Ciclo Chocolat LXV: Una crítica personal “de película”: “Por quién doblan las campanas” (Sam Wood, 1943)

   De nuevo aquí, en este espacio, para acercarles un clásico que, de seguro, unos cuantos de ustedes, estimados lectores y cinéfilos, habrán ya visto y analizado. En esta ocasión, les muestro un trabajo cinematográfico basado en la novela titulada originalmente ‘For whom the bell tolls’ (1940), del archiconocido escritor estadounidense Ernest Hemingway.

El director, responsable de este filme que hoy nos ocupa, Sam Wood (“Lo que el viento se llevó”, “Un día en las carreras”, “Una noche en la Ópera”, “La exótica”, “El mujeriego”…), quiso adaptar dicha novela de la manera más acertada posible, aunque, en mi humilde opinión, resulta más entretenido el libro que la película. Sin duda, la época en la que se rodó tiene mucho que ver con las maneras que se muestran. Un contenido bastante pobre, un ritmo excesivamente lento y un escenario muy limitado hacen del conjunto algo bastante anodino, tanto, que no alcanzo a entender cómo es posible que obtuviera nada más y nada menos que nueve nominaciones a la estatuilla dorada.

En cuanto al reparto, sí, el par protagonista nos es muy querido y respetado en sus interpretaciones. Cómo bajar del pedestal a un maduro Gary Cooper (como Roberto “el Inglés”) y a una jovencísima Ingrid Bergman (como María). Sin embargo, no pegan ni con cola. Siento decirlo así. La química que podrían haber tenido de ser personas de la misma edad, con caracteres algo más vivarachos… sin embargo, se reduce a una relación de admiración y atracción de una pequeña y no tan inocente mujercita hacia un hombre hecho y derecho, y a la vez, la compasión y espíritu de protección paternalista de él hacia la chiquilla, la cual fue muy desafortunada por circunstancias de Guerra Civil, aquí en España, en el año 1937. Si se fijan en las escenas más cálidas y románticas, el guión es dulzón, demasiado azucarado y los primeros planos de ojos con Vispring y dentaduras de auténtica porcelana china se hacen interminables. También destaco el servilismo que se muestra por parte de las mujeres haciendo lo que se consideraban labores propias de su sexo en aquel entonces. El amor de María hacia Roberto se hace patente además de por la tontería visible que lleva encima, por quitarle las botas y calcetines en una escena, y ayudarle a secarse los pies. Esto ya parecía ser su deber. Curiosamente, una escogía “hombre” y… ¿ya tenía que atenderle cual sirvienta, en España, y en aquel tiempo, y siendo amantes, sin casamiento de por medio? Me parece, sin ánimo de crítica, que se ha hecho patente un exceso de machismo y de modernidad. Él se pasa el tiempo diciendo que ella es una “desvergonzada” pero sigue el juego y ella se presenta bastante lanzada, contraria su actitud a su risueño y angelical rostro, y a las penalidades pasadas. Muy confiada para todo el sufrimiento vivido.

Los personajes forman parte del bando republicano y sus visiones no cabe duda de que roza el liberalismo más absoluto. La película resulta oscura, amarga… Se respira un espíritu de supervivencia, de salvarse a sí mismos pero también de lucha, de rencor y ganas de asesinar personas que quizás no tenía sentido darles muerte (lanzan a un alcalde por un precipicio, fusilan por la espalda guardias civiles…). Un halo de arrepentimiento también se mastica en el aire tras el activismo cruel que despliegan. Por otra parte, la actriz Katina Paxinou (Pilar) propone con su papel un algo diferente a lo que se veía como normal en la figura femenina. Ella, opuesta a María, saca las uñas, toma decisiones y da órdenes, y aunque su belleza física no es muy allá, tiene la admiración y el respeto del sexo opuesto. Ella marca la diferencia. Menos mal.

Gary Cooper se pone en la piel de Robert Jordan, y lucha en la Guerra Civil Española (1936-1939) perteneciendo a la Brigada Lincoln. Es un experto en acciones especiales detrás de las líneas enemigas: voló trenes, redes eléctricas, depósitos de armas… Parece ser que fue adjunto en su pasado, y enseñaba español a los estadounidenses. Ahora su deber es otro.

Los 170 de duración (se dice pronto) de “Por quién doblan las campanas” son muchos minutos y se hacen eternos. Resulta monótona en todos los sentidos, incluso su banda sonora, compuesta por Victor Young, aunque buena, se hace pesada con tan poco movimiento. Digamos que no es una película de esas atemporales y que suscita la idea de verla más de una vez. No, una servidora ya está servida, ¡y de qué manera! Sin duda, esperaba otra cosa…

Sin ánimo (ni tiempo) de dar más vueltas a esta entrada, voy a calificar este clásico, siendo muy benevolente, y algo indulgente también, con un generoso 5/10.

Muchísimas gracias por su atención.

Nos vemos en próximas entregas de este blog.

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Acerca de gema82

Soy una apasionada del 7º Arte, una enamorada de la la fotografía en las películas, de las grandes bandas sonoras y por supuesto de los excelentes actores y actrices que hacen que las historias se tornen realidad ante nuestros ojos.
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