Ciclo Chocolat LXXXVIII: Una reflexión: “¿Lo romántico ha muerto? ¿se ha distorsionado su sentido?”

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Quisiera, y me tomo la libertad, de comentar, y compartir con ustedes, por supuesto siempre desde mi visión personal y particular del mundo, una reflexión que cine y vida real, las noticias diarias de prensa me han otorgado. Ignoro si estarán de acuerdo o se echarán las manos a la cabeza. Deben saber que si me pusieran un lápiz delante y me dijeran “escriba sobre él”, lo haría gustosa y con infinito detalle. Soy así y no parece que tenga remedio, quizás más al contrario, se va acentuando con la edad. Escribir siempre ha sido y será un placer me atiendan o no, pero si no lo hacen (libres son), seguiré en mis trece, no tengan ninguna duda. Si lo hacen, me sentiré extremadamente dichosa; no crean que me siento indiferente hacia mis lectores. Ustedes tienen efecto en mí.

“Romanticismo”, ese concepto que siempre me ha parecido bellísimo, esencial, y cuyo sentido, independientemente del movimiento cultural y artístico, ha sido y será imprescindible para mi persona. El cine lo ha mostrado en muchas películas de mil maneras y, a medida que la evolución es mayor, que los avances en el ser humano se van haciendo más evidentes, se va disipando la emoción y la ola de sentimientos que desprendían clásicos como “Lo que el viento se llevó”, “Con él llegó el escándalo”, “Gigante”, “Gilda”, “Desayuno con diamantes”, “¡Qué bello es vivir!” o “Tú y yo”, entre otros. A partir de 1990 nos topamos con ejemplos como “Eduardo Manostijeras”, “Ghost”, “Pretty Woman”, “Mientras dormías”, “Mujercitas”, “Grandes esperanzas”, “Leyendas de Pasión”, “El diario de Noah”, “French Kiss”, “Notting Hill”, “Orgullo y prejuicio”, “Tienes un email”, “Una mente maravillosa”, “Una cuestión de tiempo”, “Begin again”, títulos que tratan el amor en primer plano de una manera bonita, reposada, profunda, con un toque de perdurabilidad en el tiempo, de visión de futuro, con ilusión y esperanza… En el día a día, la realidad social se traduce en un sinfín de confusiones varias, de personas que se quieren pero no, que no saben querer, que se deseaban pero ya no se aguantan, que se conforman con quien pueden porque el amor de sus vidas se les escapó tiempo atrás… rupturas, divorcios, custodias, insultos, ni contigo ni sin ti… y ciertos personajes que van saliendo a la luz porque se llevan por delante la vida de las parejas o de sus hijos, personas por las que se suponía con certeza que debían sentir amor profundo. Qué concepto de amor se está fortaleciendo si se mata o se hace sufrir a quien se ama. Esto es rencor, es odio, es locura pero no es amor, de ningún modo. Curiosamente, hay personas que piensan que la Disney nos ha hecho mucho daño con sus princesitas y sus príncipes azules; considero, sin embargo, que las que nos han hecho machacado por completo son películas como: “Nueve semanas y media”, “Infiel”, “Sexo en Nueva York”, “(500) Días juntos”… y ¡no se lo pierdan! El trabajazo que ha aniquilado el amor y ha erradicado de pleno la dignidad de la mujer es uno muy reciente que supongo les sonará o han visto ya: “Blade Runner 2049” (Denis Villeneuve, 2017). Un espectáculo vergonzoso para las féminas tratándose, encima, de un filme futurista. Hay quien me dirá que se me ha olvidado incluir como películas asesinas del amor “Cincuenta sombras de Grey”. No, no la he incluido porque no está en esta categoría. Para ser un trabajo etiquetado como erótico, tiene más de drama romántico que otra cosa. Quiten lo carnal y verán a un hombre enamorado hasta la médula, con todo el peso de la tradición sobre sí… y ella le corresponde. Lo más.   

Por otra parte, justo cuando se supone que estamos en el siglo XXI y que la igualdad entre sexos tendría que estar casi establecida, no, al contrario; en España, estamos sufriendo un importante retroceso en el que el dominio, la sinrazón, el miedo y la inseguridad de algunos hombres desembocan en un sentimiento asesino, y posteriormente, suicida.

La mujer ha logrado unos derechos fundamentales para una vida digna, igual a la del sexo opuesto, más justa. En teoría, la mujer en la actualidad puede llevar una vida exactamente igual a la de cualquier hombre, es decir, puede votar, puede trabajar fuera de casa, puede opinar, puede hablar, puede decidir, puede comprar lo que desee sin ningún tipo de consentimiento ajeno, puede casarse con quien quiera o cuando quiera, puede arrejuntarse, puede quedarse soltera, puede acostarse con uno o con cien hombres si lo considera oportuno con un abanico amplio de opciones anticonceptivas o puede mantener relaciones con otra mujer si tiene esta inclinación sexual. Sin embargo, he añadido “en teoría” porque aún se sigue cuestionando la longitud de la falda si la mujer tiene algún percance con un hombre, su forma de vivir en el día a día, su cantidad de maquillaje, su actitud, y mucho más grave: la mujer, aunque el término “sexo débil” ha sido tachado de despectivo por la RAE, sigue siendo objeto de humillaciones, de abusos, de peligros, por los que el hombre no pasa… entonces, ¿dónde está hoy la igualdad real entre varones y féminas?

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No quiero ni pretendo, en absoluto, justificar los comportamientos masculinos pero me pregunto si las mujeres no han puesto su granito de arena para que en ese ansia de parecerse al hombre (cuando no somos iguales en nada) han eliminado algunas de las funciones que el hombre tenía y que formaban parte de su naturaleza: la conquista, la cortesía… las mujeres les han puesto el camino tan fácil que muchas de ellas no son valoradas y son tratadas como mulas de carga, como un juguete sexual o como un vientre y ellas mismas han contribuido a que así sea. Lo toleran. Ahora, hay unas cuantas féminas que no quieren y no permiten que se las deje pasar primero, que se las abra una puerta, que se las regale un ramo de flores, que se las ayude a llevar bolsas… odian lo tradicional, quieren hacerlo todo ellas, tanto es así, que el hecho de que pasen por una clínica y se queden embarazadas sin necesidad de ellos es ya una realidad viable y efectiva. Respetable es, por supuesto, pero estamos perdiendo el concepto original de HOMBRE con mayúsculas y, sinceramente, a mí, como mujer, me da lástima, porque si resulta que la evolución, y la igualdad está para que una tenga que hacer más que antes, no tiene sentido alguno convivir con un individuo que, en la actualidad, ni siquiera es un pene, sino una pena innecesaria. Los hombres no pueden permitirse amar porque no confían, ya que interiormente tienen un miedo atroz a enamorarse, que la susodicha prescinda de ellos y se quede con todo. Ellas, las que tienen una cabeza más amueblada y más individualista, tampoco se lanzan a amar porque también tienen miedo a sufrir, a que ellos utilicen la fuerza contra ellas o contra sus hijos, si los hubiere. El panorama es peliagudo.

