos en la gran pantalla. Han sido un par de trabajos muy dispares (“Érase una vez en… Hollywood” y “Ad Astra”) y en ambos sucumbimos ante la adaptabilidad y flexibilidad interpretativa de este bellezón rubio de cincuenta y cinco añazos, al que aún no se le ha concedido el Óscar, y hora es ya, por qué no decirlo o proclamarlo a los cuatro vientos, de nuevo…

 

 

Centrémonos en la trama… un astronauta de vocación y herencia llamado Roy McBride (Brad Pitt) acepta una misión en el espacio exterior para encontrar a su padre, desaparecido cuando llevaba a cabo un proyecto espacial hacía tres décadas. Miren si se trata de un relato de auténtica ciencia-ficción que el último punto del espacio al que llega el protagonista resulta ser el planeta Neptuno… La evolución en medios es gigantesca.

El director neoyorquino James Gray (1969), responsable de otras películas como “La ciudad perdida de Z”, “El sueño de Ellis”, “La noche es nuestra” o “Two Lovers”, nos hace conscientes de la existencia de un espacio a día de hoy inimaginable en distancia y conocimiento exhaustivo de las condiciones para poder sobrevivir. Nos adentra en un espacio donde el silencio y la nada se hacen más que evidentes. No obstante, Gray nos muestra esta realidad pero persevera en lo humano, en lo que encierra el interior de la mente, y no tanto el exterior espacial. Lo fundamental de la trama reside en los sentimientos, sensaciones, emociones y vivencias del protagonista. La trama no es en exclusiva planetaria sino humana, filosófica, trascendental a un nivel psicológico. No importa tanto dónde está el protagonista (aunque lo vemos y lo sentimos) sino qué le preocupa, qué se pasa por su cabeza cuando siendo muy joven su padre le abandonó a él y a su madre. ¿Qué queda en él ahora, en el presente? Esa lucha interna consigo mismo es lo que sostiene toda la película. Se puede caer en la tentación de comparar este trabajo con “Gravity” (2013) o con “Interstellar” (2014) y es lícito, no cabe duda, claro que recuerda, claro que se vienen momentos a la mente pero, en esencia, no tienen nada que ver ninguno de los tres títulos. Creo que “Ad Astra” supone uno de los trabajos más importantes de Brad Pitt ya que su cara, su expresión, su perfil, ocupa el 95% de los primeros planos de los ciento veintidós minutos que dura el filme. El actor permanece extremadamente expuesto ante la cámara dándolo todo. Los detalles faciales son el carné de identidad de “Ad Astra”. El ritmo de la trama, con ese ambiente puramente espacial, en el que el tiempo parece cuatriplicarse. Claro que es una película lenta. Todo lo que acontece y sobre todo dónde acontece desemboca sin remedio en ese paulatino avance hacia la luz al final del túnel, hacia el adiós al sufrimiento continuo que padece el protagonista. Vive por vivir y en sí mismo, sin dejar, sin permitir que nadie se acerque, sin dejarse querer y sin amar. Vive inmerso en su yo interior, en su yo roto, en su prolongada autodestrucción. No tiene miedo porque no valora su propia vida ni a las personas que, a pesar de todo su dolor, querían mantenerse a su lado. Es evidente que el abandono de un padre a ciertas edades es un palo muy difícil de superar y hasta no dar con respuestas, el padecer confusión, incomprensión, desazón y tristeza es lo más natural del mundo… pero hay que sobreponerse, sobre todo de aquello de lo que no se es directamente responsable, sobre todo de aquello que no podemos controlar, que no es nuestro error, ni nos hemos buscado esas consecuencias o realidad. Hay cosas que suceden y que son ajenas a nuestro yo. No podemos hacernos responsables ni llevar esa carga a cuestas de por vida.

 

Si tuviera que resumir la trama en un par de frases filosóficas recurrentes, serían estas: “hay que aprender a soltar lastre” y “es preciso centrarse en lo que y en quien realmente importa, en lo esencial, lo demás, sobra, es prescindible, desechable”. Es verdad que suena esquemático, robótico, mecánico, gélido pero he ahí las dos ideas clave en las que el protagonista debe trabajar a fondo, más que nada, para dejar de ser un sufridor muerto en vida y volver a nacer, a reencontrarse con su yo más sensible, más abierto, más acogedor e infinitamente más receptivo. Seamos sinceros. El personaje de Brad Pitt (Roy McBride) es un astronauta de diez, todo un profesional la mar de eficaz por no tener miedo a nada, por no temer perder nada de lo que creía ser. Como hombre, como ser humano, fallaba estrepitosamente, pero lo positivo es que, al ser muy inteligente, se hace consciente de su problema y se enfrenta a él. Se percata por fin de lo fundamental de la vida: aniquilar el dolor y volver a respirar sosegadamente, sin tanto resquemor, rencor o ira. Llorar si se necesita (aunque se sea un hombre), sentir y destruir demonios que engullen el alma y el corazón… y no es por nada pero ver llorar a Brad Pitt es una de las cosas más enternecedoras y compasivas que existen en una sala de cine. Ahí queda dicho.

