Ciclo Chocolat LXXXVIII: Una reflexión: “¿Lo romántico ha muerto? ¿se ha distorsionado su sentido?”

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Quisiera, y me tomo la libertad, de comentar, y compartir con ustedes, por supuesto siempre desde mi visión personal y particular del mundo, una reflexión que cine y vida real, las noticias diarias de prensa me han otorgado. Ignoro si estarán de acuerdo o se echarán las manos a la cabeza. Deben saber que si me pusieran un lápiz delante y me dijeran “escriba sobre él”, lo haría gustosa y con infinito detalle. Soy así y no parece que tenga remedio, quizás más al contrario, se va acentuando con la edad. Escribir siempre ha sido y será un placer me atiendan o no, pero si no lo hacen (libres son), seguiré en mis trece, no tengan ninguna duda. Si lo hacen, me sentiré extremadamente dichosa; no crean que me siento indiferente hacia mis lectores. Ustedes tienen efecto en mí.

“Romanticismo”, ese concepto que siempre me ha parecido bellísimo, esencial, y cuyo sentido, independientemente del movimiento cultural y artístico, ha sido y será imprescindible para mi persona. El cine lo ha mostrado en muchas películas de mil maneras y, a medida que la evolución es mayor, que los avances en el ser humano se van haciendo más evidentes, se va disipando la emoción y la ola de sentimientos que desprendían clásicos como “Lo que el viento se llevó”, “Con él llegó el escándalo”, “Gigante”, “Gilda”, “Desayuno con diamantes”, “¡Qué bello es vivir!” o “Tú y yo”, entre otros. A partir de 1990 nos topamos con ejemplos como “Eduardo Manostijeras”, “Ghost”, “Pretty Woman”, “Mientras dormías”, “Mujercitas”, “Grandes esperanzas”, “Leyendas de Pasión”, “El diario de Noah”, “French Kiss”, “Notting Hill”, “Orgullo y prejuicio”, “Tienes un email”, “Una mente maravillosa”, “Una cuestión de tiempo”, “Begin again”, títulos que tratan el amor en primer plano de una manera bonita, reposada, profunda, con un toque de perdurabilidad en el tiempo, de visión de futuro, con ilusión y esperanza… En el día a día, la realidad social se traduce en un sinfín de confusiones varias, de personas que se quieren pero no, que no saben querer, que se deseaban pero ya no se aguantan, que se conforman con quien pueden porque el amor de sus vidas se les escapó tiempo atrás… rupturas, divorcios, custodias, insultos, ni contigo ni sin ti… y ciertos personajes que van saliendo a la luz porque se llevan por delante la vida de las parejas o de sus hijos, personas por las que se suponía con certeza que debían sentir amor profundo. Qué concepto de amor se está fortaleciendo si se mata o se hace sufrir a quien se ama. Esto es rencor, es odio, es locura pero no es amor, de ningún modo. Curiosamente, hay personas que piensan que la Disney nos ha hecho mucho daño con sus princesitas y sus príncipes azules; considero, sin embargo, que las que nos han hecho machacado por completo son películas como: “Nueve semanas y media”, “Infiel”, “Sexo en Nueva York”, “(500) Días juntos”… y ¡no se lo pierdan! El trabajazo que ha aniquilado el amor y ha erradicado de pleno la dignidad de la mujer es uno muy reciente que supongo les sonará o han visto ya: “Blade Runner 2049” (Denis Villeneuve, 2017). Un espectáculo vergonzoso para las féminas tratándose, encima, de un filme futurista. Hay quien me dirá que se me ha olvidado incluir como películas asesinas del amor “Cincuenta sombras de Grey”. No, no la he incluido porque no está en esta categoría. Para ser un trabajo etiquetado como erótico, tiene más de drama romántico que otra cosa. Quiten lo carnal y verán a un hombre enamorado hasta la médula, con todo el peso de la tradición sobre sí… y ella le corresponde. Lo más.   

