Ciclo Chocolat LXII: Una crítica personal “de película”: ‘Money Monster’ (Jodie Foster, 2016)

   La película que hoy nos ocupa, supone el cuarto trabajo cinematográfico, para la gran pantalla, como directora, de la californiana Jodie Foster. Más que palpable queda el cambio de registro. Nada tiene que ver ‘Money Monster’ con otros títulos de su trayectoria en dirección. Una trama bastante original se ha presentado este verano y es de agradecer, ya que queda, por completo, fuera del alcance de la invasión del género de ciencia ficción en la cartelera. Se trata, sin duda, de una película realista y socialmente conmovedora. El espectador llega a comprender la desesperación del responsable de toda la acción que se despliega. Está claro que Foster logra una tensión magnífica, partiendo de una situación que se genera a partir de algo que se lleva a cabo con una visión de negocio inhumana y moralmente cuestionable.

   En cuanto al reparto… qué se puede decir de los experimentados George Clooney y Julia Roberts… nada malo, en absoluto. Ellos son únicos por separado y maravillosos juntos. Componen una de esas parejas en la ficción que podría pasar perfectamente por real (igual mejor). Se muestran naturales, tanto en la interpretación como en su apariencia física, y se agradece lo uno y lo otro, teniendo en cuenta las actuaciones plastificadas que se dan a día de hoy, y las cirugías plásticas que dejan rostros y cuerpos irreconocibles. La adquisición para el tercer papel protagonista, interpretado por el joven actor británico Jack O’Connell (“Invencible”), es muy bienvenida. Dicho actor está a la altura de las circunstancias. Creíble. Convincente. Él representa la inocencia, la ingenuidad, en un mundo que precisa de otra forma de actuar. Por otra parte, la atractiva actriz irlandesa Caitriona Balfe se convierte inesperadamente en un personaje necesario y para bien. Buen papel el suyo. El actor inglés Dominic West nos muestra percha y traje, y poquísimo buen fondo. Él encarna a ese negociante sin escrúpulos cuyo propósito profesional es ganar dinero pasando por encima de la vida de cualquiera, sin reparar el daño que pudiera causar.

   La película en general mantiene al espectador bien atento a lo que acontece en pantalla. Un ritmo adecuado y un hilado sin complicaciones ofrecen a la película mucha claridad. No hay vaivenes, pero el tiempo apremia, que es lo que da gancho. En cuanto, al final, sin ánimo de cometer ‘spoiler’, les diré que igual no es el más conveniente pero es, sin duda, el que hubiera ocurrido en realidad, teniendo en cuenta cómo suelen ser las maneras estadounidenses en estos temas. Pienso que lo que finalmente sucede, alguien se lo busca.

   Sin nada más que añadir, califico esta película con un merecido 7/10.

   Muchas gracias por su atención. Hasta la próxima proyección.

   Cordiales saludos.

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LXI: Una crítica personal “de película”: “Batman v Superman: El amanecer de la justicia” (Zack Snyder, 2016)

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Estimados lectores… hoy, después de algún tiempo sin mostrar nada en este artístico espacio, me presento con un estreno de cartelera que vio la luz ayer en las salas de cine españolas. No podía dejar pasar la ocasión de disfrutar de una película de acción, mi género preferido, y además, de superhéroes, que para mí es un plus. Es en este tipo de filmes que la ficción y la fantasía cobra sentido. El espectador puede al fin reencontrarse con seres humanos y extraplanetarios a los que de veras les interesa la paz y la protección de la Humanidad a toda costa, de manera incondicional y desinteresada. El bien puede ejercer una fuerza extrema, efectiva, sobre el mal… y eso alivia, aunque no pueda hacerse realidad fuera de la gran pantalla.

