Ciclo Chocolat XCIX: Una crítica personal de película: “El Rey León” (Jon Favreau, 2019)

Hoy les traigo, y promociono a la par, un nuevo estreno de cartelera. Parece ser que la Disney vuelve pisando fuerte con sus novedosas y modernas adaptaciones de los clásicos infantiles de animación de origen. Para mi gusto, lo está haciendo de fábula. El próximo mes de noviembre se cumple un cuarto de siglo desde el estreno en las salas españolas de la película de animación “El Rey León”, dirigida por Rob Minkoff y Roger Allers. Nada más y nada menos que casi veinticinco años después nos topamos en cartelera con un Simba de carne, hueso y pelaje, y ha merecido la pena la espera y el riesgo.

Confieso que tengo muy buenos recuerdos de aquel estreno de antaño. Recuerdo que me quedé atónita, siendo una niña, de la crueldad de la que hace gala su sinopsis. Cierto es que todos los trabajos de la Disney tienen su elemento trágico, la ausencia o muerte de algún ser querido muy próximo pero, en esta ocasión, el asesinato entre hermanos de sangre, supone, sin duda, una realidad tan antigua como lo acontecido con Caín y Abel en la Biblia. No tiene cabida ni precedentes en la trayectoria de la Disney.

Recordemos que “El rey león” fue la primera película animada de la casa Disney que contó con una historia original, en oposición a las anteriores producciones del estudio, que consistían en adaptaciones de obras que ya existían. Se tuvieron presentes en la trama rasgos de los personajes bíblicos Josué y Moisés, así como de “Hamlet” de William Shakespeare.

Esta nueva y elaborada versión cinematográfica mantiene la esencia de la película original, conservando las canciones, el hilo, los momentos importantes, los personajes y los valores auténticos que se defendían. Existen pequeños detalles, más cómicos que aparecían en la versión de 1994 y que se echan en falta, pero no cubren la sensación general que transmite este trabajo, que personalmente, resulta de lo más positiva. En cuanto a los personajes, qué sería de la película sin los míticos Timón y Pumba. Son únicos, y concentran en ellos el toque cómico de la película, como también ocurría en la película original. Son dos personajes auténticos. Admirables. Entrañables. Grandes.

Valores como la lealtad, el respeto, la humildad, la amistad, la responsabilidad, la preocupación por lo ajeno, la idea de que todos estamos unidos y nuestras acciones repercuten siempre en los demás y en lo demás… todo ello se contrapone con el concepto “hakuna matata”, que también se muestra y que, en determinados momentos de la vida, es preciso recurrir a él, viviendo, dejando vivir, y siendo feliz sin complicarse con aquello que no se puede remediar. Ambos puntos de vida quedan patentes y ambos son recurrentes en pro de nuestro bienestar respecto a nuestras vidas. Lo social frente a lo individual toma sentido, y ambas facetas existenciales son fundamentales.

Frente a todos esos valores básicos para una vida plena, aparecen elementos negativos, nocivos para uno mismo y para los demás. Todos ellos se concentran en un solo personaje que es el tito Scar, un león que no fue primogénito y que, por tanto, no heredó el trono, como su hermano Mufasa. Este león, que simula a la oveja negra de la familia, es caracterizado con aspecto físico deteriorado y con una inteligencia sutil e irónica. Vive al margen, sin normas ni protocolos, de manera individualista y liderando el lado oscuro de la sabana. Manifiesta egoísmo, ambición y pura envidia… sentimientos tan insanos y elevados que rozan una maldad perversa en la que tiene cabida asesinar a su propio hermano culpabilizando de ello a su sobrino. No ha habido en la historia de la Disney ser más despreciable y ruin que él. Sin embargo, como siempre, en el cine, la ficción es adorable y el bien siempre, siempre, siempre, vence al mal, aunque para ello se hayan perdido cosas muy valiosas por el camino. La justicia existe, sin excepción.

Respecto a la música, Hans Zimmer vuelve a ser el compositor de la magnífica banda sonora y las canciones de Elton John y Tim Rice vuelven a hacer acto de presencia, y se agradece profundamente. Por otra parte, el tema “Spirit” aparece en la película como novedad y complemento, y es interpretada por el personaje de la cantante Beyoncé (ganadora de veintitrés premios Grammy), Nala.

No voy a detenerme demasiado en obviedades. La trama es de lo más machista en muchos aspectos y quedaría por ser actualizada; sin embargo, quien se haya informado sobre la vida de los leones como especie animal, sabrá cuáles son las funciones de un león y cuáles las de las leonas, qué número de leones hay en una manada y qué número de leonas… Solo es necesario ver un documental de La 2 para comprobar que los leones son una de las especies animales más machistas que existen, y por ello, porque comprendo que, en la película, transmitan una imagen ajustada de la realidad de estos bonitos animales pertenecientes a la familia de los félidos, lo dejará estar, sin echar más leña al fuego.

Por último, y no menos importante, expresar lo admirable que resulta ver una película de animación digital, una realidad posible que nos sitúa en el siglo XXI y que nos demuestra el gran avance tecnológico, cada vez más perfeccionado. Toda una preciosa labor que, a la vista está, nos obsequia con un trabajo a la altura de las expectativas. No voy a decir que sea mejor o peor que su antecesora. En 1994, disfruté de “El Rey León” como niña que era; en 2019, he disfrutado de “El Rey León” como una niña. El “grave” rugido de Simba ha despertado en mí maravillosos recuerdos y sensaciones de infancia, y con mis ojos de adulta tengo el orgullo de haber sentido con intensidad de principio a fin. He vivido los 118 minutos de película al máximo porque lo vale, sin más.

No deseo demorar más mis conclusiones numéricas así que me dispongo a calificar este trabajo de animación digital con un merecido y meditado 7,9/10. Se lo recomiendo a todo el mundo, a grandes y a pequeños. Tiene mucho que aportar en el mundo actual respecto a humanidad, respeto y tolerancia, sobre todo, en este momento de la historia en que se respira tanto rencor y desprecio hacia las monarquías. Un león tenía el deber de ser rey porque así le era estipulado; el otro, soñaba con serlo. Solo tienen que comparar cómo queda la sabana con el reinado de uno y con el “reinado” del otro. Da para reflexionar sobre qué prioridades tiene una sociedad y por qué prioriza una forma de gobierno por encima de otra. Esperemos que la decisión y la opción sea concluida por el raciocinio y la prudencia, y no por sentimientos como los de Scar. ¡Vayan a ver “El Rey León” (2019)! ¡Muy, muy recomendable! 😉

Muchísimas gracias por su atención y lectura. Hasta próximamente…

#GMGdB##DelamanodelSéptimoArte

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Acerca de gema82

Soy una apasionada del 7º Arte, una enamorada de la la fotografía en las películas, de las grandes bandas sonoras y por supuesto de los excelentes actores y actrices que hacen que las historias se tornen realidad ante nuestros ojos.
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