Dicho todo esto, si analizan el patrón de conducta de un personaje literario y posteriormente cinematográfico como el Sr. Darcy, muchas de ustedes se percatarán de que hoy nos falta todo aquello que se debería valorar de un hombre y que para nada engulle ni la libertad, ni la independencia, ni la autosuficiencia ni la igualdad de una respecto al sexo opuesto; simplemente, se trata de un individuo con carga cromosómica XY que está enamorado, que ama a la mujer con sus defectos y virtudes y que haría lo que fuera por ella porque se trata de AMOR, no de capricho, no de atracción física en exclusiva, no de deseo sino de un todo profundo, con una implicación mental y un compromiso y entrega absolutos. Seguridad, sin más. Lo demás, son sucedáneos que pocas veces llegan a buen puerto, salvo que se dejen llevar y se aguanten mutuamente lo indecible. El miedo, el orgullo y el pasotismo actual de un hombre da paso a que se dejen llevar por la primera que les hace ojitos, se les cuelga o se abre de piernas y eso no es beneficioso para ninguno. La insistencia, la perseverancia, esa preocupación por ganarse a la afortunada de mil maneras, por dar argumentos y explicaciones, se transforma en una apatía, en una indiferencia que termina en manos de la mejor postora. Díganme qué aliciente tiene esta manera de actuar para ninguno de los sexos. La “caza” siempre fue cosa de ellos y ahora son presa. ¡Pobres! ¡Menuda transformación! Es natural que a muchos les dé ya lo mismo sentir que no, querer que no, porque en el fondo se rigen por una profunda desconfianza hacia la mujer. Desde luego, con este “funcionamiento” del siglo XXI, ninguno gana, mucho menos un trofeo digno de orgullo. Las mujeres cumplen objetivos pero no exigen nada; esperan un “te acepto” de ellos y ya. Ya parecen contentas. Todo deprisa y corriendo. Aquí te pillo, aquí te mato, y al tiempo, tienen al abogado o están lanzando las pertenencias de él escalera abajo. Qué desgracia. A ellas les falta valorarse a sí mismas y a ellos, valentía. Grotesco espectáculo de almas perdidas, vacío en el corazón e insatisfacción existencial.

¿Seremos finalmente robots u hologramas que se esfuman con un mando cuando no nos interesan? ¿se verá en unas décadas el ser humano despojado de cualquier emoción? Camino vamos de ello. El miedo, la ira, la soberbia, el rencor, el despecho, la indiferencia, el interés, el orgullo, el capricho momentáneo… todo ello está haciendo imposibles las relaciones humanas entre ambos sexos con cierta solidez y autenticidad. Vuelvo a describir, a alabar a mi idolatrado Sr. Darcy… un hombre que teniéndolo todo, escoge a la mujer que se lo ha robado todo sin pretenderlo, y en un alarde de valentía y seguridad, va a por ello, a por el amor de su vida, porque no concibe la vida sin ella, porque sin razón aparente, él no quiere vivir despojado de su complemento perfecto. ¡Un rechazo! ¡y qué! Él sigue intentándolo. Él sigue ahí sin desfallecer, sin rendirse, perseverando, ganándosela poco a poco… y no es que se esté quitando valor a sí mismo, es que él lo vale, él es un hombre de los pies a la cabeza, un caballero, un amor de los que ya no quedan, el auténtico regalo, el perfecto compañero de vida para cualquier fémina que se precie. Qué me dicen del miedo de ella, de Elizabeth Bennet, a perderlo tras su orgulloso rechazo. El intenso amor entre ambos es mutuo y eso se hace patente en toda la trama. A aquellos hombres que a día de hoy piensan que hacer lo que hace el Sr. Darcy es infravalorarse ante ellas, que se lo hagan mirar. En realidad, es baja autoestima, es miedo, es pereza, comodidad y/o complejos varios. Que se lo replanteen y seguramente les irá mejor en las relaciones. “El que la sigue, la consigue”. Tan cierto como que respiramos.

¡ FALTA ILUSIÓN Y SOBRA CEGUERA !

Muchas gracias, damas y caballeros, lectores todos, por su atención y seguimiento.

Gema María Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXVII: Una crítica personal de película: “La hija de Ryan” (David Lean, 1970)

Esta vez, la ocasión lleva consigo un clásico, no un estreno de cartelera. Sin ir más lejos, ayer noche emitieron “La hija de Ryan” en televisión y me decidí a verla. Por lo visto, tras este estreno del 70, el genial director británico David Lean, responsable de majestuosas obras maestras como “Lawrence de Arabia” (1962) o “Doctor Zhivago” (1965), permaneció en oculto nada más y nada menos que catorce años, recuperándose de las negativas críticas que recibió por aquel entonces. Las relaciones no fueron muy buenas con su protagonista, el famoso actor Robert Mitchum, pero este mismo afirmó y reconoció públicamente que había sido, sin duda, su mejor interpretación, así que el director tuvo parte de mérito, claro está.

El trabajo (infravalorado en su momento) de Lean fue elogiado con dos estatuillas, una de ellas para el mejor actor secundario John Mills, encarnando magníficamente al personaje Michael, un discapacitado intelectual que aparece durante toda la trama, y la otra, para la mejor fotografía, realizada por Freddie Young.

“La hija de Ryan” luce un reparto de diez: Sarah Miles (Rosy Ryan), Robert Mitchum (Charles Shaughnessy), Trevor Howard (el Padre Hugh Collins), John Mills (Michael) y Christopher Jones (Mayor Randolph Doryan), entre otros.

