Ciclo Chocolat XCII: Una crítica personal de película: “Tully” (Jason Reitman, 2018)

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Después de demasiado tiempo, regreso con una nueva crítica personal de película. En esta ocasión, sorprendo y me sorprendo con un trabajo recién estrenado en las salas de cine españolas: “Tully” (Jason Reitman, 2018). El Sr. Reitman (1977) es un cineasta y actor canadiense, nominado a la estatuilla dorada dos veces en la categoría de “mejor director”, por “Juno” (2007) y por “Up in the air” (2009). De seguro, les sonará su apellido. Es hijo de Ivan Reitman, director responsable de trabajos como “Poli de guardería”, “El pelotón chiflado”, “Los cazafantasmas”, “Seis días y siete noches”, etc. 

Para este último trabajo suyo, Reitman escogió, de nuevo, a la actriz sudafricana Charlize Theron (1975), ganadora de un Óscar por “Monster” (Patty Jenkins, 2003), para protagonizarlo, teniendo que pasar esta valorada actriz por un cambio de aspecto bastante visible. Reitman ya había trabajado con ella anteriormente en “Young Adult” (2011). Nada más y nada menos que veinte kilitos tuvo que ganar la actriz para ponerse en la piel de una mamá (Marlo) nacida en 1977, con una casa hermosa, un marido, dos nenes y un tercero en camino. 

La película, que no sabría exactamente en qué género situar, resulta, desde mi modesto punto de vista, genial, ingeniosa, curiosa a la par que emocional. Sea un drama familiar con connotaciones cómicas, sea una comedia agridulce, admiro cómo el director ha plasmado una realidad muy dura adornada, encubierta, de manera inteligente, con un Séptimo Arte sensible y audaz. Theron hace un papelón, digno de otra estatuilla dorada, y la trama, la forma en que comienza todo, transcurre y concluye supone toda una reflexión que, a día de hoy, en pleno siglo XXI, hombres y mujeres deberían plantearse, y si pueden, lograr un cambio a positivo. Nunca es tarde si la dicha es buena. 

Reconozco que esta crítica me está suponiendo un enorme esfuerzo, no a la hora de ver cómo expresarme (sin problemas), sino en qué expresar para no cometer ‘spoiler’, algo de lo que, de fijo, me arrepentiría, porque quiero que vaya todo el que pueda a verla. La recomiendo. Intuyo que unas cuantas mujeres, sin miras más que en ellas mismas, no se sentirán identificadas y tampoco reconocerán que la película termina como tiene que terminar. Que unas cuantas mujeres, sobre todo de otras generaciones, hayan vivido cosas que no tendrían por qué respecto a sus maridos y al día a día familiar y casero, no significa que eso tenga que ser así ni que toda mujer tenga que hacer como ellas y aguantar y ceder continuamente ante una asquerosa e injusta realidad. 

Esta película me ha llegado, primero porque es muy original, y está bien hilada, transmite lo que debe, y segundo, refleja algo que en este siglo y con la evolución que se ha ido componiendo durante décadas, y que nos ha costado tanta lucha y tanto grito en la calle y en nuestras almas, es penoso, indignante, absolutamente lamentable que el papel de la mujer y del hombre en un hogar, a nivel familiar y profesional, no esté, a estas alturas, definido. Que las funciones en ellos y en ellas aún no acontezcan de forma natural y espontánea como algo compensado y equilibrado para ambos. Los problemas conyugales se solucionan con comunicación efectiva, no tragando y tragando, y mandando todo al garete al final o corrigiendo ciertos comportamientos cuando ya la situación ha explotado de alguna forma y alguien ya ha pagado con creces al límite de su aguante, desembocando en una consecuencia autodestructiva. Hay que pedir ayuda, hay que hablar, y hay que plantarse (STOP!) cuando no se puede dar más de sí. De otra manera, pagan justos por pecadores, y no hay derecho a vivir así. 

Charlize Theron, en el papel de Marlo, representa a tantas y tantas mujeres que se creen que lo normal es llevar toda la carga familiar sobre sí mismas y vivir una continua monotonía diaria mientras el hombre de la casa se “escaquea”, por medio de miles de excusas que para la fémina no tienen ninguna justificación, y que, sin embargo, acepta. El actor estadounidense Ron Livingstone encarna al marido de Marlo, Drew, un buen hombre con poquita sangre en las venas. Por otra parte, la actriz canadiense Mackenzie Davis da vida a una niñera un tanto peculiar… y hasta aquí puedo contar de este  curioso personaje.

A ver cuándo la sociedad se percata y se convence de que en las familias, la mujer, la madre, la matriarca, es un pilar fundamental de la vida cotidiana que sacrifica bastante de sí misma por su entorno, y que su felicidad o ausencia de ella repercute positiva o negativamente en cada rincón de la casa, en cada miembro de esa estructura social denominada familia. Una mujer desgraciada puede ser el punto y final de un hogar organizado y feliz. Todo debería funcionar al 50% porque es lo justo. La naturaleza ha volcado en el sexo femenino una serie de “imposiciones” que el hombre no posee, y que, a veces, este da por hecho sin ningún tipo de apoyo, comprensión, compañía, escucha o cierta implicación por su parte. En ocasiones, si ellos no dan el do de pecho, convendría que las mujeres exigieran un poquito más a esos compañeros de vida. Si el camino está lleno de baches… que sea para los dos, indistintamente. 

Para concluir esta entrada, y esta crítica personal, finiquitaré mis palabras calificando esta película con un merecidísimo 7/10. Por cierto, la banda sonora, compuesta por Rob Simonsen, está bastante bien, y los temas incluidos del pasado, muy pero que muy bienvenidos y estupendamente escogidos. Se agradece disfrutarlos. “Tully” es, por tanto, un trabajo muy recomendable, sobre todo, para amantes de este género medio comedia, medio drama, de índole familiar, con algún elemento ilusorio por ahí… ¡Vayan a ver “Tully”! No les dejará indiferentes. Se toparán con una trama sencilla, emotiva y digna de análisis posterior, y con unas escenas absolutamente conmovedoras.  

Muchas gracias, queridos lectores cinéfilos. Les dejo hasta próximamente…

Gema María Gómez del BarcoDe la manera del Séptimo Arte

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Acerca de gema82

Soy una apasionada del 7º Arte, una enamorada de la la fotografía en las películas, de las grandes bandas sonoras y por supuesto de los excelentes actores y actrices que hacen que las historias se tornen realidad ante nuestros ojos.
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