Tras esta breve introducción de perspectiva meramente personal, mi intención es centrarme en esta película, que por qué no decirlo, me ha sorprendido gratamente. Terminé agotada, que no aburrida. Terminé satisfecha, que no necesariamente convencida. Hacía tiempo que no escuchaba aplausos en una sala al aparecer los créditos finales y eso me demostró que no solo a mí me había llenado. Los efectos especiales son impresionantes y me atrevería a decir que quizás en excesiva abundancia para mi gusto. ¡Qué duda cabe! La trama engancha y de qué manera. Se llega a alcanzar ese clima de tensión que hace que te acomodes en la butaca y que los ojos se concentren en el visionado como si no existiera más mundo. La lucha casi se vuelve un asunto personal del que no quieres dejar de sentirte involucrado. “Batman versus Superman” nos muestra por primera vez un mano a mano entre dos de los superhéroes más importantes de la historia del cómic. Se enumeran las grandes diferencias entre ambos personajes: la naturaleza humana de Batman (Ben Affleck) frente a la de Superman (Henry Cavill, Kriptoniano); la naturaleza mortal de Batman frente a la de Superman (cuya única debilidad es la Kriptonita); las circunstancias personales de Batman influenciadas en todo momento por el asesinato de sus padres cuando era niño frente a las de Superman, que perdió a sus padres biológicos también (por otros motivos) sin llegar a conocerles, y que cuenta con su madre adoptiva (Diane Lane) en la Tierra y su padre (Kevin Costner), que ya murió… y por último, la realidad de Batman, que no parece sentar la cabeza con ninguna mujer, y sin embargo, para Superman, no hay más fémina que la periodista Lois Lane (Amy Adams). Superman vive, en este terreno, como un hombre bastante más tradicional que Batman, que parece estar encerrado en la angustia de su propia desgracia personal.

Este trabajo cinematográfico en manos de Zack Snyder (“El hombre de acero”, “300”, ‘Watchmen’…) no está cargado de valores sino que todo el contenido es un valor en sí mismo: el bien contra el mal. El espectador se percata de que lo cortés no quita lo valiente, y de que ni el ser humano (Batman) ni el alienígena (Superman) son menos portadores de esa valentía. Cada cual, a su manera, goza de ella. Entonces aquí entra a formar parte el tercero en “concordia”, la superheroína Wonder Woman (Gal Gadot), que ofrece la nota femenina dentro del panorama de los superpoderes y que, más que la Mujer Maravilla parece Xena la Princesa Guerrera. Sea como fuere, que este poderoso y valiente triángulo crea espectáculo es innegable.

La trama no es infantil en absoluto. Resulta compleja y es preciso estar pendiente para no perderse en tanto detalle y en tanto movimiento. Quiero resaltar de la misma, porque me ha gustado, el matiz que se ha dejado patente de si las acciones de un superhéroe, al margen del Estado de un país, son lícitas o no. ¿Debe estar asociado a un marco político? ¿De veras hacer el bien a la Humanidad debe estar “consentido” por la sociedad y por el Gobierno? ¿No debería el bien estar al margen de todo porque supone una prioridad? El trasfondo de la cinta en este sentido es la mar de interesante y daría mucho que hablar. Seguramente no todos estaríamos de acuerdo.

El reparto… qué decir de él… además de completísimo, roza la excelencia. Los protagonistas dan la talla, en mi opinión, y nunca mejor dicho porque ambos caballeros están cuadrados físicamente hablando, jeje. Por otra parte, ver a veteranos del buen cine como Jeremy Irons, Diane Lane, Laurence Fishburne, Holly Hunter o Kevin Costner, atribuye un caché, un prestigio añadido a este filme. Destaco el personaje de Lex Luthor, encarnado por el actor neoyorquino Jesse Eisenberg (“El Club de los emperadores”, “La red social”..), como soberbio. Está a la altura de las circunstancias. Hace de loco de fábula. Perfecto.

La banda sonora “suena” indudablemente, valga la redundancia. Cierto es que con tanta acción no se aprecia como debería pero es buena, y no es de extrañar de la mano de Hans Zimmer y Junkie XL. La mezcla es explosiva.

Para quien disfrute con este género cinematográfico, les recomiendo este trabajo de mil amores. Les esperan 2 horas y 33 minutos de deleite para los sentidos.

Sin más dilación, evalúo la película que me ocupa en este post con un 7/10. Evidencio con su visionado que ha habido gran esmero tanto detrás como delante de las cámaras para que el resultado haya sido el que es. No me arrepiento en absoluto de haber pagado esta entrada, más al contrario.

Muchísimas gracias por su leal atención y seguimiento, como siempre.

Un simpático saludo y hasta el próximo encuentro de cine, lectores míos ;).