En cuanto al reparto… decir que posee nombres muy interesantes como Tommy Lee Jones (padre de Roy), Donald Sutherland y Liv Tyler (pareja de Roy)… sin embargo, aunque los tres encarnan a un personaje importante en la vida del protagonista, el tiempo en que aparecen en la gran pantalla es mínimo. Brad Pitt se come prácticamente por completo la trama, y por supuesto, la pantalla.

La banda sonora fue compuesta por Max Richter (Alemania, 1966), y Lorne Balfe (Reino Unido, 1976) se incorporó al proyecto posteriormente como co-compositor. No es que llame mucho la atención el sonido pero sí que genera en el espectador cierta sensación de desconsuelo, de auxilio, de inquietud e impotencia. Desde luego, es perfectamente adecuada para el tipo de ambientación y para aquello que se pretende transmitir con lo que va aconteciendo.  

Podría estarme horas escribiendo sobre este estreno pero de seguro ustedes no van a dedicar horas a leerme así que lo dejo aquí no sin antes valorar “Ad Astra (Hacia las estrellas)” con un merecido 7’2/10. Les puedo dar más razones por las que me permito dar la calificación que ven. Intento ser lo más comedida y justa posible aunque me cuesta una barbaridad. La elección de Brad Pitt para este papel ha sido una decisión meritoria, sin duda, y este detalle tiene que quedar patente en la valoración final. No les miento si les confieso que en algunos instantes, muy pocos, y muy puntuales, sentí somnolencia pero que una servidora no es capaz de mantener los ojos cerrados ante tal maravilla masculina en grande delante. Reconozco que fui al cine en hora de siesta. Hubiera sido un despropósito imperdonable dormirme. Vayan a verla, por favor, y opinen. Estoy convencida de que habrá visiones para todos los gustos. Yo les he plasmado a golpe de teclado la mía. Recomienden, recomienden y recomienden.

Muchísimas gracias por su seguimiento y lectura, y hasta próximamente…

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Ciclo Chocolat CII: Una crítica personal de película: “Downton Abbey” (Michael Engler, 2019)

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Hoy les presento un estreno de cartelera de lo más reciente… aquellas personas que nos consideramos fans de la serie dramática de la televisión británica conocida como ‘Downton Abbey’ (2010-2015) estábamos esperando este ascenso a la gran pantalla como agua de mayo. Se trata de un drama de época, concretamente ambientado en los años 20, que nos muestra, con cuidadoso detalle, la sociedad inglesa del momento centrada en los tejemanejes de la familia Crawley y de su cercana servidumbre.

Recuerdo cuando veía con suma expectación cada capítulo… recuerdo con tristeza, rabia y decepción cuando uno de los personajes protagonistas, Matthew Crawley, interpretado por el actor Dan Stevens (“La Bella y la Bestia”), fallecía en accidente de coche, dejando esposa (Lady Mary) e hijo. Fue un capítulo cruel y en episodios posteriores, he echado mucho de menos a ese personaje, y en esta película que me ocupa, también… por qué no decirlo… solo en ocasiones, la falta de un personaje deja vacío en la trama y todo lo que acontece después parece un sucedáneo de lo que podría haber sido. Qué contarles de cuando también falleció la hija menor del matrimonio Crawley, Lady Sybil, dejando marido (Tom Branson) e hija. ¡Eso sí! No se preocupen, que ambos personajes han “rehecho” sus vidas o están en ello. El muerto al hoyo y el vivo al bollo, como se suele decir… y todos felices, incluidos los espectadores. 

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La película está muy bien llevada, excelentemente ambientada, con un vestuario majestuoso y bellísimo. Su ritmo es muy, muy lento y va en sintonía con aquel tipo de vida pasiva y esforzada para algunos, y tremendamente ocupada, más silenciosa e impuesta para otros, sin embargo, pienso que dicho ritmo es excesivamente pausado porque la trama es insuficiente. Para mi gusto, se queda algo recortada. Falta trama, falta un poquito más de movimiento, de suspense, de contenido, de frentes abiertos chocando… no sé, un algo más. No quito, en absoluto, mérito a la calidad de la película. Está muy bien hecha, muy correcta, muy oportuna, pero, como espectadora y seguidora de todas las idas y venidas de todos y cada uno de sus personajes, transmito que mis expectativas no han sido del todo colmadas, por muy poco, pero no lo han sido.

