Ciclo Chocolat XXXVI: ¿La Edad de Oro de la mujer en el 7º Arte?

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Sean Connery y Catherine Zeta-Jones en “La trampa” (Jon Amiel, 1999)

Esta nueva entrada no va a tratar una crítica de película como era lo acostumbrado. Por esta vez, si me lo permiten, vamos a tirar la casa por la ventana. Hoy es mi deseo plasmar una mera observación; puede que esté de acuerdo o no, puede que les parezca polémica, o quizás, hasta feminista. No me importa. Juzguen ustedes, que para eso son mis lectores y gozan de exactamente la misma libertad que tengo yo para expresarme. Me gustaría, entrando ya en materia, hacerles ver la realidad de un tiempo en el Séptimo Arte en que la mujer era ese secundario, sin el que el protagonista varón no podía aparecer, pues era el complemento esencial… bueno, rectifico, quizás en esa primera mitad del siglo XX, la mujer más que como complemento, funcionaba de elemento decorativo. Precisión ante todo. Ellas suponían el estereotipo de novia bastante latosa, esposa servicial y melosa, y madre felina. Les introduzco en materia pero no es este el detalle al que tengo la intención de llegar en algún momento (más temprano que tarde, no desesperen)… Sí, las féminas eran importantes en una película, pero como actrices que encarnaban un papel y no tanto como mujeres de carne y hueso que se ganaban su dinero trabajando en este complejo mundo de la interpretación, y me explico con más claridad. Cuando ustedes ven una película de la década de los 50 y comprueban (pues a la vista está) que el protagonista saca dos décadas a su compañera de reparto en bastantes ocasiones y que terminan como pareja, contrayendo matrimonio o quedando en simple noviazgo, ¿no se preguntan qué sentido tiene semejante realidad? ¿Acaso las canas y las arrugas de ellos tenían más valor que las de una mujer para que esta se tuviera que quedar en casa mientras otra jovenzuela le quitaba su puesto de la manera más injusta y cruel?

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Clark Gable e Yvonne De Carlo en “La esclava libre” (Raoul Walsh, 1957)

Si no se fijaron o no les pareció algo significativo que esto ocurrierra en el 80% de las películas antiguas, les pondré al tanto de datos que dan escalofrío: Clark Gable sacaba 21 años a Yvonne de Carlo (en “La esclava libre”) y 27, a Grace Kelly (en “Mogambo”); Humphrey Bogart, sin embargo, sacaba tres décadas exactamente a Audrey Hepburn (en “Sabrina”). ¿Quizás fuera por este detalle “tan absurdo” que vengo tratando, que las carreras cinematográficas de las mujeres estaban terminadas a los cuarenta y las de los hombres duraban hasta que la parca venía a buscarles? ¿Podría ser una causa de peso? ¿Qué opinan? A día de hoy no se ha erradicado del todo la costumbre, ni mucho menos… Contamos con ejemplos muy concretos que lo abalan que se pueden tomar como meras excepciones: Sean Connery con Catherine Zeta Jones se llevaba 39 años (en “La trampa”), y con Julia Ormond, 35 (“El primer caballero”); Harrison Ford sacaba 27 años a Anne Heche (en “Seis días y siete noches”); Jack Nicholson sobrepasaba la edad de Helen Hunt en 26 años (en “Mejor… Imposible”) y a Amanda Peet, en 35 añitos (en “Cuando menos te lo esperas”); Demi Moore tenía 26 años menos que Robert Redford (en “Una proposición indecente”); Sir Anthony Hopkins tenía 23 años más que Julianne Moore (en “Hannibal”). Richard Gere y Julia Roberts se llevaban 18 añitos. Ya parecen hasta pocos, ¿verdad? Sin embargo, este atractivo actor de cabellos plateados trabajó junto a Winona Ryder en “Otoño en Nueva York”, habiendo una distancia entre ellos de 22 otoños.