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LX: Una crítica personal “de película”: “¡Ave, César!” (Ethan Jesse Coen y Joel David Coen, 2016)

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Vuelvo en esta ocasión con un estreno esperadísimo (supongo), dirigido por los famosos y admirados cinematográficamente hablando, hermanos Coen. Ellos, esta vez, nos “deleitan” con una extraña comedia ambientada en el Hollywood de la década de los 50. Aquí, uno de los grandes estudios pretende hacer una gran superproducción de romanos protagonizada por una gran estrella (Clooney), pero nombrado actor es secuestrado durante el rodaje. Confieso que entré en la sala correspondiente a sabiendas de que esta dirección no realiza trabajos que llenen mi sed del concepto que una servidora tiene de buen cine. ¿Originalidad y peculiaridad? Pues sí, no lo niego, pero no sé si conocen esa sensación de ver los créditos finales (¡al fin!) y pensar para los adentros “¿qué ha sido esto que he visto?”.

Diapositiva3Por otra parte, tengo que decir que lo más cómico y salvable de este trabajo se mostró descaradamente en el trailer y, por un lado, lo entiendo porque no tenían nada más atractivo que presentar pero es como si te dejaran la galleta y una vez comida, siguieras teniendo hambre. Falta. Carencia. Insustancial. Estas son las palabras que se apoderan de mi mente. Todo se queda en la sátira absurda de un momento en la Meca del Cine que fue esencial pero que en manos de los hermanos Coen, se queda cojo, y ridículo.

Qué decir del personaje de George Clooney… nos demuestra con creces que él, como actor, puede ser bueno igual para un roto que para un descosido. Él es perfectamente adaptable a cualquier género pero, con todos mis respetos, me da pena que una estrella de este calibre, con su madurez actual, haya asentido ante la posibilidad de encarnar a un personaje “pelele”, “impersonal” y “débil”. Sin duda, él representa el bufón del circo hollywoodiense en el que los hermanos Coen decidieron implicar a los espectadores que decidimos ir a ver su último filme al cine. El reparto es magnífico y da valor a todo el conjunto (Ralph Fiennes, Scarlett Johansson, Josh Brolin, Channing Tatum…); sus interpretaciones son correctas y acordes… pero, ¿para qué?

Sin entretenerme más en palabras, me abalanzo con total convencimiento a calificar “¡Ave, César!” con un 4,5/10. Me he aburrido como una ostra y no he sacado el sentido que quizás tenga para sus creadores… o no, quién sabe. Les invito a que vayan a verla y prueben, experimenten, igual le sacan el jugo y disfrutan durante los 106 minutos que dura. ¡Encima es breve! 😉

Muchas gracias por su atención y hasta más optimistas críticas en este espacio.

Un afectuoso saludo,

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LIX: Una crítica personal “de película”: “Picnic” (Joshua Logan, 1955)

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Les dije, queridos lectores, que habría otra entrada en este espacio antes de lo que imaginaban y ven que así es. En la sobremesa de hoy he disfrutado, por segunda vez ya, del clásico “Picnic”, todo un melodrama dirigido por el tejano Joshua Logan (“La Leyenda de la ciudad sin nombre”, “Camelot”, “Sayonara”, “Me casaré contigo”…).

En esencia, este filme se reduce a la idea de aquel chico que conoce chica, y a aquella chica que conoce chico, y no hay mucho más, salvo que todo transcurre en un “largo” día, festivo (día del Trabajo), concentrado en una hora y 55 minutos que dura este trabajo, con seis nominaciones a los Oscar y dos estatuillas doradas (a mejor montaje y a mejor dirección artística). No todo es tan poco sorprendente si el chico es William Holden (Hal Carter) y la chica es Kim Novak (Madge Owens). El sueño casi exclusivo de las mujeres de la época por contraer matrimonio envuelve toda la trama. Una madre (Betty Field) obsesionada porque su hija logre un buen partido cuanto antes pues la “belleza” dura dos días (este es su argumento); una inquilina madura (Rosalind Russell), profesora de la escuela superior, que odia su trabajo y el estado civil de “soltera” y su único propósito es casarse con un hombre, aunque sea por la fuerza; y una preciosa joven (Kim Novak) de diecinueve años que le gusta más ser el centro de atención de los hombres que a un tonto un lápiz y que, aunque escucha bastante a su madre, es más receptiva a su corazón, que no a su cabeza, pues en el reparto de inteligencia, se lo llevó todo su hermana pequeña (Susan Strasberg).