Destaco a Hugh Bonneville y a Maggie Smith como el par de actores británicos que deslumbran con su sola presencia, tengan un papel muy visible o no. Además, persisten, se mantienen, y esta realidad es de agradecer. Por otra parte, tocan el tema de la Monarquía (real) y de la República (hipotética), de la homosexualidad en oculto e ilegal… pero no se nos sorprende tampoco con un contenido histórico relevante, con pinceladas o detalles que surgieran realmente en la Inglaterra de los años 20. Insisto en que falta algo, quizás más que algo. Creo que no todo vale y que el director estadounidense Michael Engler se ha confiado. Quizás colme a quienes no han seguido previamente la serie y este sea su género cinematográfico preferido, de otra manera, existe algo constructivamente criticable. 

Sin más que añadir a lo escrito, mi calificación para este trabajo cinematográfico es de un 5,5/10. Lamento contradecir a tantas otras críticas pero la sinceridad en mi personal visión de este filme precede.

Muchas gracias por su atención, y hasta próximamente…

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Ciclo Chocolat CI: Una crítica personal de película: “Objetivo: Washington D.C.” (Ric Roman Waugh, 2019)

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Hoy, les traigo un estreno de cartelera cuya crítica me quedaba pendiente de mostrarles. Este trabajo de pura acción y adrenalina, ha sido dirigido por Ric Roman Waugh (1968), también intérprete y actor, original de California (USA).

Lo primero que entra por los ojos de este filme es el maravilloso y completo reparto que la película que me ocupa posee: Gerard Butler (“300”, “Posdata: Te quiero”, “Ciudadano ejemplar”), Morgan Freeman (“Seven”, “Cadena perpetua”, “Toda la verdad”, “Robin Hood: Príncipe de los ladrones”), Nick Nolte (“El Príncipe de las Mareas”, “El Cabo del Miedo”) y Piper Perabo (“El Bar Coyote”) y Danny Huston (“The Professor”, “El jardinero fiel”, “Furia de Titanes”), entre otros. Sin duda, es lo que realmente da potencia a la trama: actores de calidad. 

¿De qué va? Bueno, sepan que se trata de la tercera película de una saga con “objetivos” distintos: la Casa Blanca, Londres y ahora, Washington D.C. La trama, en cada una de las partes, ha puesto la mira telescópica en distintos puntos pero el nexo de conexión es que siempre se quiere atentar contra la Casa Blanca y todo lo que a ella concierne. En esta ocasión, tras un ataque inesperado con drones, el agente Mike Banning (Gerard Butler) es acusado de un intento de homicidio del presidente de los Estados Unidos de América. Perseguido por su propia agencia y por el FBI, el Sr. Banning comienza una carrera a contrarreloj en la cual ha de descubrir al auténtico grupo terrorista que ha focalizado su atención en su jefe y amigo, el presidente.

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Qué decirles de una película que se basa en la tensión que transmite en el espectador a base de movimiento y prisas. No es una novedad ya ni es una película de culto. Se trata, simple y llanamente de un thriller de acción, y comercial, que entretiene y que deja buen sabor de boca una vez que el bien aniquila al mal sin contemplaciones de ningún tipo.

Tanto el personaje malvado como el personaje que encarna al padre de Mike Banning (Gerard Butler) son geniales. Ambos se dan al 100%. Este último, interpretado por el famoso y experimentado actor Nick Nolte, quien hizo de pobre en la famosa serie televisiva norteamericana titulada “Hombre rico, hombre pobre”, de la década de los 70.

Les diré que no es una película de mucha calidad en su género pero entretiene, y pasarán un rato agradable en la sala de cine. Para quien le guste este género, para quien sea fan de Butler, Freeman… o para quien disfrute de lo lindo con el sonido continuo de tiros por doquier, siempre resultará un tiempo de pantalla grande agradecido y bien aprovechado.

Sin más carrete, califico este trabajo con un 5,6/10, porque sí, porque no da para más pero tampoco se le puede hacer de menos.

Muchísimas gracias por su seguimiento y lectura, y hasta próximas entradas a este blog.

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Ciclo Chocolat C: Una crítica personal de película: “Érase una vez en… Hollywood” (Quentin Tarantino, 2019)

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Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Quentin Tarantino. 

