Ciclo Chocolat CIII: Una crítica personal de película: “Ad Astra (Hacia las estrellas)” (James Gray, 2019)

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Hoy me siento entusiasmada con la crítica que les vengo a mostrar de este, ansiado por mi persona, estreno de cartelera. Ya me he confesado en más ocasiones irremediable fan del actor estadounidense Brad Pitt, y mi orgullo por él, a medida que pasan los años, es cada vez más verídico e intenso. Se lo está ganando con creces. Es un actorazo de los pies a la cabeza, y lo siento por aquellos cinéfilos que no lo vean así. Me manifiesto leal admiradora. Es verdad que este año unos cuantos hemos sido muy afortunados y hemos podido disfrutar de él en dos momentos muy seguidos en la gran pantalla. Han sido un par de trabajos muy dispares (“Érase una vez en… Hollywood” y “Ad Astra”) y en ambos sucumbimos ante la adaptabilidad y flexibilidad interpretativa de este bellezón rubio de cincuenta y cinco añazos, al que aún no se le ha concedido el Óscar, y hora es ya, por qué no decirlo o proclamarlo a los cuatro vientos, de nuevo…

 

 

Centrémonos en la trama… un astronauta de vocación y herencia llamado Roy McBride (Brad Pitt) acepta una misión en el espacio exterior para encontrar a su padre, desaparecido cuando llevaba a cabo un proyecto espacial hacía tres décadas. Miren si se trata de un relato de auténtica ciencia-ficción que el último punto del espacio al que llega el protagonista resulta ser el planeta Neptuno… La evolución en medios es gigantesca.

El director neoyorquino James Gray (1969), responsable de otras películas como “La ciudad perdida de Z”, “El sueño de Ellis”, “La noche es nuestra” o “Two Lovers”, nos hace conscientes de la existencia de un espacio a día de hoy inimaginable en distancia y conocimiento exhaustivo de las condiciones para poder sobrevivir. Nos adentra en un espacio donde el silencio y la nada se hacen más que evidentes. No obstante, Gray nos muestra esta realidad pero persevera en lo humano, en lo que encierra el interior de la mente, y no tanto el exterior espacial. Lo fundamental de la trama reside en los sentimientos, sensaciones, emociones y vivencias del protagonista. La trama no es en exclusiva planetaria sino humana, filosófica, trascendental a un nivel psicológico. No importa tanto dónde está el protagonista (aunque lo vemos y lo sentimos) sino qué le preocupa, qué se pasa por su cabeza cuando siendo muy joven su padre le abandonó a él y a su madre. ¿Qué queda en él ahora, en el presente? Esa lucha interna consigo mismo es lo que sostiene toda la película. Se puede caer en la tentación de comparar este trabajo con “Gravity” (2013) o con “Interstellar” (2014) y es lícito, no cabe duda, claro que recuerda, claro que se vienen momentos a la mente pero, en esencia, no tienen nada que ver ninguno de los tres títulos. Creo que “Ad Astra” supone uno de los trabajos más importantes de Brad Pitt ya que su cara, su expresión, su perfil, ocupa el 95% de los primeros planos de los ciento veintidós minutos que dura el filme. El actor permanece extremadamente expuesto ante la cámara dándolo todo. Los detalles faciales son el carné de identidad de “Ad Astra”. El ritmo de la trama, con ese ambiente puramente espacial, en el que el tiempo parece cuatriplicarse. Claro que es una película lenta. Todo lo que acontece y sobre todo dónde acontece desemboca sin remedio en ese paulatino avance hacia la luz al final del túnel, hacia el adiós al sufrimiento continuo que padece el protagonista. Vive por vivir y en sí mismo, sin dejar, sin permitir que nadie se acerque, sin dejarse querer y sin amar. Vive inmerso en su yo interior, en su yo roto, en su prolongada autodestrucción. No tiene miedo porque no valora su propia vida ni a las personas que, a pesar de todo su dolor, querían mantenerse a su lado. Es evidente que el abandono de un padre a ciertas edades es un palo muy difícil de superar y hasta no dar con respuestas, el padecer confusión, incomprensión, desazón y tristeza es lo más natural del mundo… pero hay que sobreponerse, sobre todo de aquello de lo que no se es directamente responsable, sobre todo de aquello que no podemos controlar, que no es nuestro error, ni nos hemos buscado esas consecuencias o realidad. Hay cosas que suceden y que son ajenas a nuestro yo. No podemos hacernos responsables ni llevar esa carga a cuestas de por vida.