William Holden (“Sabrina”, “El Coloso en llamas”, “Los vengadores”, “Álvarez Kelly”…) se mete en la piel de un hombre solitario, enérgico y con visible atractivo, que tuvo una infancia difícil, un padre alcohólico y que pasó por la universidad con una beca en deporte pero que no aprovechó la oportunidad formativa como debiera haberlo hecho. Lleva una vida de trotamundos y su única posesión son dos botas de cuero marrón que mantiene con esmero. Los dos protagonistas son personas muy diferentes a las que les separa edad y recursos. Ella tiene dos pretendientes por lo que debe elegir con quién de ellos quedarse pero tras unas horas de conocimiento, parece tenerlo claro. Es la magia de las películas, ¿verdad? Es decir, qué mujer en pleno siglo XXI, con diecinueve primaveras, se iría tras un absoluto extraño con el pensamiento de casarse con él. He ahí, pues, el amor de cine, con gran riesgo, aventura y sacrificio implícito, y cero quejas. ¿Amor o dependencia? Bueno, me dejaré de sacar tres pies al gato, y me centraré en el romanticismo y en el erotismo que se respira de principio a fin, por parte de ambos “tórtolos”. En su día, su estreno en la pantalla grande creó su polémica pues tampoco había una mentalidad lo suficientemente abierta para poder encajar que una joven de bien se fugara con un “vago” (calificación utilizada en la cinta). Por otra parte, él lleva consigo una fama, una reputación que le precede pero que no se merece en el “ahora” en que transcurre toda la trama. Le desvalorizan y le culpan cruelmente. El pequeño pueblo de Kansas no le ofrece la oportunidad de poder echar raíces en el lugar y así sentar la cabeza. La intolerancia y la reinserción social quedan mal pagadas en este filme.

Supongo que saben que el baile que los dos protagonistas se marcan se convirtió en el sello inconfundible de este trabajo, quizás lo más destacable y emocionante de la película. Puede que en la década de los 50 este drama sureño fuera censurable. Hoy es una joya de plata del cine clásico por la que todo espectador siente un especial cariño.

Valoro “Picnic”, sin más demora, con un 6’5/10. Es uno de esos títulos no caducos en el tiempo y que nos obsequia con una pequeña esperanza, y esta es que el mundo entre varones y féminas, el amor entre ambos sexos, se nos muestra más fácil, más sencillo de lo que a día de hoy es… o lo hacemos nosotros.

Muchísimas gracias por su lectura y paciencia.

Un abrazo.

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LVIII: Una crítica personal “de película”: “La verdad duele (Concussion)” (Peter Landesman, 2015)

“En mi tierra cuidamos de nuestros guerreros. Al morir, hablan a los vivos,

y yo hablo en su nombre.” (WILL SMITH – Dr. Bennet Omalu)

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En un día como hoy, 14 de febrero de 2016, dedico un espacio a un estreno de cartelera, recién llegado este pasado viernes a las salas de cine de toda España, y visto ayer, con curiosidad y atención. “La verdad duele” es una drama basado en hechos reales dirigido por el neoyorquino Peter Landesman (‘Parkland’, 2013). El actor y protagonista Will Smith ha sido nominado por este trabajo a un Globo de Oro y a un Satellite Awards, en mi opinión, bien merecidos ambos.

¿De qué va la trama? El Dr. Bennet Omalu (Smith) es un neuropatólogo forense que descubrió el síndrome postconmoción cerebral, que tanto daño causó a muchos jugadores de fútbol americano y que provocó el suicidio de muchas estrellas de la liga NFL afectadas por el síndrome, como Dave Duerson y Junior Seau. Tras el significativo descubrimiento científico, se suceden ciertas reticencias entre los que están implicados en el negocio del fútbol americano, por temor a la desaparición de este, y al hundimiento de una ciudad como Pittsburg, que depende económicamente de este deporte. En este filme se enfrentan, por tanto, la ética profesional y médica en pro de la salud de los jugadores y, en el otro extremo, la salvación del pan de cada día para millones de personas. Gran dilema moral.