¿De qué trata este sonado clásico? Rosy es la hija del tabernero de una pequeña población en la costa de Irlanda, durante la Primera Guerra Mundial (1916). El país está ocupado por el ejército británico. Los habitantes y la resistencia irlandesa aprovechan cualquier momento para combatir a los ocupantes. La joven Rosy desea un amor apasionado, ser fina y educada. No se encuentra por tanto cómoda en el pequeño y cerrado pueblo que no da respuesta a sus recientes anhelos. La única persona que ella considera apta para sus pretensiones es el maestro de escuela, Charles Shaughnessy (Robert Mitchum). Charles es un hombre corriente, viudo, bastante mayor que ella. Rosy piensa que está enamorada del maestro y ambos terminan contrayendo matrimonio. Sin embargo, cuando llega al pueblo un joven y atractivo militar británico herido en el frente y con importantes traumas de guerra, el mayor Randolph Doryan (Christopher Jones), ella se percata de que sus deseos carnales pueden ser satisfechos… y hasta aquí puedo contar…

Es innegable que solo la lectura de la sinopsis ya atrapa, sobre todo para aquellos que además, de amantes de los clásicos de cine, se consideran fans del género romántico. Cuando se adentran en lo que acontece durante las tres horas y cuarenta y tres minutos que dura, y escuchan de fondo esa banda sonora, de seguro les traerá recuerdos de los otros grandes trabajos de Lean pues se trata del mismo compositor: Maurice Jarre.

Para mí, lo mejor de la película, lo que roza la excelencia, se centra en dos grandes detalles: el magnánimo, digno, paciente, leal, comprensivo, honrado y empático personaje que interpreta Robert Mitchum, como marido que ama de veras a su joven dama contra viento y marea, y el admirable y tremendo personaje de Trevor Howard (Padre Collins) como cura del pueblo. Este último, uno de los personajes religiosos con más humanidad, corazón y sensatez de la historia del cine; un siervo de Dios sencillo, preocupado realmente por las necesidades de educación, protección y civismo de su pueblo y no por atemorizar o amenazar con el infierno a los feligreses (y a los que no lo eran). Me encantó. Soberbias ambas interpretaciones.

En la trama se respira la ignorancia, la mala baba y la ociosidad de un pueblo, el ferviente machismo extendido entre los hombres y entre las mujeres (en estas con mayor rencor y malicia), el odio por el enemigo de guerra entre civiles, la bondad e incapacidad de hacer daño de quien tiene limitado su intelecto… todo ello, en su conjunto, conforma una trama que ya quisiera el cine actual. Cuando veo y disfruto un clásico así, tan lleno de todo, tan completo, me pregunto por qué el siglo XXI produce, en términos generales, un cine tan de papel, tan carente, tan insulso. Da rabia.

Para terminar, solo puedo expresar un merecido “¡CHAPÓ!” al Sr. Lean, fallecido en 1991, y valorar “La hija de Ryan” con una calificación de 8,5/10.

Gracias a todos ustedes, mis lectores, mis seguidores, todos, cinéfilos… por su leal atención y amabilidad. Hasta la próxima. Saludos.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXVI: Una crítica personal de película: “Asesinato en el Orient Express” (Kenneth Branagh, 2017)

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Regreso a este humilde blog con un estreno de cartelera. En esta ocasión, nos ocupa una obra del género de suspense, una nueva adaptación, un nuevo trabajo basado en la famosísima y homónima novela de suspense de la escritora británica Agatha Christie: ‘Murder on the Orient Express’ (publicada en el año 1934). El director, guionista y actor cinematográfico y teatral británico, Kenneth Branagh, es el responsable de este producto, como director y como protagonista del filme, y no lo ha hecho nada mal.

Se trata de la versión moderna de aquel magnífico clásico de 1974, dirigido por Sidney Lumet, cuyo reparto brillaba por su excelencia: Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Sean Connery, Anthony Perkins, Jacqueline Bisset y Richard Widmark, entre otros. Albert Finney encarnaba por aquel entonces al personaje principal, al famoso detective belga Hércules Poirot. En la versión de 2017, que nos ocupa, es el propio director quien luce el prominente bigote y ese agudo olfato para dar con el asesino. El reparto actual tampoco se queda atrás: Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp y Michelle Pfeiffer ofrecen su experiencia en el mundo de la interpretación, con la esperada soltura.  

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El ritmo es lento pero el clima de suspense e intriga se hace innegable. Mantiene la curiosidad despierta hasta el final y nos deleita el director con detalles peculiares e interesantes como una escena en la que los doce sospechosos están sentados alrededor de una gran mesa improvisada. Nada más ver esa estampa me vino a la mente “la última cena” con los doce apóstoles y, con ella, la espera del descubrimiento del “traidor” (Judas), el asesino o la asesina, en este caso.

Las conclusiones de Monsieur Poirot resultan de lo más interesantes. Sin duda, la película abre los ojos sobre una importante realidad: ¿cuál es el límite del bien? ¿cuál es el límite del mal? ¿existe algo intermedio entre el bien y el mal? ¿debe ser la justicia flexible y adaptable al delito y a los motivos que llevan a una persona a matar a otra? ¿es, a veces, la condena o la pena algo evitable en un caso de asesinato? ¿puede ocurrir que en ciertas circunstancias muy concretas, justicia y Ley no vayan de la mano? ¿están algunas acciones justificadas en base a cómo fuera o lo que hiciera en vida la víctima? Muchas cuestiones tienen lugar en el espectador y en el famoso detective y promueven el cambio, la modificación de algunas ideas originales de dicho personaje. Todos los días se aprende algo nuevo, y de seguro, rectificar es de sabios a cualquier edad. Nada es blanco o negro; también hay una fundamental escala de grises a tener en cuenta.

La película está bien llevada, ordenada con sencillez, con primeros planos de rostros muy sugerentes, emocionales, expresivos… Branagh, como el detective Poirot se muestra, en mi opinión, convincente. Transmite con sus palabras pero también con su intensa mirada azul. Llega.

Sin más, ya que no quiero aguarles la fiesta con más detalles y mucho menos con pistas sobre el final, me precipito a calificar este trabajo con un 6’6/10. Puede que crean que me excedo y es que adoro este género. Ello unido a que la elección actoral me parece muy acertada y que no me aburrí aun habiendo visto el clásico de los 70, beneficia en grado positivo mi valoración personal.

Muchísimas gracias por su leal atención. Sean felices. Hasta próximamente.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte 

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Ciclo Chocolat LXXXV: Una crítica personal de película: “De padres a hijas” (Gabriele Muccino, 2015)

 

En esta ocasión, la película que ocupa no es un estreno de cartelera, como tantas otras veces en este blog de cine. “De padres a hijas” es una película de hace dos años y la emitieron por primera vez en televisión el pasado domingo en una cadena española privada. La vi anoche. Tenía la intuición de que el paquete de pañuelos tendría que estar cerca de mi persona, conociéndome y teniendo presente la trama. ¡Lloré con “Armageddon”! No les digo más. La relación entre un padre y una hija suele ser, en la pequeña y gran pantalla, mi talón de Aquiles, y realmente ignoro la razón. Mi otro talón de Aquiles lo conforman los recuerdos de alguien que ya no está, por ejemplo, así, a voz de pronto, se me ocurre “Solo ellos”, “Ghost” o “Dragonfly (La sombra de la libélula)”. Puede que peque de excesiva sensibilidad; quizás en el mundo en el que vivimos, no sea un gran defecto… pero ya les digo yo que no tiene cura alguna.

