Ciclo Chocolat LXXXVII: Una crítica personal de película: “La hija de Ryan” (David Lean, 1970)

Esta vez, la ocasión lleva consigo un clásico, no un estreno de cartelera. Sin ir más lejos, ayer noche emitieron “La hija de Ryan” en televisión y me decidí a verla. Por lo visto, tras este estreno del 70, el genial director británico David Lean, responsable de majestuosas obras maestras como “Lawrence de Arabia” (1962) o “Doctor Zhivago” (1965), permaneció en oculto nada más y nada menos que catorce años, recuperándose de las negativas críticas que recibió por aquel entonces. Las relaciones no fueron muy buenas con su protagonista, el famoso actor Robert Mitchum, pero este mismo afirmó y reconoció públicamente que había sido, sin duda, su mejor interpretación, así que el director tuvo parte de mérito, claro está.

El trabajo (infravalorado en su momento) de Lean fue elogiado con dos estatuillas, una de ellas para el mejor actor secundario John Mills, encarnando magníficamente al personaje Michael, un discapacitado intelectual que aparece durante toda la trama, y la otra, para la mejor fotografía, realizada por Freddie Young.

“La hija de Ryan” luce un reparto de diez: Sarah Miles (Rosy Ryan), Robert Mitchum (Charles Shaughnessy), Trevor Howard (el Padre Hugh Collins), John Mills (Michael) y Christopher Jones (Mayor Randolph Doryan), entre otros.

¿De qué trata este sonado clásico? Rosy es la hija del tabernero de una pequeña población en la costa de Irlanda, durante la Primera Guerra Mundial (1916). El país está ocupado por el ejército británico. Los habitantes y la resistencia irlandesa aprovechan cualquier momento para combatir a los ocupantes. La joven Rosy desea un amor apasionado, ser fina y educada. No se encuentra por tanto cómoda en el pequeño y cerrado pueblo que no da respuesta a sus recientes anhelos. La única persona que ella considera apta para sus pretensiones es el maestro de escuela, Charles Shaughnessy (Robert Mitchum). Charles es un hombre corriente, viudo, bastante mayor que ella. Rosy piensa que está enamorada del maestro y ambos terminan contrayendo matrimonio. Sin embargo, cuando llega al pueblo un joven y atractivo militar británico herido en el frente y con importantes traumas de guerra, el mayor Randolph Doryan (Christopher Jones), ella se percata de que sus deseos carnales pueden ser satisfechos… y hasta aquí puedo contar…

Es innegable que solo la lectura de la sinopsis ya atrapa, sobre todo para aquellos que además, de amantes de los clásicos de cine, se consideran fans del género romántico. Cuando se adentran en lo que acontece durante las tres horas y cuarenta y tres minutos que dura, y escuchan de fondo esa banda sonora, de seguro les traerá recuerdos de los otros grandes trabajos de Lean pues se trata del mismo compositor: Maurice Jarre.

Para mí, lo mejor de la película, lo que roza la excelencia, se centra en dos grandes detalles: el magnánimo, digno, paciente, leal, comprensivo, honrado y empático personaje que interpreta Robert Mitchum, como marido que ama de veras a su joven dama contra viento y marea, y el admirable y tremendo personaje de Trevor Howard (Padre Collins) como cura del pueblo. Este último, uno de los personajes religiosos con más humanidad, corazón y sensatez de la historia del cine; un siervo de Dios sencillo, preocupado realmente por las necesidades de educación, protección y civismo de su pueblo y no por atemorizar o amenazar con el infierno a los feligreses (y a los que no lo eran). Me encantó. Soberbias ambas interpretaciones.

En la trama se respira la ignorancia, la mala baba y la ociosidad de un pueblo, el ferviente machismo extendido entre los hombres y entre las mujeres (en estas con mayor rencor y malicia), el odio por el enemigo de guerra entre civiles, la bondad e incapacidad de hacer daño de quien tiene limitado su intelecto… todo ello, en su conjunto, conforma una trama que ya quisiera el cine actual. Cuando veo y disfruto un clásico así, tan lleno de todo, tan completo, me pregunto por qué el siglo XXI produce, en términos generales, un cine tan de papel, tan carente, tan insulso. Da rabia.

Para terminar, solo puedo expresar un merecido “¡CHAPÓ!” al Sr. Lean, fallecido en 1991, y valorar “La hija de Ryan” con una calificación de 8,5/10.

Gracias a todos ustedes, mis lectores, mis seguidores, todos, cinéfilos… por su leal atención y amabilidad. Hasta la próxima. Saludos.

Gema María Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

*****

Anuncios

Acerca de gema82

Soy una apasionada del 7º Arte, una enamorada de la la fotografía en las películas, de las grandes bandas sonoras y por supuesto de los excelentes actores y actrices que hacen que las historias se tornen realidad ante nuestros ojos.
Esta entrada fue publicada en Introducción. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s