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Will Smith (“Siete almas”, “Dos policías rebeldes”, ‘Independence Day’, “Enemigo público”, “La Leyenda de Bagger Vance”, “En busca de la felicidad”, “Soy Leyenda”, “Yo, robot”…) interpreta al Dr. Omalu, un profesional de la medicina extremadamente cualificado, de origen africano y perseverante, cuyo sueño siempre fue ser norteamericano y se ve decepcionado con su país de acogida cuando quiere desarrollar su labor con eficacia. Curiosamente, el que podría ser un brillante neuropatólogo forense, ambicioso y egocéntrico, se nos muestra como un hombre honrado, humilde y preocupado por el bienestar ajeno. Los valores van y vienen por este trabajo de Landesman, y cierto es que se agradecen de mil amores. La religión, la creencia incondicional en Dios y lo tradicional tienen especial relevancia durante las dos horas y tres minutos que dura la película que nos ocupa. Llama la atención en los tiempos que corren que ciencia y fe vayan de la mano con la armonía natural y serena con la que se presenta. Un valor tan cuestionable como en la actualidad es la familia, se promociona de una forma seria, responsable y clara. Por otra parte, la visión norteamericana de vida se hace constante, con bandera al fondo, patriótica y envidiable, sin embargo, parece respetarla y llevarla a la práctica en mayor medida un inmigrante nigeriano que los mismísimos norteamericanos, que ya van perdiendo la esencia que un día les hizo ser admirados. Los valores de verdad se están perdiendo en todo el mundo, desafortunadamente, y la sociedad no es más feliz por ello.

Alec Baldwin (“La caza del Octubre Rojo”, “Coacción a un jurado”, “El desafío”, “Prisioneros del cielo”, “No es tan fácil”…) como el Dr. Julian Bailes, forma parte del reparto con un papel secundario pero relevante y bonito. Él cree en el personaje de Will, en sus demostraciones y a la par, ama el fútbol americano, y sabe discernir a la perfección cuál es y debe ser la prioridad. Me gusta su papel. La nota femenina la pone en esta película la actriz Gugu Mbatha-Raw (‘Beyond the Lights’, ‘Belle’…), encarnando a Prema Mutiso, que lo es todo en la vida del protagonista. Resulta bello ver que una mujer puede mover el mundo de un brillante hombre cuando hay amor de verdad de por medio. El conjunto actoral no pasa inadvertido. Buenas elecciones. 

Dicho todo esto, me dispongo a calificar este filme con un merecido 7/10. Mantiene al espectador con esa tensión, con esa rabia por momentos, al ver que el mal puede imponerse al bien en ocasiones, pero al final, el bien puede con todo, destruyendo lo superficial, lo indefendible, lo injusto… Recomendable. Deja muy buen sabor de boca, y un saludable latido en el corazón. ¡Bien hecho! 😉

Sin más, muchísimas gracias por su atención post tras post.

Un afectuoso saludo, y hasta dentro de muy poco (antes de lo que imaginan).

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LVII: Una crítica personal “de película”: “Serenata nostálgica” (George Stevens, 1941)

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¡Y regreso con otro clásico! Sin duda, mucho antes de lo que hubiera imaginado. Anoche vi con atención y curiosidad este filme, “Serenata nostálgica”, dirigido por el californiano George Stevens (1904-1975), también responsable de grandes trabajos como: “Gigante”, “Un lugar en el sol” o “La historia más grande jamás contada”, entre otros.

Cierto es, damas y caballeros, que el título no invita al humor precisamente, y la sinopsis, de primeras, no es de esas que atraen a todos los públicos, hombres y mujeres, sino que a día de hoy, ambos sexos podrían renegar de una historia así, y sustituirla por “La matanza de Texas”, por poner un ejemplo bastante alejado de la sintonía en la que se mueve la película que hoy nos ocupa.

Frente a ustedes se presenta en este instante una conmovedora historia totalmente carente de comicidad alguna y repleta del realismo más oscuro, melódico y trágico. Cary Grant (“Historias de Filadelfia”, “Tú y yo”, “Con la muerte en los talones”, “Charada”…) e Irene Dunne (“Ana y el Rey de Siam”, “Cimarrón”, “Dos en el cielo”…) interpretan a dos personas que se enamoran y terminan contrayendo matrimonio en breve espacio de tiempo, y en circunstancias algo apresuradas. Por determinada causa, no pueden tener descendencia y recurren a la adopción. Todo se sucede, una cosa lleva a la otra, la vida hace de las suyas y… fin. No voy a darles más detalles. Véanla.