 

Si tuviera que resumir la trama en un par de frases filosóficas recurrentes, serían estas: “hay que aprender a soltar lastre” y “es preciso centrarse en lo que y en quien realmente importa, en lo esencial, lo demás, sobra, es prescindible, desechable”. Es verdad que suena esquemático, robótico, mecánico, gélido pero he ahí las dos ideas clave en las que el protagonista debe trabajar a fondo, más que nada, para dejar de ser un sufridor muerto en vida y volver a nacer, a reencontrarse con su yo más sensible, más abierto, más acogedor e infinitamente más receptivo. Seamos sinceros. El personaje de Brad Pitt (Roy McBride) es un astronauta de diez, todo un profesional la mar de eficaz por no tener miedo a nada, por no temer perder nada de lo que creía ser. Como hombre, como ser humano, fallaba estrepitosamente, pero lo positivo es que, al ser muy inteligente, se hace consciente de su problema y se enfrenta a él. Se percata por fin de lo fundamental de la vida: aniquilar el dolor y volver a respirar sosegadamente, sin tanto resquemor, rencor o ira. Llorar si se necesita (aunque se sea un hombre), sentir y destruir demonios que engullen el alma y el corazón… y no es por nada pero ver llorar a Brad Pitt es una de las cosas más enternecedoras y compasivas que existen en una sala de cine. Ahí queda dicho.

En cuanto al reparto… decir que posee nombres muy interesantes como Tommy Lee Jones (padre de Roy), Donald Sutherland y Liv Tyler (pareja de Roy)… sin embargo, aunque los tres encarnan a un personaje importante en la vida del protagonista, el tiempo en que aparecen en la gran pantalla es mínimo. Brad Pitt se come prácticamente por completo la trama, y por supuesto, la pantalla.

La banda sonora fue compuesta por Max Richter (Alemania, 1966), y Lorne Balfe (Reino Unido, 1976) se incorporó al proyecto posteriormente como co-compositor. No es que llame mucho la atención el sonido pero sí que genera en el espectador cierta sensación de desconsuelo, de auxilio, de inquietud e impotencia. Desde luego, es perfectamente adecuada para el tipo de ambientación y para aquello que se pretende transmitir con lo que va aconteciendo.  

Podría estarme horas escribiendo sobre este estreno pero de seguro ustedes no van a dedicar horas a leerme así que lo dejo aquí no sin antes valorar “Ad Astra (Hacia las estrellas)” con un merecido 7’2/10. Les puedo dar más razones por las que me permito dar la calificación que ven. Intento ser lo más comedida y justa posible aunque me cuesta una barbaridad. La elección de Brad Pitt para este papel ha sido una decisión meritoria, sin duda, y este detalle tiene que quedar patente en la valoración final. No les miento si les confieso que en algunos instantes, muy pocos, y muy puntuales, sentí somnolencia pero que una servidora no es capaz de mantener los ojos cerrados ante tal maravilla masculina en grande delante. Reconozco que fui al cine en hora de siesta. Hubiera sido un despropósito imperdonable dormirme. Vayan a verla, por favor, y opinen. Estoy convencida de que habrá visiones para todos los gustos. Yo les he plasmado a golpe de teclado la mía. Recomienden, recomienden y recomienden.

Muchísimas gracias por su seguimiento y lectura, y hasta próximamente…

#GMGdB##DelamanodelSéptimoArte

 

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Acerca de gema82

Soy una apasionada del 7º Arte, una enamorada de la la fotografía en las películas, de las grandes bandas sonoras y por supuesto de los excelentes actores y actrices que hacen que las historias se tornen realidad ante nuestros ojos.
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