Los tiempos modernos ya nos han mostrado, por suerte y algo de justicia, la situación inversa: mujeres maduras con hombres bastante más jóvenes, pero no se crean que abundan. Así, a voz de pronto, recuerdo que Susan Sarandon sacaba 26 años a Jude Law en “Alfie” y Diane Keaton excedía en 18 primaveras a Keanu Reeves en “Cuando menos te lo esperas”, y si lo piensan, no hay muchos ejemplos más que mencionar salvo aquellos en los que la diferencia de edad en sí sea el objeto de la trama, la clave en la que se centra la sinopsis. En esta última película mencionada, hay una conversación muy interesante sobre el tema de la edad en hombres y mujeres y de por qué ellos las prefieren jóvenes. El tema corre a cuenta de la actriz Frances McDormand, que encarna el personaje de Zoe, hermana de la dramaturga Erica Barry (Diane Keaton), y que saca unas conclusiones bastante veraces pero incómodas.

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Maggie Smith y Daniel Brühl en “La última primavera” (Charles Dance, 2004)

No tienen más que hacer memoria y recordar títulos como “El novio de mi madre” (2007) o “Secretos compartidos” (2005), para darse cuenta de que esa diferencia de edad se toca de manera artificial, como si se tratara de algo llamativo que va contrariando un poco las normas sociales. Hacen que parezcan casos peculiares, dignos de atención y la mayor parte de los veces, los exponen como situaciones descabelladas, tan alejadas de la normalidad, que la relaciones por lo general no cuajan en esta circunstancia. ¿Acaso si funcionara sería escandaloso? ¿Es tan vergonzoso que una fémina madura y un chico joven se atraigan? Opinen ustedes y me gustaría no tanto ver la opinión de un hombre, sino de una mujer, que muchas veces somos nosotras mismas las que nos ponemos la zancadilla cuando se trata del sexo opuesto. No me digan que no… Me viene en este instante a la mente, la película “La última primavera” (Charles Dance, 2004). ¿La han visto? En ella, la vida de las hermanas Janet y Ursula Widdington (interpretadas por Judi Dench y Maggie Smith) cambia cuando un joven violinista de Cracovia aparece malherido en las costas de Cornualles tras haber sido arrojado al mar. Ellas le acogen en su casa y le cuidan hasta que se repone. La más joven de las hermanas se enamora de él. A simple vista sólo nos percatamos de dos ancianitas con ganas de volver a sentir: la mayor más resignada a su edad y más precabida; la menor, más inocente y arriesgada. Naturalmente (o no), el chico ve a las dos mujeres como si fueran su madre. Siente por ellas agradecimiento y afecto, sin más. ¿Qué hubiera ocurrido si la historia fuese al revés? ¿y si en la casa hubiera habido un hombre maduro y llega una joven herida a la que debe curar? Pondría la mano en el fuego de que para ese señor, la “última primavera” hubiera sido muy diferente, y no voy a relatar más…

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Humphrey Bogart y Audrey Hepburn en “Sabrina” (Billy Wilder, 1954)