Hoy, mis cinéfilas palabras vuelven a estar ante sus retinas, queridos lectores. En esta ocasión, en la entrada número 100 de mi blog de cine, les presento la visión sobre el nuevo trabajo del director estadounidense Quentin Jerome Tarantino (1963), el cual, sin duda, no pasa inadvertido para ningún espectador, ya sea para bien o para mal. Confieso, y lo he confesado otras tantas veces, que no me considero admiradora de Tarantino, no soy una seguidora empedernida de sus trabajos, sin embargo, he de reconocer que “Érase una vez… en Hollywood” llevaba consigo otros atractivos y valiosos motivos por los que tenía que ir a verla al cine sí o sí. El primero fue, con total seguridad, la presencia de mi ídolo Brad Pitt y de su estilo característico y único de actuar. La segunda, mi admiración por Leonardo DiCaprio y su talento interpretativo. La tercera, la trama. Sentía mucha curiosidad por ver ese mundillo de los estudios de la Meca del Cine estadounidense en un momento crítico, hace más de medio siglo. Como fiel fan del 7º Arte, pisé hace unos años, tierras de L.A. (California, USA) y fue para mí como rozar el cielo con las puntas de los dedos. Toda una experiencia que jamás olvidaré. Es por ello, que cualquier posible asociación con ese punto del planeta me derrite.

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¿De qué va “Érase una vez… en Hollywood”? ¿Cuál es su sinopsis? Pues… verán, no sabría decirles… es decir, no es una película con el hilado habitual, con un comienzo, un nudo o desarrollo y un desenlace o cierre… Resulta complicado contar con exactitud de qué va… pero sí les diré que Tarantino ha transmitido una idea ficticia, cómica y camuflada de lo que aconteció en realidad: el asesinato de Sharon Tate, embarazada de ocho meses, y de los invitados que había en su casa, a manos de la familia Manson. Este triste suceso finiquitó con la idea del amor libre y con las buenas vibraciones que parecía traer aquel espíritu hippie que imperaba por aquel entonces. El suceso cayó como una jarra de agua helada en aquel caluroso día de principios de agosto de 1969, y abrió los ojos a mucha gente respecto a la cara oscura del ser humano en la época con más libertad que se recuerda. Pienso que Tarantino ha querido rememorar, hacer honor a todas esas fugaces glorias, en el caso de que llegaran a serlo… todas esas personas con un sueño en común: convertirse en actores y estar en la cúspide del éxito. Evidente es que muchos perdieron su sueño, su tiempo, e incluso su vida sin haber alcanzado su más alta aspiración. Tarantino ha mostrado lo fácil que era subir, y lo fácil que era bajar en picado, en un mundillo en el que, o la suerte y las relaciones sociales estaban de tu lado, o tocaba irse a casa con una mano delante y otra detrás.

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Lo realmente curioso de la película es que ninguno de los personajes que deberían ser relevantes, lo son. Tarantino nos presenta a Steve McQueen, a Bruce Lee, a Roman Polanski… pero la trama no se centra en ellos. Los personajes principales son Rick Dalton (Leo DiCaprio) y Cliff Booth (Brad Pitt). El primero es un actor de televisión en horas bajas y el segundo, su doble, cuyo personaje está inspirado en el que fue realmente el doble de Steve McQueen, conocido como Bud Ekins. Por otra parte, sí que hay un personaje real y es el de Sharon Tate, encarnado por la actriz Margot Robbie. Este personaje femenino resulta ser vecina de Rick Dalton en Cielo Drive, al norte de Beverly Hills. La realidad que se visualiza en dicho personaje femenino no es, en absoluto, la trágica historia que, en verdad, tuvo lugar, y por qué no decirlo, es un alivio. Está claro que Tarantino, como guionista, tampoco tiene precio.

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Margot Robbie.

Diría que este trabajo que hoy me ocupa no tiene una carga excesiva de violencia y agresividad pero sí que el espectador ve con claridad aquellos momentos que marcan el sello inconfundible del peculiar director y, no sé cómo quedaré diciendo esto pero es que esos momentos resultan los más cómicos de las dos horas y tres cuartos que dura la película. Llegué a reírme con lágrimas. Existen situaciones con un humor tremendo, que se agradecen sobremanera. Queda patente y demostrado que Brad Pitt y Leonardo DiCaprio son excepcionales por libre, pero juntos, muestran una química fascinante. Mi adoración por el Sr. Pitt se ha visto reforzada. aún más si cabe, por este trabajo a las órdenes de Tarantino. Sin duda, él pone la chispa. Su personaje cae excelentemente bien. Su personalidad es valiente, despreocupada pero responsable a la par, leal, humilde… Todo un amigo que cualquiera querría tener a su lado. Además, tiene una compañera de vida digna de un Óscar. Encantadora, sin más detalles.