“De padres a hijas” es un “dramón” familiar encabezado por un Russell Crowe que ya demostró que sabe hacer de padrazo en su otro trabajo “Los próximos tres días” (2010). Esta vez, el hombre, Jake Davis, un escritor que ganó el Premio Pulitzer, se ve viudo, enfermo y responsable de su única hija de cinco años. Ante la situación tan dura a la que tiene que enfrentarse muestra lo mejor de sí mismo, manifestando en todo momento que, a pesar de las circunstancias, su hija es la única prioridad. Él solito se hace con su objetivo procurando que su niña siga adelante y sea lo más feliz posible a su lado. La hermana de la esposa fallecida en accidente de coche (Diane Kruger) intenta arrebatar a su sobrina a su padre sin lograrlo mientras él está vivo, algo que dice mucho de cómo es Jake Davis, un hombre absolutamente responsable de lo que más quiere: a su hija Katie, personaje interpretado por Kylie Rogers cuando es niña, y por Amanda Seyfried cuando es adulta.

Resulta especialmente triste cómo aun habiendo hecho el padre todo lo que pudo por su hija, en la vida adulta de Katie han quedado graves secuelas producidas por todo el maremágnum emocional, las carencias afectivas y la soledad en la que se hallaba inmersa, dejándola todo ello un gigantesco vacío interior que intentaba llenar con una fuerte adicción al sexo con desconocidos, sin conseguir nada. Ya se sabe que la falta de amor con verdadero amor, con amor del bueno se cura, y eso es lo que pasa… por fortuna.

Esta película es correcta en su género, emotiva, con un toque de realismo que duele, que da rabia, que hace pensar al espectador en lo sumamente injusta que es a veces la vida. El reparto es maravilloso, completándolo una atractiva y madura editora encarnada por la gran Jane Fonda. Buen papel el suyo también. Su personaje es uno de esos que no pusieron las cosas más difíciles a Jake. Ella era su amiga y su apoyo y favor está en todo momento. Menos mal.

Algo debe haber cuando tantos directores, en tantas películas recurren a la relación de los hombres con sus “pequeñas”. Ahora mismo, tenemos en cartelera “Geostorm” y Gerard Butler también nos muestra su faceta de progenitor de una damisela, papel muy similar al de Bruce Willis en “Armageddon” con la que hacía de su hija, la actriz Liv Tyler. Quizás sea que esa realidad enternece al espectador. La relación entre un padre y su hija puede llegar a ser muy complicada, llena de incomprensión, de incompatibilidad de caracteres, de choque, de reproche, incluso de rencor, pero siempre, si ambas mentes son sanas, y ambos corazones son bondadosos, hay algo más grande que todo lo demás que une a esas dos personas como si de un cordón umbilical se tratara. Es así. Llámenlo X.

En cuanto a la banda sonora, compuesta por  Paolo Buonvino es maravillosa y más si se tiene en cuenta el protagonismo de Michael Bolton en algunos de los temas que se escuchan, y del gran Richard Clayderman también.

Sin más embrollo, valoro este trabajo del director italiano Gabriele Muccino, responsable de títulos como “En busca de la felicidad”, “Siete almas”, “Jugando por amor” o “El último beso”, entre otros, con un merecido 6,2/10.

Muchísimas gracias por su innegable atención y hasta próximas entradas…

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXIV: Una crítica personal de película: “GEOSTORM” (Dean Devlin, 2017)

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Una servidora vuelve a la carga con un nuevo estreno de cartelera. Esta vez, el género de ficción y catastrofista acapara la atención. Se trata de un trabajo dirigido por el director neoyorquino Dean Devlin (1962), responsable de “Independence Day” (1996) y “Godzilla” (1998), así que podría decirse que este señor es un experto en la materia cinematográfica con la que nos obsequia. Desde luego, está claro que los efectos especiales son lo suyo.

Jim Sturgess y Abbie Cornish

La película que nos ocupa, además de una trama con movimiento, cuenta con un reparto de auténtico lujo. Encabezada por un maduro actor Gerard Butler, que encarna a un ingeniero aeroespacial llamado Jake Lawson (“El fantasma de la Ópera”, “Posdata: Te quiero”, “300”, “Objetivo: la Casa Blanca”…), con ese toque habitual de chulería que le caracteriza pero con buen fondo. Junto a él en cartel, dos veteranos de Hollywood: el polifacético Ed Harris (“La Roca”, “Appaloosa”, “Las horas”, “Una mente maravillosa”, “La búsqueda 2”, “Quédate a mi lado”…) como Leonard Dekkom, mano derecha del Presidente, y el camaleónico Andy García (“Cuando un hombre ama a una mujer”, “Héroe por accidente”, “Ocean’s eleven”, “Los intocables de Eliot Ness”, “El Padrino: Parte III”…) como Presidente de los Estados Unidos de América; ambos dan el toque de caché al trabajo. También, nos topamos con el prometedor actor Jim Sturgess (Max Lawson), con títulos a sus espaldas como: “21 blackjack”, “Siempre el mismo día”, “Camino a la libertad”, “La mejor oferta”… La nota femenina va, en esta ocasión de la mano de cuatro damiselas: Abbie Cornish (Sarah), agente secreto de la Casa Blanca y prometida de Max; Alexandra Maria Lara (Ute Fassbinder), ingeniera jefe en la estación espacial, de nacionalidad alemana; Talitha Eliana Bateman (Hannah Lawson), hija de Jake y, por último, Adepero Oduye (Eni Adisa), hacker que ayuda a Max cuando este se lo pide. El conjunto actoral es extenso pero cada cual tiene su función sin estar de más. 

Lo bueno de este perfil de películas es que el espectador hace un recorrido por medio mundo, y aunque de primeras, si lo pensamos, nos aterroriza la idea de que todo ese “apocalipsis” pudiera convertirse en algo real, todos disfrutamos de este género desde la barrera, es decir, desde la comodidad de nuestra butaca y deleitándose con el grandioso espectáculo que se nos muestra ante nuestros redondos ojos con apertura máxima. La tensión está servida; el suspense también. ¿Habrá sido la naturaleza la que siempre nos intenta destruir o, en este caso, ha habido un responsable más terrenal y de ideas maquiavélicas? De ello, estamos pendientes durante los 109 minutos de duración que posee la película, a lo cual añado que es la duración perfecta. No sobra y tampoco falta. No agota, no aburre y tampoco deja con carencias. Trama bien hilada y sin retrocesos, cosa que agradezco de mil amores.

