Ciclo Chocolat LXVI: Una crítica personal “de película”: “Al Este del Edén” (Elia Kazan, 1955)

   Hoy les presento otro clásico de esos que marcan historia, no solo por su calidad y su interesante entramado sino porque supone uno de los tres trabajos cinematográficos para la gran pantalla en que participó su protagonista James Dean, una estrella que se apagó demasiado pronto y cuyo brillo delante de las cámaras aún nos deslumbra. Supuso una gran pérdida, qué duda cabe.

El director de este filme, el famoso turco Elia Kazan (“La Ley del Silencio”, “Un tranvía llamado Deseo”, “Esplendor en la hierba”, “¡Viva Zapata!”…), nos obsequia en esta ocasión con un largometraje de una hora y 55 minutos de psicología familiar en estado puro. Para ello, exprime las capacidades interpretativas de James Dean (como Cal) a su máxima expresión, ofreciendo un espectáculo de sentimientos cruzados tan realista como convincente. El reparto lo completa Albert Dekker, como Will Hamilton, el padre, de Cal (Dean) y Aron (Richard Davalos, fallecido en marzo de este año), mellizos. Julie Harris encarna a Abra, novia de Aron. Jo Van Fleet hace de Kate, una peculiar mujer, negociante, con un gran secreto, cuyo personaje le dio el Oscar en la categoría de mejor actriz secundaria. Esta fue la única estatuilla que ganó la película, de un total de cuatro nominaciones. También, hace una aparición breve pero grandiosa el actor Burl Ives (“La gata sobre el tejado de zinc”), poniéndose en la piel del shérif Sam. Todos y cada uno de ellos hacen de “Al Este del Edén” una obra única e imprescindible para cualquier cinéfilo que se precie. Se trata del paraíso actoral.

Con respecto a la trama… asistimos como espectadores a una realidad familiar que afecta a un padre y a sus dos hijos mellizos. El trato tan discriminatorio e injusto que un hombre temeroso de Dios otorga a uno de sus dos hijos, unido a la ausencia de la figura materna da a Kazan un material de primera para mostrar cómo las cosas mal hechas pueden destrozar a las personas, y si estas interiormente son buenas de verdad, transformarse en mejores. Asistimos a un festival de rencor, envidia, injusticia, crueldad, rabia, violencia, y amor, bien canalizado, sano, en algunas ocasiones, y en otras, algo perturbado o incluso negado. Nos percatamos de lo difícil que parece ser la tarea de ser padres, lo equivocado que alguien puede estar respecto a sus descendientes y lo malvado que puede resultar dar prioridad a la libertad que al cuidado y protección de los hijos. Esto último llega a parecer incomprensible. Comprobamos cómo personas con luz propia se llevan los mayores palos de la vida, y con gran esfuerzo para conseguir lo que desean, y, en cambio, otras viven de cierta apariencia y recibir amor les ha sido tan sencillo que han vivido distanciados de cualquier dolor o de cuestionarse ciertas cosas. Afortunadamente, al final, el tiempo pone a cada cual en su lugar; el que merecen para que exista algo de justicia en este caótico mundo. Aunque diría que el final es bastante curioso. Quien se ha pasado todo el tiempo mendigando el amor y el reconocimiento de su padre es al que se le impone la tarea de cuidar a ese hombre con su enfermedad. A veces, la vida es caprichosa e irónica. No cabe ninguna duda de que el padre de los mellizos tenía sus motivos para no dar un trato igualitario a sus retoños. Sí, uno de ellos se parecía más a su esposa, y él rechazaba ese recuerdo, pero, bien pensado, ¿qué culpa tiene una inocente criatura de parecerse a uno de sus progenitores? Es algo de lo más natural, ¿verdad?

La banda sonora original corre a cuenta de Leonard Rosenman y es tan adecuada como para incrementar la tensión; esa incomodidad que se siente durante toda la película cuando ves que alguien es infeliz con motivos de sobra y hay posibilidades de cambiar esa situación tan fácilmente… a la vez que un halo de suspense, de intriga, invade la parte inicial de la película. Mantiene en constante atención, se hace corta e implica al espectador de una manera natural. Monotonía y aburrimiento no son sensaciones que se puedan experimentar disfrutando de este clásico.

Valoro, sin más dilación, “Al Este del Edén” con un merecidísimo 8,5/10.

Muchísimas gracias por su atención.

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Acerca de gema82

Soy una apasionada del 7º Arte, una enamorada de la la fotografía en las películas, de las grandes bandas sonoras y por supuesto de los excelentes actores y actrices que hacen que las historias se tornen realidad ante nuestros ojos.
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