Al Pacino, como Marvin Shwarz, cuenta con una presencia en la película muy reducida pero, desde luego, se hace notar, y su caché nunca está de más, al contrario. El personaje de DiCaprio abre los ojos ante su propia realidad profesional con el consejo y sugerencias de este, y es motivado, impulsado de alguna manera a no rendirse y a quejarse menos. Por otra parte, Margaret Qualley, hija de Andie MacDowell, ha sido la actriz revelación de Tarantino, interpretando el personaje de Kitty Kat, una hippie menor de edad que un día se topa con Cliff Booth (Brad Pitt). Por otra parte, no olvidemos que el difunto actor Luke Perry participó en esta película también, interpretando a Scott Lancer, que es el nombre del protagonista de la serie de la CBS ‘Lancer’, emitida entre 1968 y 1970, fechas similares en las que se ambienta la cinta que me ocupa hoy. Un estreno cinematográfico póstumo, por desgracia 😦

Una vez plasmada la información que he creído relevante, me centraré en mi opinión respecto a la película en cuestión. Mi sensación al salir del cine fue muy satisfactoria. De primeras pensé en “¿qué narices estoy viendo?”, “qué petardo”, “esto no avanza”, “¿hacia dónde vamos?”, “¿tiene algún sentido”?… De repente surge algo que te atrapa, y te lo pasas bien. Es muy extraño. Para mí es el mejor trabajo de Tarantino, por delante de “Malditos bastardos” (2009), que era mi preferida hasta la fecha. Reconozco que es una de esas buenas películas que no te llena volver a ver pero que valoras haber disfrutado mucho frente a la gran pantalla, con las risas de una abarrotada sala. Insisto en que la sensación respecto a todo lo que acontece es muy, muy buena. Una sale con muy buen sabor de boca. Tarantino, por fin, hace justicia respecto a un desafortunado suceso real del pasado, y nos lo presenta como hubiera podido acaecer en verdad. Ojalá hubiera sido así. Por ello, sin más dilación, califico este último trabajo de Quentin Tarantino con un merecidísimo (por muchos motivos) 8,9/10. Felicitaciones al director y guionista por su excepcional trabajo, y por la maravillosa elección de reparto. No tiene pega alguna. ¡Bravo!

Ojalá que vayan a verla. Recomendable. Por cierto, no se vayan de la sala en cuanto termine la película. Quédense un poquito más. Me despido de ustedes, leales lectores y cinéfilos, hasta más ver. Espero que sea más pronto que tarde. Mil gracias por su seguimiento 😉

#GMGdB##DelamanodelSéptimoArte 

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Brad Pitt, Leonardo DiCaprio y Al Pacino.

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Ciclo Chocolat XCIX: Una crítica personal de película: “El Rey León” (Jon Favreau, 2019)

Hoy les traigo, y promociono a la par, un nuevo estreno de cartelera. Parece ser que la Disney vuelve pisando fuerte con sus novedosas y modernas adaptaciones de los clásicos infantiles de animación de origen. Para mi gusto, lo está haciendo de fábula. El próximo mes de noviembre se cumple un cuarto de siglo desde el estreno en las salas españolas de la película de animación “El Rey León”, dirigida por Rob Minkoff y Roger Allers. Nada más y nada menos que casi veinticinco años después nos topamos en cartelera con un Simba de carne, hueso y pelaje, y ha merecido la pena la espera y el riesgo.

Confieso que tengo muy buenos recuerdos de aquel estreno de antaño. Recuerdo que me quedé atónita, siendo una niña, de la crueldad de la que hace gala su sinopsis. Cierto es que todos los trabajos de la Disney tienen su elemento trágico, la ausencia o muerte de algún ser querido muy próximo pero, en esta ocasión, el asesinato entre hermanos de sangre, supone, sin duda, una realidad tan antigua como lo acontecido con Caín y Abel en la Biblia. No tiene cabida ni precedentes en la trayectoria de la Disney.

Recordemos que “El rey león” fue la primera película animada de la casa Disney que contó con una historia original, en oposición a las anteriores producciones del estudio, que consistían en adaptaciones de obras que ya existían. Se tuvieron presentes en la trama rasgos de los personajes bíblicos Josué y Moisés, así como de “Hamlet” de William Shakespeare.

Esta nueva y elaborada versión cinematográfica mantiene la esencia de la película original, conservando las canciones, el hilo, los momentos importantes, los personajes y los valores auténticos que se defendían. Existen pequeños detalles, más cómicos que aparecían en la versión de 1994 y que se echan en falta, pero no cubren la sensación general que transmite este trabajo, que personalmente, resulta de lo más positiva. En cuanto a los personajes, qué sería de la película sin los míticos Timón y Pumba. Son únicos, y concentran en ellos el toque cómico de la película, como también ocurría en la película original. Son dos personajes auténticos. Admirables. Entrañables. Grandes.