Qué sentido tiene que se vea natural que a un hombre se le relacione sentimentalmente con una mujer que podría ser su hija (incluso su nieta) y, sin embargo, una mujer madura relacionada con un jovencito se vea extraño y anormal. Personalmente, diré que no lo encuentro. Creo que en el 7º Arte, el tinte, las cremas hidratantes o anti-age y la base de maquillaje son productos utilizados para ambos sexos. Creo que tanto a hombres como a mujeres les afecta el paso del tiempo; sus pieles y tono muscular pierden la firmeza de la que disfrutaban a los veinte, la tripita de ellos a partir de los cuarenta ahí asoma, para los que no están día tras día en un gimnasio, claro. Me parece que existen hombres muy maduros trabajando en el mundo cinematográfico que carecieron de atractivo incluso cuando sus culos lucían prietos y ahí continúan. ¿Por qué aún a día de hoy ellos son valorados por su calidad interpretativa y ellas por su aspecto? ¡Cuántos actores de éxito conocen que se hayan retirado del ejercicio de la interpretación antes de tiempo si no han caído enfermos! ¿Clint Eastwood? ¿Robert Redford? ¿Robert Duvall? ¿Sean Connery? ¿Morgan Freeman? ¿Michael Caine? ¿Michael Douglas? ¿Robert De Niro? ¿Al Pacino? ¿Richard Gere? ¿Kevin Costner? ¿George Clooney? ¿Brad Pitt? ¿Harrison Ford? ¿Sean Bean? ¿Liam Neeson? ¿Ralph Fiennes? ¿Richard Jenkins? ¿Woody Harrelson? ¿Harvey Keitel? ¿Donald Sutherland? ¿Sam Elliot? Díganme cuántas actrices apenas aparecen en la gran pantalla actualmente con cuarenta, cincuenta, sesenta y casi setenta añitos. Se me ocurre, por ejemplo, nombres como: Demi Moore, Sharon Stone, Kim Basinger, Kirstie Alley, Brooke Shields, Jessica Lange, Winona Ryder, Salma Hayek, Anne Archer, Kelly McGillis, Bonnie Bedelia, Holly Hunter… Si pensamos en actrices maduras que aún siguen siendo protagonistas de sus trabajos y con éxito de taquilla, nos topamos con nombres, por ejemplo, como Meryl Streep, Diane Keaton, Susan Sarandon, Helen Mirren, Jane Fonda o Shirley MacLaine. ¿Se les ocurren muchas más? Pueden añadir nombres en sus comentarios para este post y me darán una alegría, con sinceridad. Por otra parte, en el caso de actrices como Sandra Bullock (50 años) y Julia Roberts (47), dos estrellas deslumbrantes, el volumen de trabajos en los que participan a día de hoy, no es ni por asomo el que era. Ellas están en su mejor momento y el mercado no da para más. Naomi Watts (46) y Jennifer Connelly (44) parecen estar más al descubierto en la actualidad, perteneciendo a una franja de edad muy similar. La juventud, como es natural, va haciendo de las suyas y nombres como Anne Hathaway (32), Keira Knightley (29), Scarlett Johansson (30) y Natalie Portman (33), van ganando terreno y desbancando a la auténtica experiencia interpretativa. La actriz francesa Marion Cotillard (39) está a día de hoy en el candelero cinematográfico junto a Felicity Jones (31), Julianne Moore (54), Reese Witherspoon (38) y Rosamund Pike (36) pues no olvidemos que las cinco están nominadas para los Oscar de este año en la categoría de mejor intérprete femenina.

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Jude Law y Susan Sarandon en “Alfie” (Charles Shyer, 2004)

La realidad es que en este adorable y moderno siglo XXI, Hollywood sigue llamando a los afectuosa y respetuosamente llamados “dinosaurios” del panorama cinematográfico hasta que les queda un último soplo de vida y mujeres de mediana edad siguen esperando a que les hagan una simple llamada, con la intención de que les ofrezcan un papel. Por otro lado, debemos tener en cuenta la estupidez a la que llega la mujer cuando al mirarse al espejo a cierta edad, cree ingenuamente que el bisturí y el colágeno van a hacer milagros de la talla de hacer desaparecer veinte años de golpe, siendo el visible resultado final, por ejemplo, el aspecto irreconocible de Renée Zellweger a una edad bastante temprana o de Meg Ryan, que aún siendo más mayor, lo único que queda de ella es el nombre. Entonces, he ahí la clave, si es la propia mujer la que no asimila el paso del tiempo, la que no se hace valer y cree que en su piel firme y en sus senos turgentes está su esencia, poco puede hacer el mundo. Pienso que la expresividad facial es vital para cualquier actriz y muchas, desgraciadamente, la pierden, voluntariamente, de manera artificial y cara. Sinceramente, si a día de hoy, yo fuera un director y tuviera que escoger para un papel entre una actriz de renombre con el cerebro “recauchutado” y el cuerpo de muñeca hinchable, y una actriz desconocida de veinte años, que Dios me perdone, pero no tendría dudas. Iría de cabeza a por la segunda opción. Creo que todos a cada edad tenemos algo bueno que ofrecer y si eso no se tiene claro, ¿de qué sirve haber madurado y haber cogido experiencia de la vida a edades avanzadas? ¿para qué tanta esperanza de vida si nos anulamos a los cuarenta?

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Winona Ryder y Gabriel Byrne en “Mujercitas” (Gillian Armstrong, 1994). Se llevaban 21 años.