Por otra parte, justo cuando se supone que estamos en el siglo XXI y que la igualdad entre sexos tendría que estar casi establecida, no, al contrario; en España, estamos sufriendo un importante retroceso en el que el dominio, la sinrazón, el miedo y la inseguridad de algunos hombres desembocan en un sentimiento asesino, y posteriormente, suicida.

La mujer ha logrado unos derechos fundamentales para una vida digna, igual a la del sexo opuesto, más justa. En teoría, la mujer en la actualidad puede llevar una vida exactamente igual a la de cualquier hombre, es decir, puede votar, puede trabajar fuera de casa, puede opinar, puede hablar, puede decidir, puede comprar lo que desee sin ningún tipo de consentimiento ajeno, puede casarse con quien quiera o cuando quiera, puede arrejuntarse, puede quedarse soltera, puede acostarse con uno o con cien hombres si lo considera oportuno con un abanico amplio de opciones anticonceptivas o puede mantener relaciones con otra mujer si tiene esta inclinación sexual. Sin embargo, he añadido “en teoría” porque aún se sigue cuestionando la longitud de la falda si la mujer tiene algún percance con un hombre, su forma de vivir en el día a día, su cantidad de maquillaje, su actitud, y mucho más grave: la mujer, aunque el término “sexo débil” ha sido tachado de despectivo por la RAE, sigue siendo objeto de humillaciones, de abusos, de peligros, por los que el hombre no pasa… entonces, ¿dónde está hoy la igualdad real entre varones y féminas?

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No quiero ni pretendo, en absoluto, justificar los comportamientos masculinos pero me pregunto si las mujeres no han puesto su granito de arena para que en ese ansia de parecerse al hombre (cuando no somos iguales en nada) han eliminado algunas de las funciones que el hombre tenía y que formaban parte de su naturaleza: la conquista, la cortesía… las mujeres les han puesto el camino tan fácil que muchas de ellas no son valoradas y son tratadas como mulas de carga, como un juguete sexual o como un vientre y ellas mismas han contribuido a que así sea. Lo toleran. Ahora, hay unas cuantas féminas que no quieren y no permiten que se las deje pasar primero, que se las abra una puerta, que se las regale un ramo de flores, que se las ayude a llevar bolsas… odian lo tradicional, quieren hacerlo todo ellas, tanto es así, que el hecho de que pasen por una clínica y se queden embarazadas sin necesidad de ellos es ya una realidad viable y efectiva. Respetable es, por supuesto, pero estamos perdiendo el concepto original de HOMBRE con mayúsculas y, sinceramente, a mí, como mujer, me da lástima, porque si resulta que la evolución, y la igualdad está para que una tenga que hacer más que antes, no tiene sentido alguno convivir con un individuo que, en la actualidad, ni siquiera es un pene, sino una pena innecesaria. Los hombres no pueden permitirse amar porque no confían, ya que interiormente tienen un miedo atroz a enamorarse, que la susodicha prescinda de ellos y se quede con todo. Ellas, las que tienen una cabeza más amueblada y más individualista, tampoco se lanzan a amar porque también tienen miedo a sufrir, a que ellos utilicen la fuerza contra ellas o contra sus hijos, si los hubiere. El panorama es peliagudo.