Valores como la lealtad, el respeto, la humildad, la amistad, la responsabilidad, la preocupación por lo ajeno, la idea de que todos estamos unidos y nuestras acciones repercuten siempre en los demás y en lo demás… todo ello se contrapone con el concepto “hakuna matata”, que también se muestra y que, en determinados momentos de la vida, es preciso recurrir a él, viviendo, dejando vivir, y siendo feliz sin complicarse con aquello que no se puede remediar. Ambos puntos de vida quedan patentes y ambos son recurrentes en pro de nuestro bienestar respecto a nuestras vidas. Lo social frente a lo individual toma sentido, y ambas facetas existenciales son fundamentales.

Frente a todos esos valores básicos para una vida plena, aparecen elementos negativos, nocivos para uno mismo y para los demás. Todos ellos se concentran en un solo personaje que es el tito Scar, un león que no fue primogénito y que, por tanto, no heredó el trono, como su hermano Mufasa. Este león, que simula a la oveja negra de la familia, es caracterizado con aspecto físico deteriorado y con una inteligencia sutil e irónica. Vive al margen, sin normas ni protocolos, de manera individualista y liderando el lado oscuro de la sabana. Manifiesta egoísmo, ambición y pura envidia… sentimientos tan insanos y elevados que rozan una maldad perversa en la que tiene cabida asesinar a su propio hermano culpabilizando de ello a su sobrino. No ha habido en la historia de la Disney ser más despreciable y ruin que él. Sin embargo, como siempre, en el cine, la ficción es adorable y el bien siempre, siempre, siempre, vence al mal, aunque para ello se hayan perdido cosas muy valiosas por el camino. La justicia existe, sin excepción.

Respecto a la música, Hans Zimmer vuelve a ser el compositor de la magnífica banda sonora y las canciones de Elton John y Tim Rice vuelven a hacer acto de presencia, y se agradece profundamente. Por otra parte, el tema “Spirit” aparece en la película como novedad y complemento, y es interpretada por el personaje de la cantante Beyoncé (ganadora de veintitrés premios Grammy), Nala.

No voy a detenerme demasiado en obviedades. La trama es de lo más machista en muchos aspectos y quedaría por ser actualizada; sin embargo, quien se haya informado sobre la vida de los leones como especie animal, sabrá cuáles son las funciones de un león y cuáles las de las leonas, qué número de leones hay en una manada y qué número de leonas… Solo es necesario ver un documental de La 2 para comprobar que los leones son una de las especies animales más machistas que existen, y por ello, porque comprendo que, en la película, transmitan una imagen ajustada de la realidad de estos bonitos animales pertenecientes a la familia de los félidos, lo dejará estar, sin echar más leña al fuego.

Por último, y no menos importante, expresar lo admirable que resulta ver una película de animación digital, una realidad posible que nos sitúa en el siglo XXI y que nos demuestra el gran avance tecnológico, cada vez más perfeccionado. Toda una preciosa labor que, a la vista está, nos obsequia con un trabajo a la altura de las expectativas. No voy a decir que sea mejor o peor que su antecesora. En 1994, disfruté de “El Rey León” como niña que era; en 2019, he disfrutado de “El Rey León” como una niña. El “grave” rugido de Simba ha despertado en mí maravillosos recuerdos y sensaciones de infancia, y con mis ojos de adulta tengo el orgullo de haber sentido con intensidad de principio a fin. He vivido los 118 minutos de película al máximo porque lo vale, sin más.

No deseo demorar más mis conclusiones numéricas así que me dispongo a calificar este trabajo de animación digital con un merecido y meditado 7,9/10. Se lo recomiendo a todo el mundo, a grandes y a pequeños. Tiene mucho que aportar en el mundo actual respecto a humanidad, respeto y tolerancia, sobre todo, en este momento de la historia en que se respira tanto rencor y desprecio hacia las monarquías. Un león tenía el deber de ser rey porque así le era estipulado; el otro, soñaba con serlo. Solo tienen que comparar cómo queda la sabana con el reinado de uno y con el “reinado” del otro. Da para reflexionar sobre qué prioridades tiene una sociedad y por qué prioriza una forma de gobierno por encima de otra. Esperemos que la decisión y la opción sea concluida por el raciocinio y la prudencia, y no por sentimientos como los de Scar. ¡Vayan a ver “El Rey León” (2019)! ¡Muy, muy recomendable! 😉

Muchísimas gracias por su atención y lectura. Hasta próximamente…

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Ciclo Chocolat XCVIII: Una crítica personal de película: “Aladdin” (Guy Ritchie, 2019)

¡Muy buenas, estimados lectores y seguidores de este humilde blog de cine! Me presento ante ustedes con un nuevo estreno, llegado a las salas de cine españolas hace un par de días. Se trata de una adaptación de “Aladino”una de las historias más conocidas en la cultura oriental y que abarca “Las mil y una noches”. Sepan que no pertenece esta a la colección árabe de origen, sino que fue incluida en el siglo XVIII por el orientalista y arqueólogo francés Antoine Galland, primer traductor europeo de la obra al completo. Por otra parte, ya contábamos con una adaptación cinematográfica de animación creada por la factoría Disney en 1992.

