Ciclo Chocolat XCII: Una crítica personal de película: “Tully” (Jason Reitman, 2018)

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Después de demasiado tiempo, regreso con una nueva crítica personal de película. En esta ocasión, sorprendo y me sorprendo con un trabajo recién estrenado en las salas de cine españolas: “Tully” (Jason Reitman, 2018). El Sr. Reitman (1977) es un cineasta y actor canadiense, nominado a la estatuilla dorada dos veces en la categoría de “mejor director”, por “Juno” (2007) y por “Up in the air” (2009). De seguro, les sonará su apellido. Es hijo de Ivan Reitman, director responsable de trabajos como “Poli de guardería”, “El pelotón chiflado”, “Los cazafantasmas”, “Seis días y siete noches”, etc. 

Para este último trabajo suyo, Reitman escogió, de nuevo, a la actriz sudafricana Charlize Theron (1975), ganadora de un Óscar por “Monster” (Patty Jenkins, 2003), para protagonizarlo, teniendo que pasar esta valorada actriz por un cambio de aspecto bastante visible. Reitman ya había trabajado con ella anteriormente en “Young Adult” (2011). Nada más y nada menos que veinte kilitos tuvo que ganar la actriz para ponerse en la piel de una mamá (Marlo) nacida en 1977, con una casa hermosa, un marido, dos nenes y un tercero en camino. 

La película, que no sabría exactamente en qué género situar, resulta, desde mi modesto punto de vista, genial, ingeniosa, curiosa a la par que emocional. Sea un drama familiar con connotaciones cómicas, sea una comedia agridulce, admiro cómo el director ha plasmado una realidad muy dura adornada, encubierta, de manera inteligente, con un Séptimo Arte sensible y audaz. Theron hace un papelón, digno de otra estatuilla dorada, y la trama, la forma en que comienza todo, transcurre y concluye supone toda una reflexión que, a día de hoy, en pleno siglo XXI, hombres y mujeres deberían plantearse, y si pueden, lograr un cambio a positivo. Nunca es tarde si la dicha es buena. 

Reconozco que esta crítica me está suponiendo un enorme esfuerzo, no a la hora de ver cómo expresarme (sin problemas), sino en qué expresar para no cometer ‘spoiler’, algo de lo que, de fijo, me arrepentiría, porque quiero que vaya todo el que pueda a verla. La recomiendo. Intuyo que unas cuantas mujeres, sin miras más que en ellas mismas, no se sentirán identificadas y tampoco reconocerán que la película termina como tiene que terminar. Que unas cuantas mujeres, sobre todo de otras generaciones, hayan vivido cosas que no tendrían por qué respecto a sus maridos y al día a día familiar y casero, no significa que eso tenga que ser así ni que toda mujer tenga que hacer como ellas y aguantar y ceder continuamente ante una asquerosa e injusta realidad. 

Esta película me ha llegado, primero porque es muy original, y está bien hilada, transmite lo que debe, y segundo, refleja algo que en este siglo y con la evolución que se ha ido componiendo durante décadas, y que nos ha costado tanta lucha y tanto grito en la calle y en nuestras almas, es penoso, indignante, absolutamente lamentable que el papel de la mujer y del hombre en un hogar, a nivel familiar y profesional, no esté, a estas alturas, definido. Que las funciones en ellos y en ellas aún no acontezcan de forma natural y espontánea como algo compensado y equilibrado para ambos. Los problemas conyugales se solucionan con comunicación efectiva, no tragando y tragando, y mandando todo al garete al final o corrigiendo ciertos comportamientos cuando ya la situación ha explotado de alguna forma y alguien ya ha pagado con creces al límite de su aguante, desembocando en una consecuencia autodestructiva. Hay que pedir ayuda, hay que hablar, y hay que plantarse (STOP!) cuando no se puede dar más de sí. De otra manera, pagan justos por pecadores, y no hay derecho a vivir así. 

Charlize Theron, en el papel de Marlo, representa a tantas y tantas mujeres que se creen que lo normal es llevar toda la carga familiar sobre sí mismas y vivir una continua monotonía diaria mientras el hombre de la casa se “escaquea”, por medio de miles de excusas que para la fémina no tienen ninguna justificación, y que, sin embargo, acepta. El actor estadounidense Ron Livingstone encarna al marido de Marlo, Drew, un buen hombre con poquita sangre en las venas. Por otra parte, la actriz canadiense Mackenzie Davis da vida a una niñera un tanto peculiar… y hasta aquí puedo contar de este  curioso personaje.

A ver cuándo la sociedad se percata y se convence de que en las familias, la mujer, la madre, la matriarca, es un pilar fundamental de la vida cotidiana que sacrifica bastante de sí misma por su entorno, y que su felicidad o ausencia de ella repercute positiva o negativamente en cada rincón de la casa, en cada miembro de esa estructura social denominada familia. Una mujer desgraciada puede ser el punto y final de un hogar organizado y feliz. Todo debería funcionar al 50% porque es lo justo. La naturaleza ha volcado en el sexo femenino una serie de “imposiciones” que el hombre no posee, y que, a veces, este da por hecho sin ningún tipo de apoyo, comprensión, compañía, escucha o cierta implicación por su parte. En ocasiones, si ellos no dan el do de pecho, convendría que las mujeres exigieran un poquito más a esos compañeros de vida. Si el camino está lleno de baches… que sea para los dos, indistintamente. 

Para concluir esta entrada, y esta crítica personal, finiquitaré mis palabras calificando esta película con un merecidísimo 7/10. Por cierto, la banda sonora, compuesta por Rob Simonsen, está bastante bien, y los temas incluidos del pasado, muy pero que muy bienvenidos y estupendamente escogidos. Se agradece disfrutarlos. “Tully” es, por tanto, un trabajo muy recomendable, sobre todo, para amantes de este género medio comedia, medio drama, de índole familiar, con algún elemento ilusorio por ahí… ¡Vayan a ver “Tully”! No les dejará indiferentes. Se toparán con una trama sencilla, emotiva y digna de análisis posterior, y con unas escenas absolutamente conmovedoras.  

Muchas gracias, queridos lectores cinéfilos. Les dejo hasta próximamente…

Gema María Gómez del BarcoDe la manera del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat XCI: Una crítica personal de película: “Gorrión rojo” (Francis Lawrence, 2018)

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“Gorrión rojo” (2018) es una película de acción y espionaje cuya trama tiene lugar mayoritariamente en escenario ruso. Dirigida por el estadounidense Francis Lawrence, este trabajo suyo cumple con todo aquello que encierra una película decente propia de este género: movimiento, tensión, cierto suspense, giros inesperados, valentía, inteligencia, supervivencia, eficiencia, venganza y justicia.