En cuanto a la banda sonora, fue compuesta por el compositor y productor musical británico Lorne Balfe, quien lleva una incipiente carrera en bandas sonoras cinematográficas, con aproximadamente cuarenta y cinco trabajos de este tipo en su trayectoria profesional.

Sin más entretenimiento, me lanzo a exponer mi valoración numérica de “Geostorm” con un merecido 6,5/10. Es una buena película en su género, realizada con criterio. El dramatismo de las situaciones, la humanidad, se entremezcla con la inmensidad de unos efectos especiales de categoría. El resultado final ha sido muy positivo. Me ha recordado un poquito a “Armageddon” (Michael Bay, 1998), aunque este trabajo de los 90 encierra una mayor dosis de sentimentalismo, y más que drama, tragedia.

Muchas gracias por su fidedigno seguimiento y hasta próximamente…

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXIII: Una crítica personal de película: “Escrito sobre el viento” (Douglas Sirk, 1956)

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Muy buenas, de nuevo y en el mismo día. No, esta vez no se trata de un estreno de cine, sino de un clásico, y no de uno cualquiera, sino de esos que trascienden y no perecen jamás. Según dicen (yo no estaba en tiempos de su proyección por primera vez en la gran pantalla), la película valía mucho más de lo que la crítica del momento expresó. Sin embargo, grandes e influyentes directores como Sir Alfred Hitchcock, entre otros, dieron públicamente una valoración muy positiva al trabajo que el director alemán Douglas Sirk creó y mostró al mundo. No solo por la trama, tan atractiva como su reparto, ni por su perfecto entramado de escenas, ni por sus sutiles detalles… todo el conjunto, al completo, es una auténtica obra de arte cinematográfica. El Sr. Sirk la bordó.

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Fotografía promocional de “Escrito sobre el viento” (1956). Lauren Bacall, Rock Hudson y Dorothy Malone.

Por otra parte, “Escrito sobre el viento” fue reconocida con tres nominaciones a la estatuilla dorada, de las cuales una, la única otorgada, fue para Dorothy Malone, en la categoría de mejor actriz de reparto. Ella fue nominada al Globo de Oro también. Es la única de todo el equipo de filmación que está viva a día de hoy, con nada más y nada menos que 92 primaveras. Bravo por ella.

¿De qué va? La “paupérrima” familia Hadley, magnate del petróleo, se compone del patriarca, Jasper Hadley (Robert Keith), y sus dos inestables e infelices descendientes: el juerguista y alcohólico Kyle (Robert Stack) y la muy ligerita de cascos, Marylee (Dorothy Malone).

Un buen día, Kyle conoce a Lucy Moore (Lauren Bacall) por medio de su mejor amigo Mitch Wayne (Rock Hudson). Lucy y Kyle contraen matrimonio, ante la decepción y desconcierto de Mitch, que está también enamorado de Lucy. La trama se complica ya que Marylee (Dorothy Malone) lleva enamorada de Mitch desde la infancia.

Este trabajo supone un sobresaliente melodrama familiar dirigido por un especialista en el género, quien sabía exponer las variadas y complicadas emociones de sus personajes engrandecidas con una elegantísima puesta en escena. En su visionado, de noventa y nueve minutos, el espectador se ve inmerso en una vorágine de amores no correspondidos, deseo, celos y envidias, lazos familiares tensos, sensación de fracaso, recuerdos y gran frustración existencial.

Los actores, Robert Stack y Dorothy Malone, llevan a cabo brillantes interpretaciones. Quizás destacan sobre el dúo Hudson/Bacall debido a que sus personajes son mucho menos calmados, de mentes menos sanas, y por tanto, más complejos. La víctima de este entramado es Lucy (Bacall) y el caballero perfecto y salvador es Mitch (Hudson). Sin duda, este cuarteto actoral, regala al filme la calidad que merece.

Mi impresión sobre este trabajo cinematográfico es muy positiva. En mi opinión, está a la altura de “La gata sobre el tejado de zinc”, “Con él llegó el escándalo”, “La heredera” o “Qué bello es vivir”. Tan solo es una opinión personal. Lamento que en su momento “Escrito sobre el viento” no fuese lo vitoreado que debiera.

Para finalizar esta entrada, informar de que la valoración que doy a este filme es de 8/10. La he visto dos veces y ambas me ha deslumbrado. Se aprecia a la primera, y se aprecia doblemente a la segunda. Es una de esas películas que, además de calidad, posee una enseñanza y es que, nuevamente, nos vuelve a golpear con el famoso y certero dicho: “el dinero no da la felicidad”.

Muchísimas gracias, cordiales saludos y hasta más ver…

Gema M.ª Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXII: Una crítica personal de película: “Barry Seal: El traficante” (Doug Liman, 2017)

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Regreso a este preciado blog de cine para expresarles mi humilde y personal valoración de esta película del género de acción y basada en hechos reales. El responsable de este trabajo es el director cinematográfico Doug Liman, un neoyorquino de 52 años que nos ha mostrado otros títulos como “Sr. y Sra. Smith”, “El caso Bourne”, “Al filo del mañana” o “Jumper”, entre otros. Todos estos títulos coinciden en el ritmo veloz, trepidante, casi agotador de la trama. Sin duda, el género en el que este director se mueve como pez en el agua es el de acción en estado puro, y tengo que decir que me priva. No lo hace nada mal el caballero.

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En esta ocasión, la película que nos ocupa, cuyo título original es “American Made”, tiene producción medio estadounidense, medio colombiana. El actor estadounidense, el “gringo” Tom Cruise, se mete en la piel, esta vez, del Sr. Barry Seal, un expiloto de la TWA, que es reclutado por la CIA para investigar la amenaza comunista que emerge en América Central. Seal es responsable de una importante operación encubierta de la CIA, una de las más importantes en la historia de USA, que logró pillar a varios miembros del cartel de Medellín e hizo que casi fuera derribada la Casa Blanca (cuando Ronald Reagan ere presidente) por el escándalo en Irán (Irangate).

Se trata de una superproducción biográfica ambientada en los años 80, en la que el personaje principal, Barry Seal, el héroe y el villano a la par, es el centro de atención y de todo lo que acontece durante la hora y cincuenta y cuatro minutos que dura el conjunto.