El director, productor y guionista inglés Guy Ritchie (“Snatch: cerdos y diamantes” “Sherlock Holmes” y “Juego de sombras”, “Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur”…),  ha sido el responsable de este curioso trabajo personificado y aun cuando no es un género ni frecuente ni habitual, más bien ausente en su trayectoria cinematográfica, ha sabido hacerlo, no sin ofrecer, por su puesto, ese estilo inconfundible suyo. Este trabajo ha supuesto la oportunidad perfecta para crear un compendio dinámico, vital y con humor. Desde luego, ha sido para mí una gozada disfrutar al son de esos 128 minutos de película. Me sentí y me siento encantada.

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La presencia, el protagonismo y el carisma abrumador del actor estadounidense Will Smith (“Independence Day”, “Dos policías rebeldes I y II”, “Men in black”, “Siete almas”, “Enemigo público”, “Hitch: especialista en ligues”, “Focus”…) ha producido un efecto en este trabajo, que es innegable que sin él se hubiera logrado, por lo que la elección de actor para encarnar al Genio de la lámpara ha sido soberbia y sublime desde mi personal punto de vista. Absolutamente acertada. El resto del elenco actoral: Mena Massoud como Aladdin, Naomi Scott como la Princesa Jasmine y Marwan Kenzari como Jafar, se meten en la piel de personajes tan dispares que nos traen a la mente, sin remedio, el cuento tradicional que nos mostró la Disney en su momento, y lo hacen bastante bien, sin duda.

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La trama respeta la esencia del argumento que conocemos pero, a la par, añade un cierto toque novedoso, que lejos de romper con lo importante, lo envuelve toda la historia en una constante de color, acción y vida, sin dejar de lado la gran banda sonora que mantiene los clásicos de la película Disney ya que si hubieran faltado, esa esencia respetada se habría visto afectada negativamente. No ha sido así por fortuna. Se han podido cantar aquellas letras que recordábamos de la infancia sin problema alguno, sin añoranza ni extrañeza. Los escenarios, los efectos especiales, el vestuario… pura belleza en su conjunto. El resultado ha sido un digno cuento de princesas con un gran cambio añadido, que se hace necesario en este siglo: dar protagonismo a la voz de la mujer… ofrecer a la princesa el lugar, la libertad y la justicia que todo ser humano posee y merece, y que a ella le correspondía, aun cuando se trata del mundo oriental y sus culturas distan tantísimo de las occidentales. Bravo por Guy Ritchie que ha añadido ese elemento fundamental para que “Aladdin” se transforme en un cuento de este siglo, por fin. La adaptación a los nuevos tiempos, a la evolución es muy de agradecer.

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Sin más palabras, no les sorprenderé, tras estos argumentos, si les digo que valoro muy positivamente esta película y que la califico, sin pudor alguno con un 8,75/10. Este estreno me ha generado gran satisfacción y el hecho de salir contenta de una sala no tiene precio. ¡He disfrutado de lo lindo! y espero que muchos más espectadores lo hagan también. Recomendable para todos los públicos.

Gracias por su atención, lectura y seguimiento, y hasta próximamente.

#GMGdB – #DelamanodelSéptimoArte

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Ciclo Chocolat XCVII: Una crítica personal de película: “Identidad borrada” (Joel Edgerton , 2018)