La actriz protagonista estadounidense Jennifer Lawrence (“Los Juegos del Hambre”, “La gran estafa americana”, “Serena”, “Lazos de sangre”), la cual ya ha sido tocada, y su talento reconocido con el grato honor de la estatuilla dorada (a mejor actriz por “El lado bueno de las cosas” (2012)), teniendo a día de hoy tan solo veintisiete años de edad, lleva al espectador a un mundillo bastante alejado de una normalizada vida cotidiana, adentrándole de manera amena en ese mísero, desconfiado y solitario lugar donde hacerse un hueco, sentir que se es alguien de valor y ganarse la vida sin perderla al primer paso en falso, lo supone todo. Jennifer muestra, una vez más, que su vocación es interpretar y su sitio, la gran pantalla. Igual nos sorprende esta mujer con un drama familiar que con un thriller psicológico, y resulta exactamente igual de convincente en cualquier género que decida.

Centrándome en la película, de seguro querrán interesarse por la sinopsis. ¿De qué va? Bueno, pues les diré que el personaje principal, Dominika Egorova (Jennifer Lawrence), es reclutada en contra de su voluntad para convertirse en un “gorrión”, una seductora adiestrada del servicio de seguridad ruso. Dominika aprende a utilizar su cuerpo, su intelecto y su intuición como armas a la par que lucha por ser ella misma durante la totalidad del duro proceso de entrenamiento. Sacando su fortaleza de un sistema muy injusto, se manifiesta como uno de los miembros en activo más efectivos del programa. Su máximo objetivo resulta ser Nate Nash (Joel Edgerton), un funcionario estadounidense, de la CIA,  el cual dirige la infiltración más secreta de la agencia en la inteligencia rusa. Este par de agentes se ven envueltos en un bucle de deseo y mentiras que pone en peligro sus carreras, sus vidas, la lealtad y la seguridad de sus respectivos países. ¿Qué les parece? A simple lectura, el argumento engancha; la película, aún más.

En lo referente al reparto, acompañan a la Srta. Lawrence los siguientes actores y actrices: Joel Edgerton (“El regalo”, “Exodus: dioses y reyes”, “Star Wars. Episodio III”), Jeremy Irons (“Lolita”, “La Jungla de Cristal 3: la venganza”, “El hombre de la máscara de hierro”), Charlotte Rampling (“45 años”, “La lista”, “El veredicto”) y Mary-Louise Parker (“Tomates verdes fritos”, “Red”, “El dragón rojo”), Matthias Schoenaerts (“La chica danesa”, “Suite francesa”, “De óxido y hueso”) y Joely Richardson (“El Patriota”, “101 Dálmatas”), entre otros tantos. Todos ellos, estupendos, ofreciendo tablas y caché o, simplemente, dando lo mejor de sí mismos para encarnas sus correspondientes personajes. 

Está claro que no es una película ni simpática, ni agradable, ni mucho menos, inocente. No enseña buenas obras y tampoco nos ofrece la mejor cara del mundo, más bien todo lo contrario, quizás la más sangrienta, y sin embargo, se enumeran unos cuantos valores de calidad en personas que son como se debe ser, que hacen que la película recupere el sentido y la creencia de que la vida, a pesar de todo, merece la pena. El que la hace, la paga, y quien trabaja bien, obtiene esa recompensa, la de haberlo hecho lo mejor posible, decepcionando lo mínimo, protegiendo a los inocentes y enorgulleciéndose de sí mismos por haber mantenido el tipo y la integridad durante todo ese tiempo en que el mundo parece estar patas arriba. Chapó por todo el conjunto. Me siento encantada.

Sin más espera ni revuelo, me lanzo a calificar “Gorrión rojo” con un merecido 7,2/10. He disfrutado mucho en el cine y he salido satisfecha de la sala. Creo que en estos tiempos que corren, en los que el feminismo parece haberse subido algo exageradamente a la cabeza de la sociedad, una película en la que el personaje principal es una mujer hecha y derecha con todo lo físico y lo intelectual en su sitio, amueblada en todos los sentidos de la palabra, con una voluntad férrea, una identidad a prueba de bombas y unos límites bien consolidados hacia el sexo opuesto, la igualdad parece, en menor medida, una utopía. No todas las mujeres son iguales; solo algunas enorgullecen (o deberían hacerlo) a todas las demás.

Muchas gracias por su leal seguimiento y paciencia, lectores míos.

Un afectuoso saludo y hasta próximamente…

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte 

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Ciclo Chocolat XC: Una crítica personal de película: “Cincuenta sombras liberadas” (James Foley, 2018)

 

 

En esta ocasión, les presento una crítica de uno de los estrenos de este fin de semana en la gran pantalla española, el cual por motivos de curiosidad por el final de la saga, fui a ver al cine. Les diré al respecto que igual hubiera sido mejor esperar a verla en televisión pero no me arrepiento. El cinéfilo siempre se arriesga a ver trabajos excelentes, buenos, mediocres y nefastos, y eso es positivo para aprender a valorar. La sala estaba llena y en ciertos cines importantes han dejado tres y cuatro salas para proyectar este filme. La calidad brilla por su ausencia pero el boom es más que evidente, sobre todo en público femenino de todas las edades. Por qué será…

 

“Cincuenta sombras liberadas” supone la tercera adaptación cinematográfica de las tres novelas del género erótico de la escritora británica E. L. James, cuyas lecturas han supuesto una ventana abierta y una materialización de la fantasía sexual y romántica femenina. Sin embargo, tengo que comentar que esta última parte es, con creces, la peor de la trilogía. No es ya que suponga una saturación y no la novedad inicial, sino que su argumento es tan pobre que lo que parecía una trama de suspense y de comprensión por fin, por parte del espectador, de cuál es la raíz del trauma, de las sombras, del Sr. Christian Grey, se convierte en una auténtica minucia que no justifica en absoluto el comportamiento del caballero, sobre todo, porque nos percatamos, de que su extraño comportamiento, sus manías o vicios son aceptados y exigidos de muy buen grado por la que es ahora la esposa del susodicho, por tanto, lo que parecía ser una problema psicológico se convierte en una de las realidades de este hombre que resultan placenteras y hacen feliz a Anastasia. Entonces, ¿qué más da? Él no está curado de lo suyo pero es que no hay necesidad. La respuesta a su sufrimiento parece ser que era ella. Romanticismo sumo.