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En lo referente al reparto, destaca el personaje del actor irlandés Domhnall Gleeson (“El renacido”, “Una cuestión de tiempo”, “Star Wars: el despertar de la fuerza”…) como Monty Schafer, un agente de la CIA, que no llega a caer demasiado bien; por otro lado, el personaje femenino resulta ser la esposa de Barry, Lucy Seal, una ama de casa que vive a la sombra de su marido en todo momento. Este personaje lo interpreta la actriz estadounidense Sarah Wright (“Noche de marcha”, “Walk of shame”…). Ella, la actriz, que en realidad tiene treinta y tres añitos, representa de alguna manera el papel más generalizado de la mujer en aquel momento. Atiende la casa, a los hijos, y espera a que él llegue, y solucione cualquier problema, aunque parece que era bastante diestra con la fontanería… 😀 

Ni falta hace decir que Tom Cruise es el que encabeza y lidera este reparto por goleada, como siempre. Este actor es tan preciado por un público como odiado o indiferente para otro. Tengo que decir, y seguro que lo habré comentado en anteriores ocasiones, que para mí Tom Cruise es un actor de los pies a la cabeza, con un aspecto, una expresividad, una forma de ser y una sonrisa que ilumina cualquier plano haga lo que haga. Ya sea como el interesante Ethan Hunt, patrón de acciones imposibles, como Jerry Maguire, como Jack Reacher, como Maverick, como Cole Trickle, como un samurai o como un traficante llamado Barry Seal… ¡él SIEMPRE llena la pantalla! No es, por tanto, descabellado afirmar que los espectadores que vamos a ver uno de sus trabajos a la sala de cine, vamos en un gran porcentaje, sobre todo femenino, a admirarle a él, y el resto a disfrutar de la diversión que ofrecen sus películas. Pase lo que pase frente a la gran pantalla, o te emocionas, o los índices de adrenalina se incrementan irremediablemente con las posaderas sobre la butaca. Tiene su mérito y no voy a ser yo quien lo escatime. Para mí no pasan los años por él, ya que sus tablas, su seguridad encarnando a cualquier personaje es única. A estas alturas, él ya no es el niño bonito de Hollywood, él es autosuficiente, independiente, así lo ha demostrado, él es el puto amo (perdón por la expresión malsonante). 

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Volviendo a la película propiamente dicha, diré que es muy, muy movida, quizás demasiado, pero en absoluto, confusa. Lleva un orden comprensible. La vida del traficante Seal da para haber creado una secuencia de escenas muy cómicas, que casi rozan el surrealismo, pero la buena sintonía, la diversión está asegurada. La expresión de Cruise durante los ciento catorce minutos dan la puntilla al esbozo de una sonrisa, o por qué no, a la carcajada. Igual que valoro todo muy positivamente, les confieso, con sinceridad, que no es de esas películas que apetezca ver una segunda vez o una tercera. La justicia, venga de donde venga, puede ser coherente, pero hay consecuencias que, en la ficcion, no agradan. Es así, lo digo como lo siento. No, no es de esos filmes, y no lo lamento. Me ha gustado y me lo he pasado de fábula durante su proyección.

Sin más suspense por mi parte, valoro esta película con un merecido 6,1/10. Conlleva un trabajo de dirección importante, el reparto es bueno, y su protagonista siempre es una elección acertada. Además, el disfrute hay que medirlo con una buena vara. ¡Vayan a verla!

Muchísimas gracias por su atención y hasta próximamente, quizás antes de lo que cabría esperar.

Un afectuoso saludo 😉

Gema M.ª Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXXI: Una crítica personal de película: “La seducción” (Sofia Coppola, 2017)

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Lo prometido es deuda y aquí, hoy, me dispongo a mostrarles mi visión de este peculiar trabajo cinematográfico. La prestigiosa directora estadounidense Sofia Coppola (“Lost in translation”, “María Antonieta”, “Las vírgenes suicidas”, “The Bling Ring”…) ha sido responsable de este estreno, basándose en la novela sobre la Guerra Civil Americana “The Beguiled”, escrita por el novelista y dramaturgo estadounidense Thomas P. Cullinan, y publicada en el año 1966. Recuerden que existe una película anterior titulada “El seductor”, basada en la misma novela, dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood y Geraldine Page, del año 1971. Es muy buena, la verdad, sin embargo, el estilo de las dos versiones es tan diferente, tan personal y característico de sus respectivos responsables, que la comparación resulta odiosa y fuera de lugar.

“La seducción” de Coppola, filme que hoy ocupa esta entrada, supone 91 minutos de una sensación misteriosa resumida en “no sé qué está ocurriendo ni qué diantres va a ocurrir”. Se intuye como un drama romántico pero el suspense está latente en varias escenas. Existe un clima de tensión que avanza pero, para mi gusto, se disipa, se queda en nada. No encuentro sentido a la película, son sinceridad. Es verdad que es un drama, casi trágico, en todos los sentidos en lo que a humanidad y moral se refiere. Es un drama seductor pero… ¿romántico? Rotundamente, no. Concibo romanticismo como sentimiento verdadero de amor y, en esta película, como el título nos anticipa, se produce seducción, atracción, deseo, pasión, pero no amor. Este trabajo va en la línea de lo carnal pero no de lo sentimental. Se desenreda o encubre un gran engaño, cierta hipocresía… Se enumeran perfectamente las maneras individuales que posee cada personaje femenino a la hora de seducir a un hombre. Se nota que todas ellas conviven con armonía y disciplina, pero a la hora de la verdad, por ese único hombre, no les importa enemistarse. La prioridad parece ser la atención y complacencia del varón de la casa. Las más pequeñas muestran todavía inocencia pero a partir de la adolescencia, el comportamiento sexual de las féminas cambia sustancialmente. Se me antoja una imagen como la de las abejas y la miel, aunque en esta ocasión, la miel se rebela contra ellas. Es un espectáculo grotesco y me atrevería a decir que vergonzoso.

El personaje de la actriz Nicole Kidman, como Miss Martha, conlleva la responsabilidad y el deber. Una cita de ella inspira su personaje en la trama: “La valentía es hacer lo que se debe hacer”. Su personaje es tajante, preciso, práctico… Ella es la mayor y la directora del colegio de señoritas sobre las que debe imponer educación y mostrarles qué es la vida. Tiene un carácter serio pero en ningún momento se muestra como perversa o amargada. Su interpretación es soberbia, como siempre.

Por otra parte, el personaje de la actriz Kirsten Dunst, como Edwina, transmite la resignación y la desdicha de quien desea estar en cualquier otra parte excepto donde está. Su insatisfacción se torna rebeldía totalmente desprovista de coherencia o sensatez. Deja a un lado su seriedad y se deja llevar por sus más bajos instintos. Peca de ingenua.