Dicho todo esto, si analizan el patrón de conducta de un personaje literario y posteriormente cinematográfico como el Sr. Darcy, muchas de ustedes se percatarán de que hoy nos falta todo aquello que se debería valorar de un hombre y que para nada engulle ni la libertad, ni la independencia, ni la autosuficiencia ni la igualdad de una respecto al sexo opuesto; simplemente, se trata de un individuo con carga cromosómica XY que está enamorado, que ama a la mujer con sus defectos y virtudes y que haría lo que fuera por ella porque se trata de AMOR, no de capricho, no de atracción física en exclusiva, no de deseo sino de un todo profundo, con una implicación mental y un compromiso y entrega absolutos. Seguridad, sin más. Lo demás, son sucedáneos que pocas veces llegan a buen puerto, salvo que se dejen llevar y se aguanten mutuamente lo indecible. El miedo, el orgullo y el pasotismo actual de un hombre da paso a que se dejen llevar por la primera que les hace ojitos, se les cuelga o se abre de piernas y eso no es beneficioso para ninguno. La insistencia, la perseverancia, esa preocupación por ganarse a la afortunada de mil maneras, por dar argumentos y explicaciones, se transforma en una apatía, en una indiferencia que termina en manos de la mejor postora. Díganme qué aliciente tiene esta manera de actuar para ninguno de los sexos. La “caza” siempre fue cosa de ellos y ahora son presa. ¡Pobres! ¡Menuda transformación! Es natural que a muchos les dé ya lo mismo sentir que no, querer que no, porque en el fondo se rigen por una profunda desconfianza hacia la mujer. Desde luego, con este “funcionamiento” del siglo XXI, ninguno gana, mucho menos un trofeo digno de orgullo. Las mujeres cumplen objetivos pero no exigen nada; esperan un “te acepto” de ellos y ya. Ya parecen contentas. Todo deprisa y corriendo. Aquí te pillo, aquí te mato, y al tiempo, tienen al abogado o están lanzando las pertenencias de él escalera abajo. Qué desgracia. A ellas les falta valorarse a sí mismas y a ellos, valentía. Grotesco espectáculo de almas perdidas, vacío en el corazón e insatisfacción existencial.

¿Seremos finalmente robots u hologramas que se esfuman con un mando cuando no nos interesan? ¿se verá en unas décadas el ser humano despojado de cualquier emoción? Camino vamos de ello. El miedo, la ira, la soberbia, el rencor, el despecho, la indiferencia, el interés, el orgullo, el capricho momentáneo… todo ello está haciendo imposibles las relaciones humanas entre ambos sexos con cierta solidez y autenticidad. Vuelvo a describir, a alabar a mi idolatrado Sr. Darcy… un hombre que teniéndolo todo, escoge a la mujer que se lo ha robado todo sin pretenderlo, y en un alarde de valentía y seguridad, va a por ello, a por el amor de su vida, porque no concibe la vida sin ella, porque sin razón aparente, él no quiere vivir despojado de su complemento perfecto. ¡Un rechazo! ¡y qué! Él sigue intentándolo. Él sigue ahí sin desfallecer, sin rendirse, perseverando, ganándosela poco a poco… y no es que se esté quitando valor a sí mismo, es que él lo vale, él es un hombre de los pies a la cabeza, un caballero, un amor de los que ya no quedan, el auténtico regalo, el perfecto compañero de vida para cualquier fémina que se precie. Qué me dicen del miedo de ella, de Elizabeth Bennet, a perderlo tras su orgulloso rechazo. El intenso amor entre ambos es mutuo y eso se hace patente en toda la trama. A aquellos hombres que a día de hoy piensan que hacer lo que hace el Sr. Darcy es infravalorarse ante ellas, que se lo hagan mirar. En realidad, es baja autoestima, es miedo, es pereza, comodidad y/o complejos varios. Que se lo replanteen y seguramente les irá mejor en las relaciones. “El que la sigue, la consigue”. Tan cierto como que respiramos.

¡ FALTA ILUSIÓN Y SOBRA CEGUERA !

Muchas gracias, damas y caballeros, lectores todos, por su atención y seguimiento.

Gema María Gómez del BarcoDe la mano del Séptimo Arte

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Acerca de gema82

Soy una apasionada del 7º Arte, una enamorada de la la fotografía en las películas, de las grandes bandas sonoras y por supuesto de los excelentes actores y actrices que hacen que las historias se tornen realidad ante nuestros ojos.
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