Me atrevería a decir que “Cincuenta sombras liberadas” es un tráiler más extenso. No aporta nada nuevo. Realmente, lo interesante estaba en el tráiler. Por otra parte, observando el panorama, analizándolo… pues bueno, es verdad que existe un gran nivel adquisitivo. El espectador se mueve en un mundo inalcanzable en la mayoría de los seres terrenales y la tradición está ahí latente, esa manera de hacer las cosas a la antigua usanza… pero en esta película el clasismo es tan exagerado que resulta algo trasnochado para los tiempos que corren, en pleno siglo XXI. Sí, es verdad, se han respetado detalles evolucionados como que la mujer decida, que exprese sus necesidades sexuales cuando tiene ganas y que él cumpla, que trabaje fuera de casa, que tenga la libertad de mantener su apellido de soltera si es lo que desea… pero no resulta convincente. Al final, la vida de ella ha seguido los pasos de siempre: noviazgo, casamiento, dos embarazos para lograr la parejita… El propósito de la trama resulta al final tan manido que yo salí decepcionada en todos los sentidos. Faltó suspense, faltó acción de verdad y dosis más pequeñas de la fémina de tiempos atrás que seguía ciertos pasos sociales y normalizados con breve tiempo de diferencia entre uno y otro para cumplir con lo que se creía eran las imposiciones de su naturaleza. Como detalle a valorar… que hoy en día nos presenten a una mujer que no se encuentra preparada para ciertas cosas y que sabe que su marido tampoco lo está, que ambos son muy jóvenes, y que cometan un fallo de concepción totalmente inesperado por lo visto y que la responsabilidad recaiga sobre ella en exclusiva. Habrá quien lo vea normal. ¿Dónde está la evolución ansiada? A mí me gustaría que ese tipo de sucesos se dejaran al margen y se mostrara una mentalidad más moderna, más abierta y más igualitaria en ambos sexos. Si no se quieren hijos o no es buen momento, que no vengan. El matrimonio no exime de que él utilice un preservativo, método que Christian Grey ha estado utilizando en las dos películas previas. Curiosamente ha sido contraer matrimonio Christian y Anastasia, e inyección anticonceptiva al canto por parte de ella. No más comentarios…

 

En fin, se trata de una película de lucimiento de coches (la marca Audi debe haber pagado) y de otros transportes (avión privado, moto acuática, bicicletas…), de casas, de servicio y guardaespaldas… Un mundo repleto de comodidades y lujos. Todo precioso, no lo niego, y bastante superficial también. Destaco el vestido de novia de Anastasia Steele… elegante, sencillo y precioso. Le sienta de maravilla. Me encantó, quizás lo que más de esta tercera parte (tristemente). Ellos, el par de protagonistas, tanto Dakota Johnson  (Ana) como Jamie Dornan (Cristian) se encuentran como pez en el agua. Naturales y correctos. Ojalá no se les encasille porque pueden dar mucho más de sí en el mundo interpretativo. Estoy segura.

Tras todo este texto que les doy a leer, me precipito a calificar este trabajo con un merecido (y lo siento) 3,75/10. No puedo ser más complaciente con la valoración porque sería muy injusto. Es una película que prometía dar mucho más juego, mejor dicho, prometía dar juego. Se ha quedado en agua de borrajas como quien dice. Podría haber sido mucho más aprovechada. Una lástima. Me alegro de no haber leído los libros, con sinceridad.

Muchísimas gracias por su seguimiento y atención, leales lectores. Un cordial saludo.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte dt.common.streams.StreamServer.jpg

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Ciclo Chocolat LXXXIX: Una crítica personal de película: “Los archivos del Pentágono” (Steven Spielberg, 2017)

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“Kay está en una posición en la que nunca pensó que estaría. Una posición de la que estoy segura mucha gente cree no debería tener. Y cuando te dicen una y otra vez que no eres suficientemente buena, que tu opinión no importa tanto… Cuando no solo miran más allá de ti, cuando para ellos ni siquiera estás ahí y cuando esa ha sido tu realidad durante tanto tiempo, resulta difícil no pensar que esa es la verdad. Entonces, para tomar esa decisión, arriesgar su fortuna y la compañía que ha sido su vida entera… bueno, yo creo que eso es VALIENTE.” 

(Tony Bradlee – Sarah Paulson)

Hoy, por fin (qué ganas tenía), les ofrezco la crítica de uno de los estrenos de cartelera de este recién estrenado año en las grandes pantallas españolas, cuya trama de periodismo y política recuerda a otros trabajos del género como: “Todos los hombres del Presidente” (Alan J. Pakula, 1976), “La sombra del poder” (Kevin Macdonald, 2009), “Spotlight” (Tom McCarthy, 2015) o “El desafío: Nixon contra Frost” (Ron Howard, 2008). Sin embargo, nada tiene que ver este título que nos ocupa en esta entrada, con los mencionados trabajos cinematográficos anteriores.

En “Los archivos del Pentágono” nos topamos así, de primeras, con dos astros del panorama cinematográfico de Hollywood: Meryl Streep y Tom Hanks. Un par con tablas, con la suficiente experiencia y talento como para lucir su naturalidad interpretativa sin parecer ante el espectador que el lucimiento es de ellos mismos, de una manera egocéntrica e individualista. Ella, la Sra. Streep, se pone en la piel de Katherine Graham, primera mujer editora del Washington Post. Él, el Sr. Hanks, encarna a Ben Bradlee, el director del periódico. Un asunto relacionado con el Presidente de los Estados Unidos en ese momento, Richard Nixon, del cual no daré más detalle, hace que el periódico se vea en la tesitura de publicar o de no hacerlo.

Dos focos muy, muy interesantes se entrelazan en la película. Por un lado, el derecho a la libertad de prensa (siempre que se trate de una verdad constatada) de informar al pueblo por muy comprometido y peliagudo que sea el tema a tratar y por mucho que perjudique la imagen de los gobernantes del país. Por otro lado, la realidad machista del momento, la dificultad de una mujer para poner en práctica las responsabilidades de un alto cargo, en una empresa que le corresponde legalmente y cuyo entorno está invadido de hombres que no creen en su valía, en su potencial, en su esfuerzo y en su trabajo diario. La mentalidad del momento se limitaba y se nutría de una sola idea: el papel fundamental y único de la mujer era atender la casa y criar a los niños.

Ambos personajes, tanto el interpretado por Streep como el interpretado por Hanks, cumplen con un extraordinario requisito: estar a la altura de las circunstancias. Ella, como madre, viuda y profesional que lucha por hacerse un hueco y no perder el negocio que heredó de su padre indirectamente. Él, como profesional que actúa bajo las órdenes de una mujer a la que respeta y llega a comprender, en parte, gracias a que su propia esposa le abre los ojos respecto a ella, y su dura realidad.