El personaje de Elle Fanning, Alicia, goza de más juventud que las anteriores y su forma de ser discrepa bastante de las mencionadas. Ella, desde un primer momento, tiene un único objetivo en mente: llevarse a la cama al Cabo McBurney (Colin Farrell) como un trofeo, sin importarle nada  ni nadie más.

En cuanto al personaje masculino, el Cabo McBurney, interpretado por Colin Farrell, resulta de alguna manera física, muy atractivo. El actor está guapísimo (lo es). No hay duda de que la interpretación es buena, sin embargo, su personaje podría meterse al público en el bolsillo y no es así. Deja bastantes interrogantes y los momentos en los que cae mal superan a aquellos en los que cae bien. Quizás el hecho de que sea un seductor y no un romántico, genera mucha desconfianza. De galán, pasa a espabilado y de espabilado a casi demente. Complejo personaje. Mérito tiene.

Lo sorprendente de toda la trama es que esa “desunión” entre las féminas por un hombre se vuelve a convertir al tiempo en unión de las mismas para combatir al que una vez fue el sueño de amante idílico y ahora es el enemigo. Resulta impactante la evolución de seducción femenina a miedo. Quizás la conclusión pudiera ser “si él no es para todas, que no sea para nadie”. Saquen sus propias reflexiones cuando la vean, por favor.

Independientemente de la trama en sí, comentaré, y para bien, que la estética de la película es excelente. La ambientación y el vestuario, el ritmo, la música compuesta por Phoenix… todo ello solo ofrece belleza y valor a ese contenido, que es lo que, desafortunadamente, no me ha convencido del todo, ni me ha dejado buen sabor de boca, más al contrario.

Sin más detalle, queda informarles de mi valoración sobre “La seducción” (2017), y es un meditado 5,5/10. Desde mi punto de vista, la película se muestra más dura de lo que cabía esperar y el desenlace me parece excesivo sin suficiente motivo para que así acontezca todo. No sé, me da la sensación de que la trama atraviesa un puente; en una orilla se intuía cierto machismo degradante y al llegar a la otra, emerge el feminismo más extremo. Valoren ustedes mismos.

Muchísimas gracias por su leal atención y hasta próximamente.

Un afectuoso saludo.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXXX: Una reflexión personal sobre la película: “Los puentes de Madison” (Clint Eastwood, 1995)

 

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      La fascinante, intensa y breve historia de amor y pasión entre Robert y Francesca, que se encierra entre las hojas del libro ‘The Bridges of Madison County’, publicado por el escritor tejano Robert James Waller en 1992, fue traspasada a la gran pantalla por obra y gracia del director y actor Clint Eastwood. La obra literaria nos dejó a los lectores, sobre todo, a aquellos que adoramos el género romántico, ojipláticos, y ahí no terminó todo, pues, posteriormente, la película nos sedujo y ¡de qué manera! No hay duda de que el filme hace más que merecida justicia al libro de Waller. ¡Qué maravilla!

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Una sublime y sensible dirección a órdenes del gran Eastwood, un guión de Richard LaGravenese, una banda sonora original compuesta por Lennie Niehaus y una protagonista femenina de la altura y caché de Meryl Streep hicieron las delicias de cualquier cinéfilo amante del amor más intenso en todos los sentidos y sus devastadores, instintivos o racionales, efectos. Este trabajo cinematográfico es, simple y llanamente, perfecto. Espero que, con el tiempo, se convierta en un clásico por excelencia o en una inolvidable película de culto que generaciones futuras puedan disfrutar y cuestionarse… ¿en verdad puede existir algo así en nuestras vidas reales o tan solo nos muestran un amor de cine? 

Hoy no solo quiero hablarles de la película en sí, que tiene miles de críticas y reseñas hechas en su honor en internet. Deseo reflexionar, si me lo permiten, sobre lo que acontece en la trama. Si se pusieran en la piel de Francesca… ¿hubieran renunciado al amor por la familia? Si es verdad que “esa clase de certeza solo se presenta una vez en la vida”, ¿habrían dejado escapar la oportunidad o piensan que la oportunidad de amar y ser correspondido estaba reducida a esos cuatro días porque de otra manera, la esencia se habría esfumado con la rutina? No sé ustedes pero una servidora ha visto como unas veinte veces esta película y, sinceramente, tengo que decirles que unas veces me vislumbro haciendo lo que hace Francesca, y otras, en mi imaginación, abro la puerta de esa furgoneta y echo a correr hacia donde está Robert. A veces, solo a veces, grito a Francesca “¡escapa!” y otras, sin embargo, pienso “¡quédate!” (te vas a arrepentir si no lo haces, tarde o temprano). Es humano, supongo, en esa escena, cambiar de parecer. Por otra parte, su marido es un buen hombre, no parece teletransportarla a África en la intimidad, pero, a su manera, la quiere. ¿Y sus hijos? Una edad horrible para abandonarlos; las cosas, como son. Francesca podría haber destrozado a su familia en pro de su propia felicidad y, sin embargo, el deber como madre y esposa, la responsabilidad para con los suyos prevalece y es admirable, la verdad. Por una parte, el espectador, ve sacrificio, pero por otro, quizás, la mejor opción. ¿Puede ese amor y esa pasión concentrada en cuatro días durar eternamente? Pudo, ocurrió, ese amor, ese sentimiento se mantuvo vivo, pero sin que ninguno de los dos amantes renunciara a su forma de vida (familia y libertad), sin arrepentimiento, sin culpabilidad… estos sentimientos dañinos, a la larga, habrían destruido lo que de sincero sentían el uno por el otro.

Me gusta cómo él respeta la decisión de ella, pero no se rinde a la primera de cambio. Robert intenta que Francesca cambie de opinión por sí sola, pero al no lograrlo, él se retira dignamente. No hay amor más grande que el respeto, la no imposición de la voluntad de uno en otra persona. El hecho de que finalmente él entregue todas sus posesiones materiales al dejar este mundo, indica que ella estaba presente en él. No se olvidó de ella jamás. Fue una bonita manera de mostrar a Francesa que hasta su último aliento, ella estuvo presente en su existencia.