¡Otra vez aquí! En uno de mis lugares favoritos. En este espacio de visión, opinión y cine. En este espacio de expresión y libertad. Bendito sea hoy y siempre un sitio así… con amplitud de miras, perspectiva, mente abierta y respeto. Me adentro en este instante en la reflexión personal sobre este trabajo dirigido por el actor, director y guionista australiano Joel Edgerton (1974). Para empezar, ¿de qué va este estreno? Bueno, pues se trata de un drama familiar en el que la homosexualidad de un joven (Jared) de dieciocho años da origen a tomar ciertas soluciones en torno a la participación en programas de conversión promovidos por la Iglesia Baptista, en nombre de Dios, en los Estados Unidos de América. La trama está basada en hechos reales, concretamente en la novela autobiográfica de Garrard Conley. Sepan que el personaje con el que entra en conflicto el chico homosexual protagonista, es interpretado por el director de esta película: Joel Edgerton, como Victor Sykes. Naturalmente, el papel de los padres del chico, interpretados por Nicole Kidman y Russell Crowe, resulta fundamental. Cada progenitor tiene una manera distinta de afrontar el problema, si es que debiera serlo en pleno siglo XXI. Se vislumbra una familia en la que el hombre lleva la voz cantante, tomando todas y cada una de las decisiones. La madre y esposa asiente, hasta que por necesidad, sensatez y amor, debe intervenir y contrariar (puede que por primera vez en su vida) a su amado marido. Cierto es que ambas estrellas bordan sus respectivos papeles y me encanta que Russell Crowe intervenga en este reparto. Es uno de esos actores cuyos personajes tienen un marcado toque de terquedad… siempre es un hombre pero muy tozudo, y nadie mejor que él para realizar este trabajo. Este par actoral ofrece una calidad interpretativa que magnifica este estreno de cartelera. Por supuesto, el actor neoyorquino Lucas Hedges (“Moonrise Kingdom”, “Matar al mensajero”, “Lady Bird”, “Tres anuncios en las afueras”, Manchester frente al mar”), con veintidós años y una nominación al Óscar (a mejor actor de reparto), al Globo de Oro (a mejor actor de reparto) y a un BAFTA (a mejor actor de drama) por su participación en “Manchester frente al mar” (2016), no se queda atrás en su talento. Está claro cuál es, mostrándose natural, convincente y transmisor de todo ese maremagnum de confusión, arrepentimiento, culpa… para posteriormente, transformarse en quien es, y no en quien alguien pretende que sea. Su personaje suponía un reto y, por mi parte, pienso que ha pasado la prueba con nota.

El tema es tratado con la sensibilidad y la prudencia esperadas. No hay duda de que la trama es muy dura. El espectador asiste a un planteamiento muy oscuro de una realidad que viven muchas personas en el mundo, e independientemente de cuáles sean las creencias de cada cual, la respuesta hacia ciertas diferencias en un ser humano respecto a una mayoría se torna, en este caso, degradante y destructiva, y de alguna manera, avergüenza y genera rechazo el hecho de que esa respuesta sea aceptada y promovida por la Iglesia, sea esta la que sea. Parece mentira la de gigantescos errores y equivocaciones que se pueden llegar a cometer y, para más recochineo, en nombre de un Dios (fuera el que fuere), cuando todas esos brutales fallos, despropósitos, salvajadas, son responsabilidad de las personas, del hombre, en todos los casos, sin excepción.

“Identidad borrada” supone, para el espectador, una visión más amplia de una realidad humana que existe, aun cuando hay quienes prefieren ignorarla, o transformarla en algo que encaje dentro de los reducidos y limitados umbrales de normalidad de algunas mentes. Me pregunto qué es la Iglesia, qué pretende involucrándose, entrometiéndose en las libertades y maneras de vida de la gente. Se supone que lucha por la vida, que defiende el bienestar humano, la paz entre los hombres, inculca valores en los que se incluye el amor y el respeto por las personas que son diferentes… ¿en qué se han basado para ir a saco contra quienes difieren en su inclinación sexual? ¿acaso toda persona que no vaya a formar una bonita familia tradicional es pecadora? Me gustaría entender cómo en pleno siglo XXI se puede tolerar que alguien sea condenado a vivir de una manera que atenta contra su propio camino hacia la felicidad. Pecado, pecado, pecado… se les llena la boca con esta palabra. No concibo la palabra “pecado” en este momento de la historia del mundo. Sólo concibo la palabra “delito” y creo que ser homosexual no lo es. Lo es ser un violador, ser un pederasta, traficar con pornografía infantil. Eso sí es un pecado en términos religiosos y es un delito en términos de justicia. Qué duda cabe al respecto.

La película que hoy me ocupa está bien hilada, mantiene el interés de principio a fin, derrochando bienvenidas interpretaciones y, además, su banda sonora deleita al oído con buenos temas musicales como, por ejemplo, ‘See me fly’ (Michael Barbera), ‘Revelation’ (Troye Sivan & Jónsi), ‘Who are you thinking of?’ (Jónsi) o ‘Fine again’ (Seether). Fantásticas canciones con letras conmovedoras.

Sin más palabrería sentida por mi parte, califico este estreno de cartelera, “Identidad borrada”, con un merecido 7’2/10, por todo, por su reparto, por la manera de transmitir, porque el director se ha implicado tanto con la cámara como encarnando al diablo (si es que existe en realidad) dentro de su propio elenco, por la elección musical, y sobre todo, por ese final auténtico y justo… por esa inmensa sensación de bienestar que deja cuando salen los créditos finales. Felicidades, Sr. Edgerton. Bien hecho.

Muchísimas gracias a todos los fans y lectores, por su atención y seguimiento. Hasta próximamente. Ojalá que sea pronto la siguiente ocasión para volver a tomar conciencia en este espacio cinéfilo 😉

#GMGdB – De la mano del Séptimo Arte

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