La película se resuelve muy acertadamente, con un ritmo muy acorde, con unos planos y unas conversaciones sensacionales. Sin duda, es uno de esos trabajos que requiere la constante atención del espectador por la cantidad de diálogo que surge, y lo mejor es que no cansa ni aburre. A mí me emocionó todo el conjunto. Pienso que Steven Spielberg lo ha hecho de fábula. No creo que se pueda resistir ningún género cinematográfico a estas alturas si se lo propone. Este trabajo suyo último rezuma valores, sensibilidad y una apertura de mente hacia tiempos muy diferentes, y para algunas personas, bastante peores. Nos muestra una ventana abierta al periodismo de los años 70 y a la irrelevancia de las féminas en el ámbito profesional de la época. La ambientación, sobre todo en detalles puramente periodísticos como son las imprentas, y la prensa en papel, es fascinante. Me encanta. Qué más podría añadir… El director Spielberg ha demostrado con creces que es un as de los instantes, de los detalles. Es capaz de realizar un trabajo impecable teniendo en cuenta además, una selección de protagonistas inmejorable.

Sin más miramientos, y evitando por todos los medios, no desvelar “contenidos secretos”, me tomo la libertad de valorar “Los archivos del Pentágono” con un merecidísimo 8,2/10. El trabajo es muy válido y muy recomendable. ¡Chapó!

Muchas gracias por su leal atención y seguimiento, queridos lectores.

Gema Mª Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

“La prensa está para servir a los gobernados y no a los gobernantes.”

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Ciclo Chocolat LXXXVIII: Una reflexión: “¿Lo romántico ha muerto? ¿se ha distorsionado su sentido?”

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Quisiera, y me tomo la libertad, de comentar, y compartir con ustedes, por supuesto siempre desde mi visión personal y particular del mundo, una reflexión que cine y vida real, las noticias diarias de prensa me han otorgado. Ignoro si estarán de acuerdo o se echarán las manos a la cabeza. Deben saber que si me pusieran un lápiz delante y me dijeran “escriba sobre él”, lo haría gustosa y con infinito detalle. Soy así y no parece que tenga remedio, quizás más al contrario, se va acentuando con la edad. Escribir siempre ha sido y será un placer me atiendan o no, pero si no lo hacen (libres son), seguiré en mis trece, no tengan ninguna duda. Si lo hacen, me sentiré extremadamente dichosa; no crean que me siento indiferente hacia mis lectores. Ustedes tienen efecto en mí.

“Romanticismo”, ese concepto que siempre me ha parecido bellísimo, esencial, y cuyo sentido, independientemente del movimiento cultural y artístico, ha sido y será imprescindible para mi persona. El cine lo ha mostrado en muchas películas de mil maneras y, a medida que la evolución es mayor, que los avances en el ser humano se van haciendo más evidentes, se va disipando la emoción y la ola de sentimientos que desprendían clásicos como “Lo que el viento se llevó”, “Con él llegó el escándalo”, “Gigante”, “Gilda”, “Desayuno con diamantes”, “¡Qué bello es vivir!” o “Tú y yo”, entre otros. A partir de 1990 nos topamos con ejemplos como “Eduardo Manostijeras”, “Ghost”, “Pretty Woman”, “Mientras dormías”, “Mujercitas”, “Grandes esperanzas”, “Leyendas de Pasión”, “El diario de Noah”, “French Kiss”, “Notting Hill”, “Orgullo y prejuicio”, “Tienes un email”, “Una mente maravillosa”, “Una cuestión de tiempo”, “Begin again”, títulos que tratan el amor en primer plano de una manera bonita, reposada, profunda, con un toque de perdurabilidad en el tiempo, de visión de futuro, con ilusión y esperanza… En el día a día, la realidad social se traduce en un sinfín de confusiones varias, de personas que se quieren pero no, que no saben querer, que se deseaban pero ya no se aguantan, que se conforman con quien pueden porque el amor de sus vidas se les escapó tiempo atrás… rupturas, divorcios, custodias, insultos, ni contigo ni sin ti… y ciertos personajes que van saliendo a la luz porque se llevan por delante la vida de las parejas o de sus hijos, personas por las que se suponía con certeza que debían sentir amor profundo. Qué concepto de amor se está fortaleciendo si se mata o se hace sufrir a quien se ama. Esto es rencor, es odio, es locura pero no es amor, de ningún modo. Curiosamente, hay personas que piensan que la Disney nos ha hecho mucho daño con sus princesitas y sus príncipes azules; considero, sin embargo, que las que nos han hecho machacado por completo son películas como: “Nueve semanas y media”, “Infiel”, “Sexo en Nueva York”, “(500) Días juntos”… y ¡no se lo pierdan! El trabajazo que ha aniquilado el amor y ha erradicado de pleno la dignidad de la mujer es uno muy reciente que supongo les sonará o han visto ya: “Blade Runner 2049” (Denis Villeneuve, 2017). Un espectáculo vergonzoso para las féminas tratándose, encima, de un filme futurista. Hay quien me dirá que se me ha olvidado incluir como películas asesinas del amor “Cincuenta sombras de Grey”. No, no la he incluido porque no está en esta categoría. Para ser un trabajo etiquetado como erótico, tiene más de drama romántico que otra cosa. Quiten lo carnal y verán a un hombre enamorado hasta la médula, con todo el peso de la tradición sobre sí… y ella le corresponde. Lo más.   

Por otra parte, justo cuando se supone que estamos en el siglo XXI y que la igualdad entre sexos tendría que estar casi establecida, no, al contrario; en España, estamos sufriendo un importante retroceso en el que el dominio, la sinrazón, el miedo y la inseguridad de algunos hombres desembocan en un sentimiento asesino, y posteriormente, suicida.

La mujer ha logrado unos derechos fundamentales para una vida digna, igual a la del sexo opuesto, más justa. En teoría, la mujer en la actualidad puede llevar una vida exactamente igual a la de cualquier hombre, es decir, puede votar, puede trabajar fuera de casa, puede opinar, puede hablar, puede decidir, puede comprar lo que desee sin ningún tipo de consentimiento ajeno, puede casarse con quien quiera o cuando quiera, puede arrejuntarse, puede quedarse soltera, puede acostarse con uno o con cien hombres si lo considera oportuno con un abanico amplio de opciones anticonceptivas o puede mantener relaciones con otra mujer si tiene esta inclinación sexual. Sin embargo, he añadido “en teoría” porque aún se sigue cuestionando la longitud de la falda si la mujer tiene algún percance con un hombre, su forma de vivir en el día a día, su cantidad de maquillaje, su actitud, y mucho más grave: la mujer, aunque el término “sexo débil” ha sido tachado de despectivo por la RAE, sigue siendo objeto de humillaciones, de abusos, de peligros, por los que el hombre no pasa… entonces, ¿dónde está hoy la igualdad real entre varones y féminas?