Destaco y valoro muy positivamente que tanto el escritor del libro como el director de la película sean hombres porque eso quiere decir que la sensibilidad y el concepto del verdadero amor pueden sentirlo, experimentarlo y expresarlo ambos sexos con la misma perfección de matices y detalles. Ambos supieron “relatar” al mundo algo precioso que mucha gente no logra vivir en toda su vida, por movida y popular que esta sea. Triste realidad, sin embargo, para eso existen los libros y el Séptimo Arte, para deleitarnos con belleza en todos los sentidos, esa de la que el mundo cada vez más carece. No hay costumbre de vivencias realmente bellas y profundas, y parece que tampoco se dedica el tiempo que requieren. ¡Vivir mucho y deprisa! Un gran número de  personas quieren sentir la adrenalina, arriesgan sus vidas con un parapente, bajan rápidos de agua, ponen su coche a 300 Km/h., se lanzan al vacío desde un puente bien alto, escalan el Everest… pero muy pocos se arriesgan, muy pocos gozan de la valentía hoy día para luchar por el bien más preciado de todos: el amor. Este sí que merece un salto bien grande, y sin chaleco salvavidas… ¡y no hay cojones! Justificamos la no durabilidad del amor, nos agazapamos en excusas como la rutina y la monotonía, y lo que existe realmente, es un miedo atroz a un compromiso que nos inunde, y que nos agite corazón, alma, cuerpo y mente sin tener que pagar una actividad multiaventura. Cuando tenemos algo bueno y de verdad, lo soltamos como si quemara cuando es ese ardor el que engrandece y da valor auténtico a nuestro paso por este planeta. Así es de estúpido el ser humano, que nunca sabe lo que tiene ni lo que quiere, y para reducir esa estupidez está la Literatura y el Cine, afortunadamente.

Muchísimas gracias por su fidelidad y atención.

Un afectuoso saludo y hasta la próxima entrada.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

“Si he hecho algo que te haya hecho pensar que lo que nos ha pasado no es nuevo para mí, que solo es una rutina, sí te pido disculpas.” (Robert Kincaid) 

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Ciclo Chocolat LXXIX: Una crítica personal “de película”: “Los miserables: la leyenda nunca muere” (Bille August, 1998)

 

La película que hoy comparto con todos ustedes no es nueva. Muy distante está de ser un estreno de la gran pantalla. Nada más y nada menos que casi 19 añitos hace que la pudimos ver por primera vez en una sala de cine, concretamente, el 19 de octubre de 1998 tuvo lugar su estreno en España. De seguro, ha llovido, damas y caballeros, pero no importa. Hay cosas que merecen ser recordadas y visualizadas décadas después. Hay buenas cosas que no caducan, que son imperecederas, como la sensación que me dejó este filme cuando lo vi (y sentí) en la pantalla grande siendo yo una reconocida y ferviente cinéfila, por aquel entonces, adolescente. Como saben, esta versión está basada en la genial obra literaria del escritor francés Víctor Hugo: “Les misérables” (1862). No cabe duda de que esta obra, base de esta adaptación cinematográfica que nos ocupa, es magnífica. Cuando la leí por vez primera, me transmitió la idea de bondad como un todo pero también de injusticia, de rabia, de dolor, de impotencia y de profundo pesimismo individual y social. Por otra parte, en esta película, sin embargo, se transmite todo esto en grandes dosis pero, estarán de acuerdo conmigo en que la trama tiene la justicia, el poder del bien y el optimismo que el libro no posee.

Como en toda película que se precie, el protagonista se nos muestra como un héroe admirable, tanto por nosotros, los espectadores, como por otros personajes. La parte en la que Jean Valjean (Liam Neeson) cumple condena está eliminada aunque se vislumbra el sufrimiento en sus palabras y en su rostro, la dignidad arrebatada durante dos décadas por haber robado pan debido a que pasaba hambre. En el lado opuesto está el villano, en este caso, un policía que en otro tiempo fue un carcelero, llamado Javert (Geoffrey Rush), y que profesa una desmesurada obcecación por Valjean y por el cumplimiento de la ley. Realmente no es tan malvado. La vida no parece haber sido muy gentil con él y, a pesar de que cree que un criminal debe pagar un precio, también se percata de que Valjean es un excelente ser humano al que interiormente admira confesándolo, finalmente, a su peculiar y personal manera.

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El reparto es maravilloso, uniéndose a Neeson y Rush: Uma Thurman (como Fantine), Claire Danes (como Cosette) y Hans Matheson (como Mario), entre otros. Todos ellos componen un conjunto único en interpretación.

La esencia interpretativa se concentra con más consistencia en Liam Neeson y es que el actor es la mejor opción que se puede encontrar si del personaje en cuestión se pretende que sea un corazón andante. No existe otro actor con ese don tan visible, quizás sea porque esa cualidad tan positiva es mayor si el recipiente es grande, y él mide nada más y nada menos que 1,93 m. Solo ver sus manos, la idea de ayuda, auxilio y protección vienen de serie, perfectas para la caricia en el inocente, e idóneas para el puñetazo en el malvado. Excepcional nuestro Liam. Todo lo que tiene de grande, lo tiene de adorable.

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En lo referente a su banda sonora, fue compuesta por Basil Poledouris, descendiente de una familia griega que, desgraciadamente falleció consecuencia de un cáncer hace once años. Suena muy bien y se adecúa a la perfección a las emociones y acciones. Muy bonita.

En mi opinión, Bille August hizo un brillante trabajo cinematográfico con un potente clásico de la literatura francesa. Da mucho juego e hizo excelentes elecciones para confeccionarlo. En la escena final, el espectador, si no siente algo especial, es que ha estado adormecido. La justice, la surprise, le bonheur et la liberté se concentran en esta inolvidable escena, en la cual el rostro de Liam Neeson va modificándose tras el inesperado suceso que acontece referente a su extraño y jamás odiado enemigo. La sensación al salir de la sala es indescriptible. La satisfacción y el alivio son absolutos. 

Es adulador e inspirador comprobar cómo una persona, un hombre, puede vivir de manera individual, sin meterse con nadie, preocupada por sí mismo y por el bienestar de sus seres queridos, sin envidia, sin odio, sin rencores, sin luchas banales por causas perdidas, sin ideologías, solo pensando en ser justo y útil. Valiente hasta la medula. Sin duda, el personaje de Valjean es un ejemplo excepcional de humanidad.

Creo que sobra decir que para mí esta versión de “Los Miserables” es la versión moderna mejor del Séptimo Arte. Califico este trabajo con un merecidísimo 8/10.

Les incluyo varias adaptaciones a la pequeña y gran pantalla que les pueden interesar… Disfruten de todas ellas. Cada cual tiene su detalle, su exclusividad.

  • Victor Hugo et les principaux personnages des Misérables (Hermanos Lumière, 1897).
  • Los Miserables (J. Stuart Blackton, 1909).
  • Los Miserables (Raymond Bernard, 1934).
  • Los Miserables (José Antonio Páramo, 1971).
  • Los miserables: la leyenda nunca muere (Bille August, 1998)
  • Los Miserables (Josée Dayan, 2000). Miniserie de TV.
  • Los Miserables (Tom Hooper, 2012).

Muchas gracias por su atención y hasta próximamente. Cordiales saludos.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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