La renovación de generaciones es algo natural, con lo que todos contamos, tanto en hombres como en mujeres, y por supuesto, la calidad del actor/actriz tiene que percibirse. Si alguien es válido en su terreno profesional debe ser debidamente reconocido/a. El mundo evoluciona y quiero y necesito creer que la igualdad es un posible, se puede lograr y no estamos tan distantes de alcanzarla. El cine es una fuente inagotable de nuevas historias y de nuevos personajes y estos son adaptables a un perfil de persona, con unas características y una identidad concreta. La edad es un factor a tener en cuenta y si precisamos de una persona madura (esto va por los directores y guionistas) deberemos pensar en ambos sexos, puede que si damos la vuelta a la tortilla y el maduro de turno se convierte en una mujer madura y la jovencita inocente, en un ingenuo hombrecito, habrá trabajo para todos… y mejor y más acorde y oportuno, si a un hombre maduro, le ponemos con una mujer madura y aunamos sus experiencias de vida, su sabiduría, sus arrugas y canas y sus preocupaciones, en sintonía, daremos con el modelo de pareja interesante y moderna que disfruta del paso del tiempo en igualdad y que logrará que todo en la trama quede compensado. Esto sumado a que tanto el hombre como la mujer estarán ejerciendo su profesión encarnando personajes adaptados a ellos mismos, producirá un efecto de bienestar para sí y de credibilidad y convencimiento ante el espectador, que no desea ver “fantasmadas” sino realismo (en detalles como este que nos ha ocupado).

Parece que hora es ya de finiquitar mi humilde “exposición”. Espero que por lo menos, les haya parecido amena la lectura a pesar de su extensión y que les invite a participar comentando. Muchísimas gracias por su atención. Hasta la próxima entrada cinéfila ;).

Por Gema Mª Gómez del Barco (De la mano del Séptimo Arte)

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Jack Nicholson y Diane Keaton en “Cuando menos te lo esperas” (Nancy Meyers, 2003). Una adorable pareja de cine con tan solo ochos años de diferencia. Cuando quieren, pueden 😉

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Acerca de gema82

Soy una apasionada del 7º Arte, una enamorada de la la fotografía en las películas, de las grandes bandas sonoras y por supuesto de los excelentes actores y actrices que hacen que las historias se tornen realidad ante nuestros ojos.
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3 respuestas a Ciclo Chocolat XXXVI: ¿La Edad de Oro de la mujer en el 7º Arte?

  1. Lupe dijo:

    Los pesonajes que interpretan Jack Nicholson en “Mejor Imposible” y Anthony Hopkins en “Hannibal” son obviamente, la causa de que no hayan mujeres de su edad alrededor… 🙂
    En el libro “Mujercitas”, Jo y el profesor Baher sí tienen una enorme diferencia de edad – y ellos mismos lo saben-. “Thelma y Louise” muestra un breve choque y fuga con un desconocido casi adolescente Brad Pitt. La “Sabrina” de Audrey Hepburn vuelve de París tras el sueño del hombre que se ha mantenido en su mente, sólo para descubrir que era un sueño. Clint Eastwood se va dedicando más a dirigir y a presentar muy buenos temas (por supuesto que también está actuando en varias de ellas, pero sabemos que si no fuese Clint, no saldría en pantalla mostrando su real edad)

    Las mujeres en Hollywood están retomando su poder de otras formas: creando productoras de películas – o sea, su dinero y su nombre para financiar proyectos -, dirigiendo, haciendo documentales, alzando la voz por papeles dignos de ser interpretados por actrices mayores… Y los resultados son cada vez más y más interesantes. Menos “chick flicks”, más temas para contar y arriesgar.

    Excelente columna, felicitaciones.

    • gema82 dijo:

      Gracias, Lupe, por “arriesgarse” a leer mi post ;). Totalmente de acuerdo con lo que comenta. Me alegro de que le haya gustado la columna.

  2. María Luisa Hdez Castaño dijo:

    Me viene a la mente una, para mí, inolvidable película, “No me digas adios” o “Aimez-vous Brahms?”, de l escritora Françoise Sagan, dirigida x Litvack en 1961 e interpretada x Ingrid Bergman, Anthony Perkins e Yves Montand. Va sobre una relación amorosa entre una señora madura y un joven adinerado q se enamora perdidamente de ella, aunque ésta sentimentalmente está unida a un hombre de su edad bastante crápula, x cierto. Época reacia a este tipo d emparejamiento, con la música de Brahms de fondo, el final es el previsible. Tres personajes muy diferentes y muy bien interpretados.

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