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No quiero ni pretendo, en absoluto, justificar los comportamientos masculinos pero me pregunto si las mujeres no han puesto su granito de arena para que en ese ansia de parecerse al hombre (cuando no somos iguales en nada) han eliminado algunas de las funciones que el hombre tenía y que formaban parte de su naturaleza: la conquista, la cortesía… las mujeres les han puesto el camino tan fácil que muchas de ellas no son valoradas y son tratadas como mulas de carga, como un juguete sexual o como un vientre y ellas mismas han contribuido a que así sea. Lo toleran. Ahora, hay unas cuantas féminas que no quieren y no permiten que se las deje pasar primero, que se las abra una puerta, que se las regale un ramo de flores, que se las ayude a llevar bolsas… odian lo tradicional, quieren hacerlo todo ellas, tanto es así, que el hecho de que pasen por una clínica y se queden embarazadas sin necesidad de ellos es ya una realidad viable y efectiva. Respetable es, por supuesto, pero estamos perdiendo el concepto original de HOMBRE con mayúsculas y, sinceramente, a mí, como mujer, me da lástima, porque si resulta que la evolución, y la igualdad está para que una tenga que hacer más que antes, no tiene sentido alguno convivir con un individuo que, en la actualidad, ni siquiera es un pene, sino una pena innecesaria. Los hombres no pueden permitirse amar porque no confían, ya que interiormente tienen un miedo atroz a enamorarse, que la susodicha prescinda de ellos y se quede con todo. Ellas, las que tienen una cabeza más amueblada y más individualista, tampoco se lanzan a amar porque también tienen miedo a sufrir, a que ellos utilicen la fuerza contra ellas o contra sus hijos, si los hubiere. El panorama es peliagudo.

Dicho todo esto, si analizan el patrón de conducta de un personaje literario y posteriormente cinematográfico como el Sr. Darcy, muchas de ustedes se percatarán de que hoy nos falta todo aquello que se debería valorar de un hombre y que para nada engulle ni la libertad, ni la independencia, ni la autosuficiencia ni la igualdad de una respecto al sexo opuesto; simplemente, se trata de un individuo con carga cromosómica XY que está enamorado, que ama a la mujer con sus defectos y virtudes y que haría lo que fuera por ella porque se trata de AMOR, no de capricho, no de atracción física en exclusiva, no de deseo sino de un todo profundo, con una implicación mental y un compromiso y entrega absolutos. Seguridad, sin más. Lo demás, son sucedáneos que pocas veces llegan a buen puerto, salvo que se dejen llevar y se aguanten mutuamente lo indecible. El miedo, el orgullo y el pasotismo actual de un hombre da paso a que se dejen llevar por la primera que les hace ojitos, se les cuelga o se abre de piernas y eso no es beneficioso para ninguno. La insistencia, la perseverancia, esa preocupación por ganarse a la afortunada de mil maneras, por dar argumentos y explicaciones, se transforma en una apatía, en una indiferencia que termina en manos de la mejor postora. Díganme qué aliciente tiene esta manera de actuar para ninguno de los sexos. La “caza” siempre fue cosa de ellos y ahora son presa. ¡Pobres! ¡Menuda transformación! Es natural que a muchos les dé ya lo mismo sentir que no, querer que no, porque en el fondo se rigen por una profunda desconfianza hacia la mujer. Desde luego, con este “funcionamiento” del siglo XXI, ninguno gana, mucho menos un trofeo digno de orgullo. Las mujeres cumplen objetivos pero no exigen nada; esperan un “te acepto” de ellos y ya. Ya parecen contentas. Todo deprisa y corriendo. Aquí te pillo, aquí te mato, y al tiempo, tienen al abogado o están lanzando las pertenencias de él escalera abajo. Qué desgracia. A ellas les falta valorarse a sí mismas y a ellos, valentía. Grotesco espectáculo de almas perdidas, vacío en el corazón e insatisfacción existencial.

¿Seremos finalmente robots u hologramas que se esfuman con un mando cuando no nos interesan? ¿se verá en unas décadas el ser humano despojado de cualquier emoción? Camino vamos de ello. El miedo, la ira, la soberbia, el rencor, el despecho, la indiferencia, el interés, el orgullo, el capricho momentáneo… todo ello está haciendo imposibles las relaciones humanas entre ambos sexos con cierta solidez y autenticidad. Vuelvo a describir, a alabar a mi idolatrado Sr. Darcy… un hombre que teniéndolo todo, escoge a la mujer que se lo ha robado todo sin pretenderlo, y en un alarde de valentía y seguridad, va a por ello, a por el amor de su vida, porque no concibe la vida sin ella, porque sin razón aparente, él no quiere vivir despojado de su complemento perfecto. ¡Un rechazo! ¡y qué! Él sigue intentándolo. Él sigue ahí sin desfallecer, sin rendirse, perseverando, ganándosela poco a poco… y no es que se esté quitando valor a sí mismo, es que él lo vale, él es un hombre de los pies a la cabeza, un caballero, un amor de los que ya no quedan, el auténtico regalo, el perfecto compañero de vida para cualquier fémina que se precie. Qué me dicen del miedo de ella, de Elizabeth Bennet, a perderlo tras su orgulloso rechazo. El intenso amor entre ambos es mutuo y eso se hace patente en toda la trama. A aquellos hombres que a día de hoy piensan que hacer lo que hace el Sr. Darcy es infravalorarse ante ellas, que se lo hagan mirar. En realidad, es baja autoestima, es miedo, es pereza, comodidad y/o complejos varios. Que se lo replanteen y seguramente les irá mejor en las relaciones. “El que la sigue, la consigue”. Tan cierto como que respiramos.

¡ FALTA ILUSIÓN Y SOBRA CEGUERA !

Muchas gracias, damas y caballeros, lectores todos, por su atención y seguimiento.

Gema María Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXVII: Una crítica personal de película: “La hija de Ryan” (David Lean, 1970)

Esta vez, la ocasión lleva consigo un clásico, no un estreno de cartelera. Sin ir más lejos, ayer noche emitieron “La hija de Ryan” en televisión y me decidí a verla. Por lo visto, tras este estreno del 70, el genial director británico David Lean, responsable de majestuosas obras maestras como “Lawrence de Arabia” (1962) o “Doctor Zhivago” (1965), permaneció en oculto nada más y nada menos que catorce años, recuperándose de las negativas críticas que recibió por aquel entonces. Las relaciones no fueron muy buenas con su protagonista, el famoso actor Robert Mitchum, pero este mismo afirmó y reconoció públicamente que había sido, sin duda, su mejor interpretación, así que el director tuvo parte de mérito, claro está.

El trabajo (infravalorado en su momento) de Lean fue elogiado con dos estatuillas, una de ellas para el mejor actor secundario John Mills, encarnando magníficamente al personaje Michael, un discapacitado intelectual que aparece durante toda la trama, y la otra, para la mejor fotografía, realizada por Freddie Young.

“La hija de Ryan” luce un reparto de diez: Sarah Miles (Rosy Ryan), Robert Mitchum (Charles Shaughnessy), Trevor Howard (el Padre Hugh Collins), John Mills (Michael) y Christopher Jones (Mayor Randolph Doryan), entre otros.

¿De qué trata este sonado clásico? Rosy es la hija del tabernero de una pequeña población en la costa de Irlanda, durante la Primera Guerra Mundial (1916). El país está ocupado por el ejército británico. Los habitantes y la resistencia irlandesa aprovechan cualquier momento para combatir a los ocupantes. La joven Rosy desea un amor apasionado, ser fina y educada. No se encuentra por tanto cómoda en el pequeño y cerrado pueblo que no da respuesta a sus recientes anhelos. La única persona que ella considera apta para sus pretensiones es el maestro de escuela, Charles Shaughnessy (Robert Mitchum). Charles es un hombre corriente, viudo, bastante mayor que ella. Rosy piensa que está enamorada del maestro y ambos terminan contrayendo matrimonio. Sin embargo, cuando llega al pueblo un joven y atractivo militar británico herido en el frente y con importantes traumas de guerra, el mayor Randolph Doryan (Christopher Jones), ella se percata de que sus deseos carnales pueden ser satisfechos… y hasta aquí puedo contar…

Es innegable que solo la lectura de la sinopsis ya atrapa, sobre todo para aquellos que además, de amantes de los clásicos de cine, se consideran fans del género romántico. Cuando se adentran en lo que acontece durante las tres horas y cuarenta y tres minutos que dura, y escuchan de fondo esa banda sonora, de seguro les traerá recuerdos de los otros grandes trabajos de Lean pues se trata del mismo compositor: Maurice Jarre.

Para mí, lo mejor de la película, lo que roza la excelencia, se centra en dos grandes detalles: el magnánimo, digno, paciente, leal, comprensivo, honrado y empático personaje que interpreta Robert Mitchum, como marido que ama de veras a su joven dama contra viento y marea, y el admirable y tremendo personaje de Trevor Howard (Padre Collins) como cura del pueblo. Este último, uno de los personajes religiosos con más humanidad, corazón y sensatez de la historia del cine; un siervo de Dios sencillo, preocupado realmente por las necesidades de educación, protección y civismo de su pueblo y no por atemorizar o amenazar con el infierno a los feligreses (y a los que no lo eran). Me encantó. Soberbias ambas interpretaciones.

En la trama se respira la ignorancia, la mala baba y la ociosidad de un pueblo, el ferviente machismo extendido entre los hombres y entre las mujeres (en estas con mayor rencor y malicia), el odio por el enemigo de guerra entre civiles, la bondad e incapacidad de hacer daño de quien tiene limitado su intelecto… todo ello, en su conjunto, conforma una trama que ya quisiera el cine actual. Cuando veo y disfruto un clásico así, tan lleno de todo, tan completo, me pregunto por qué el siglo XXI produce, en términos generales, un cine tan de papel, tan carente, tan insulso. Da rabia.

Para terminar, solo puedo expresar un merecido “¡CHAPÓ!” al Sr. Lean, fallecido en 1991, y valorar “La hija de Ryan” con una calificación de 8,5/10.

Gracias a todos ustedes, mis lectores, mis seguidores, todos, cinéfilos… por su leal atención y amabilidad. Hasta la próxima. Saludos.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXVI: Una crítica personal de película: “Asesinato en el Orient Express” (Kenneth Branagh, 2017)

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Regreso a este humilde blog con un estreno de cartelera. En esta ocasión, nos ocupa una obra del género de suspense, una nueva adaptación, un nuevo trabajo basado en la famosísima y homónima novela de suspense de la escritora británica Agatha Christie: ‘Murder on the Orient Express’ (publicada en el año 1934). El director, guionista y actor cinematográfico y teatral británico, Kenneth Branagh, es el responsable de este producto, como director y como protagonista del filme, y no lo ha hecho nada mal.

Se trata de la versión moderna de aquel magnífico clásico de 1974, dirigido por Sidney Lumet, cuyo reparto brillaba por su excelencia: Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Sean Connery, Anthony Perkins, Jacqueline Bisset y Richard Widmark, entre otros. Albert Finney encarnaba por aquel entonces al personaje principal, al famoso detective belga Hércules Poirot. En la versión de 2017, que nos ocupa, es el propio director quien luce el prominente bigote y ese agudo olfato para dar con el asesino. El reparto actual tampoco se queda atrás: Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp y Michelle Pfeiffer ofrecen su experiencia en el mundo de la interpretación, con la esperada soltura.  

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El ritmo es lento pero el clima de suspense e intriga se hace innegable. Mantiene la curiosidad despierta hasta el final y nos deleita el director con detalles peculiares e interesantes como una escena en la que los doce sospechosos están sentados alrededor de una gran mesa improvisada. Nada más ver esa estampa me vino a la mente “la última cena” con los doce apóstoles y, con ella, la espera del descubrimiento del “traidor” (Judas), el asesino o la asesina, en este caso.

Las conclusiones de Monsieur Poirot resultan de lo más interesantes. Sin duda, la película abre los ojos sobre una importante realidad: ¿cuál es el límite del bien? ¿cuál es el límite del mal? ¿existe algo intermedio entre el bien y el mal? ¿debe ser la justicia flexible y adaptable al delito y a los motivos que llevan a una persona a matar a otra? ¿es, a veces, la condena o la pena algo evitable en un caso de asesinato? ¿puede ocurrir que en ciertas circunstancias muy concretas, justicia y Ley no vayan de la mano? ¿están algunas acciones justificadas en base a cómo fuera o lo que hiciera en vida la víctima? Muchas cuestiones tienen lugar en el espectador y en el famoso detective y promueven el cambio, la modificación de algunas ideas originales de dicho personaje. Todos los días se aprende algo nuevo, y de seguro, rectificar es de sabios a cualquier edad. Nada es blanco o negro; también hay una fundamental escala de grises a tener en cuenta.

La película está bien llevada, ordenada con sencillez, con primeros planos de rostros muy sugerentes, emocionales, expresivos… Branagh, como el detective Poirot se muestra, en mi opinión, convincente. Transmite con sus palabras pero también con su intensa mirada azul. Llega.

Sin más, ya que no quiero aguarles la fiesta con más detalles y mucho menos con pistas sobre el final, me precipito a calificar este trabajo con un 6’6/10. Puede que crean que me excedo y es que adoro este género. Ello unido a que la elección actoral me parece muy acertada y que no me aburrí aun habiendo visto el clásico de los 70, beneficia en grado positivo mi valoración personal.

Muchísimas gracias por su leal atención. Sean felices. Hasta próximamente.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte 

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Ciclo Chocolat LXXXV: Una crítica personal de película: “De padres a hijas” (Gabriele Muccino, 2015)

 

En esta ocasión, la película que ocupa no es un estreno de cartelera, como tantas otras veces en este blog de cine. “De padres a hijas” es una película de hace dos años y la emitieron por primera vez en televisión el pasado domingo en una cadena española privada. La vi anoche. Tenía la intuición de que el paquete de pañuelos tendría que estar cerca de mi persona, conociéndome y teniendo presente la trama. ¡Lloré con “Armageddon”! No les digo más. La relación entre un padre y una hija suele ser, en la pequeña y gran pantalla, mi talón de Aquiles, y realmente ignoro la razón. Mi otro talón de Aquiles lo conforman los recuerdos de alguien que ya no está, por ejemplo, así, a voz de pronto, se me ocurre “Solo ellos”, “Ghost” o “Dragonfly (La sombra de la libélula)”. Puede que peque de excesiva sensibilidad; quizás en el mundo en el que vivimos, no sea un gran defecto… pero ya les digo yo que no tiene cura alguna.

“De padres a hijas” es un “dramón” familiar encabezado por un Russell Crowe que ya demostró que sabe hacer de padrazo en su otro trabajo “Los próximos tres días” (2010). Esta vez, el hombre, Jake Davis, un escritor que ganó el Premio Pulitzer, se ve viudo, enfermo y responsable de su única hija de cinco años. Ante la situación tan dura a la que tiene que enfrentarse muestra lo mejor de sí mismo, manifestando en todo momento que, a pesar de las circunstancias, su hija es la única prioridad. Él solito se hace con su objetivo procurando que su niña siga adelante y sea lo más feliz posible a su lado. La hermana de la esposa fallecida en accidente de coche (Diane Kruger) intenta arrebatar a su sobrina a su padre sin lograrlo mientras él está vivo, algo que dice mucho de cómo es Jake Davis, un hombre absolutamente responsable de lo que más quiere: a su hija Katie, personaje interpretado por Kylie Rogers cuando es niña, y por Amanda Seyfried cuando es adulta.

Resulta especialmente triste cómo aun habiendo hecho el padre todo lo que pudo por su hija, en la vida adulta de Katie han quedado graves secuelas producidas por todo el maremágnum emocional, las carencias afectivas y la soledad en la que se hallaba inmersa, dejándola todo ello un gigantesco vacío interior que intentaba llenar con una fuerte adicción al sexo con desconocidos, sin conseguir nada. Ya se sabe que la falta de amor con verdadero amor, con amor del bueno se cura, y eso es lo que pasa… por fortuna.

Esta película es correcta en su género, emotiva, con un toque de realismo que duele, que da rabia, que hace pensar al espectador en lo sumamente injusta que es a veces la vida. El reparto es maravilloso, completándolo una atractiva y madura editora encarnada por la gran Jane Fonda. Buen papel el suyo también. Su personaje es uno de esos que no pusieron las cosas más difíciles a Jake. Ella era su amiga y su apoyo y favor está en todo momento. Menos mal.

Algo debe haber cuando tantos directores, en tantas películas recurren a la relación de los hombres con sus “pequeñas”. Ahora mismo, tenemos en cartelera “Geostorm” y Gerard Butler también nos muestra su faceta de progenitor de una damisela, papel muy similar al de Bruce Willis en “Armageddon” con la que hacía de su hija, la actriz Liv Tyler. Quizás sea que esa realidad enternece al espectador. La relación entre un padre y su hija puede llegar a ser muy complicada, llena de incomprensión, de incompatibilidad de caracteres, de choque, de reproche, incluso de rencor, pero siempre, si ambas mentes son sanas, y ambos corazones son bondadosos, hay algo más grande que todo lo demás que une a esas dos personas como si de un cordón umbilical se tratara. Es así. Llámenlo X.

En cuanto a la banda sonora, compuesta por  Paolo Buonvino es maravillosa y más si se tiene en cuenta el protagonismo de Michael Bolton en algunos de los temas que se escuchan, y del gran Richard Clayderman también.

Sin más embrollo, valoro este trabajo del director italiano Gabriele Muccino, responsable de títulos como “En busca de la felicidad”, “Siete almas”, “Jugando por amor” o “El último beso”, entre otros, con un merecido 6,2/10.

Muchísimas gracias por su innegable atención y hasta próximas entradas…

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

                                       Banda sonora “De padres a hijas” Tema 1

Banda sonora “De padres a hijas” Tema 2

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Ciclo Chocolat LXXXIV: Una crítica personal de película: “GEOSTORM” (Dean Devlin, 2017)

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Una servidora vuelve a la carga con un nuevo estreno de cartelera. Esta vez, el género de ficción y catastrofista acapara la atención. Se trata de un trabajo dirigido por el director neoyorquino Dean Devlin (1962), responsable de “Independence Day” (1996) y “Godzilla” (1998), así que podría decirse que este señor es un experto en la materia cinematográfica con la que nos obsequia. Desde luego, está claro que los efectos especiales son lo suyo.

Jim Sturgess y Abbie Cornish

La película que nos ocupa, además de una trama con movimiento, cuenta con un reparto de auténtico lujo. Encabezada por un maduro actor Gerard Butler, que encarna a un ingeniero aeroespacial llamado Jake Lawson (“El fantasma de la Ópera”, “Posdata: Te quiero”, “300”, “Objetivo: la Casa Blanca”…), con ese toque habitual de chulería que le caracteriza pero con buen fondo. Junto a él en cartel, dos veteranos de Hollywood: el polifacético Ed Harris (“La Roca”, “Appaloosa”, “Las horas”, “Una mente maravillosa”, “La búsqueda 2”, “Quédate a mi lado”…) como Leonard Dekkom, mano derecha del Presidente, y el camaleónico Andy García (“Cuando un hombre ama a una mujer”, “Héroe por accidente”, “Ocean’s eleven”, “Los intocables de Eliot Ness”, “El Padrino: Parte III”…) como Presidente de los Estados Unidos de América; ambos dan el toque de caché al trabajo. También, nos topamos con el prometedor actor Jim Sturgess (Max Lawson), con títulos a sus espaldas como: “21 blackjack”, “Siempre el mismo día”, “Camino a la libertad”, “La mejor oferta”… La nota femenina va, en esta ocasión de la mano de cuatro damiselas: Abbie Cornish (Sarah), agente secreto de la Casa Blanca y prometida de Max; Alexandra Maria Lara (Ute Fassbinder), ingeniera jefe en la estación espacial, de nacionalidad alemana; Talitha Eliana Bateman (Hannah Lawson), hija de Jake y, por último, Adepero Oduye (Eni Adisa), hacker que ayuda a Max cuando este se lo pide. El conjunto actoral es extenso pero cada cual tiene su función sin estar de más. 

Lo bueno de este perfil de películas es que el espectador hace un recorrido por medio mundo, y aunque de primeras, si lo pensamos, nos aterroriza la idea de que todo ese “apocalipsis” pudiera convertirse en algo real, todos disfrutamos de este género desde la barrera, es decir, desde la comodidad de nuestra butaca y deleitándose con el grandioso espectáculo que se nos muestra ante nuestros redondos ojos con apertura máxima. La tensión está servida; el suspense también. ¿Habrá sido la naturaleza la que siempre nos intenta destruir o, en este caso, ha habido un responsable más terrenal y de ideas maquiavélicas? De ello, estamos pendientes durante los 109 minutos de duración que posee la película, a lo cual añado que es la duración perfecta. No sobra y tampoco falta. No agota, no aburre y tampoco deja con carencias. Trama bien hilada y sin retrocesos, cosa que agradezco de mil amores.

En cuanto a la banda sonora, fue compuesta por el compositor y productor musical británico Lorne Balfe, quien lleva una incipiente carrera en bandas sonoras cinematográficas, con aproximadamente cuarenta y cinco trabajos de este tipo en su trayectoria profesional.

Sin más entretenimiento, me lanzo a exponer mi valoración numérica de “Geostorm” con un merecido 6,5/10. Es una buena película en su género, realizada con criterio. El dramatismo de las situaciones, la humanidad, se entremezcla con la inmensidad de unos efectos especiales de categoría. El resultado final ha sido muy positivo. Me ha recordado un poquito a “Armageddon” (Michael Bay, 1998), aunque este trabajo de los 90 encierra una mayor dosis de sentimentalismo, y más que drama, tragedia.

Muchas gracias por su fidedigno seguimiento y hasta próximamente…

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXIII: Una crítica personal de película: “Escrito sobre el viento” (Douglas Sirk, 1956)

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Muy buenas, de nuevo y en el mismo día. No, esta vez no se trata de un estreno de cine, sino de un clásico, y no de uno cualquiera, sino de esos que trascienden y no perecen jamás. Según dicen (yo no estaba en tiempos de su proyección por primera vez en la gran pantalla), la película valía mucho más de lo que la crítica del momento expresó. Sin embargo, grandes e influyentes directores como Sir Alfred Hitchcock, entre otros, dieron públicamente una valoración muy positiva al trabajo que el director alemán Douglas Sirk creó y mostró al mundo. No solo por la trama, tan atractiva como su reparto, ni por su perfecto entramado de escenas, ni por sus sutiles detalles… todo el conjunto, al completo, es una auténtica obra de arte cinematográfica. El Sr. Sirk la bordó.

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Fotografía promocional de “Escrito sobre el viento” (1956). Lauren Bacall, Rock Hudson y Dorothy Malone.

Por otra parte, “Escrito sobre el viento” fue reconocida con tres nominaciones a la estatuilla dorada, de las cuales una, la única otorgada, fue para Dorothy Malone, en la categoría de mejor actriz de reparto. Ella fue nominada al Globo de Oro también. Es la única de todo el equipo de filmación que está viva a día de hoy, con nada más y nada menos que 92 primaveras. Bravo por ella.

¿De qué va? La “paupérrima” familia Hadley, magnate del petróleo, se compone del patriarca, Jasper Hadley (Robert Keith), y sus dos inestables e infelices descendientes: el juerguista y alcohólico Kyle (Robert Stack) y la muy ligerita de cascos, Marylee (Dorothy Malone).

Un buen día, Kyle conoce a Lucy Moore (Lauren Bacall) por medio de su mejor amigo Mitch Wayne (Rock Hudson). Lucy y Kyle contraen matrimonio, ante la decepción y desconcierto de Mitch, que está también enamorado de Lucy. La trama se complica ya que Marylee (Dorothy Malone) lleva enamorada de Mitch desde la infancia.

Este trabajo supone un sobresaliente melodrama familiar dirigido por un especialista en el género, quien sabía exponer las variadas y complicadas emociones de sus personajes engrandecidas con una elegantísima puesta en escena. En su visionado, de noventa y nueve minutos, el espectador se ve inmerso en una vorágine de amores no correspondidos, deseo, celos y envidias, lazos familiares tensos, sensación de fracaso, recuerdos y gran frustración existencial.

Los actores, Robert Stack y Dorothy Malone, llevan a cabo brillantes interpretaciones. Quizás destacan sobre el dúo Hudson/Bacall debido a que sus personajes son mucho menos calmados, de mentes menos sanas, y por tanto, más complejos. La víctima de este entramado es Lucy (Bacall) y el caballero perfecto y salvador es Mitch (Hudson). Sin duda, este cuarteto actoral, regala al filme la calidad que merece.

Mi impresión sobre este trabajo cinematográfico es muy positiva. En mi opinión, está a la altura de “La gata sobre el tejado de zinc”, “Con él llegó el escándalo”, “La heredera” o “Qué bello es vivir”. Tan solo es una opinión personal. Lamento que en su momento “Escrito sobre el viento” no fuese lo vitoreado que debiera.

Para finalizar esta entrada, informar de que la valoración que doy a este filme es de 8/10. La he visto dos veces y ambas me ha deslumbrado. Se aprecia a la primera, y se aprecia doblemente a la segunda. Es una de esas películas que, además de calidad, posee una enseñanza y es que, nuevamente, nos vuelve a golpear con el famoso y certero dicho: “el dinero no da la felicidad”.

Muchísimas gracias, cordiales saludos y hasta más ver…

Gema M.ª Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

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