Dos horas de vivencias conyugales, con sus más y sus menos, con sus alegrías y sus penas, y de fondo, un disco de vinilo que sabe a recuerdo, a tiempos mejores, o simplemente, a una vida diferente llena de vivencias felices, y de las que no lo son tanto. Tengo que decirles que no se trata de una película atemporal. Confieso que se nota que no es de este siglo. La mentalidad de la época en lo que a pareja me refiero está algo desfasada. Surge una sensación casi depresiva ante el hecho de no poder tener hijos y eso lo focalizan solo en la mujer, una mujer que parece una muñequita ignorante y dependiente. Luego aparece la idea esa de que el hombre desea el varoncito como algo generalizado y de lo más natural, aunque la perspectiva luego cambia en él. Además, con cierta sorpresa, me percaté de que muestran la creencia de que un matrimonio sin hijos no tiene razón de ser, y debe romperse. En ese sentido, terminé escandalizada. Creo que en pleno siglo XXI la pareja es totalmente independiente a la descendencia y su felicidad, entre ambos cónyuges (mutuamente) nada tiene que ver con si hay hijos o no. Quiero pensar que una pareja ya es una familia, y no incompleta. Por otro lado, me sorprendió, el proceso de adopción para los años 40… En España no estaba tan normalizado en aquel momento. En este aspecto sí que el clásico se presta a cierto avance social, aunque no acabo de ver cómo tratan esta realidad en sí. Dicen que los hijos adoptivos pueden ser tan queridos por sus padres como los hijos biológicos, ¿verdad? Bueno, pues en esta película parece que los hijos adoptivos son ruedas de repuesto; se te pincha una y vas a por otra. Me generó incomodidad cómo parecía que adoptaban hijos, no por estos en sí, y por su bienestar, sino por llenar un vacío, una insatisfacción, una infelicidad que el amor conyugal no podía erradicar por sí solo.

Queridos lectores, la serenata no es tal, y tampoco es nostálgica, quizás el título más acorde hubiera sido “Saeta taciturna” o “Sonata suicida”. En este filme lo esencial, que es la vida, se convierte en algo secundario. El amor romántico queda al margen, desviado totalmente de lo que causa gratificación o es fuente de alegrías. El hueco que deja la pérdida se llena de una manera superficial y floja. Los protagonistas transitan por esta existencia, pero no viven, no luchan, no apuestan. Van a lo sencillo, sin más. Me choca bastante que el Sr. Stevens tocara un tema tan delicado con vitaminas de funcionalidad. En cierta manera, estos dos protagonistas me recuerdan, con distancia, por supuesto, sin ilegalidad o delito, al personaje interpretado por Montgomery Clift en “Un lugar en el sol”: alcanzar objetivos sin más. Solo importa uno mismo. Ir a lo práctico y ya.

A ritmo de balada, lenta, lentísima, transcurren unos años de vida, de lamento, de dos personas que deciden convivir pero que no disfrutan juntos, que no se llenan. Puede resultar la película, en algunos momentos, incluso aburrida, pero a mí, como espectadora, la indignación, la decepción, no me permitió soltar ni un solo bostezo.

Sin más comentario ni protesta o queja, califico este trabajo con un 5/10, valorando en mayor medida la interpretación de dos estrellas del Hollywood clásico que, sin duda, están por encima de las posibilidades de este filme. Ellos, su presencia, salva esta serenata.

Muchas gracias por su incondicional lectura de este espacio.

Un cariñoso saludo.

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LVI: Una crítica personal “de película”: “Spotlight” (Thomas McCarthy, 2015)

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Aparco los clásicos (no por mucho tiempo) para dejarme caer de lleno en uno de los estrenos recientes de la gran pantalla. ‘Spotlight’ es un drama periodístico que trata el tema de la pederastia en la Iglesia. Concretamente, en el año 2002, un equipo de reporteros de investigación del periódico ‘Boston Globe’ destapó los escándalos de abusos a niños cometidos durante décadas por curas de Massachussets. La publicación de estos hechos, que la archidiócesis de Boston intentó mantener en oculto, logró alertar a la Iglesia Católica como institución, sacudiendo de alguna manera sus cimientos, y provocando indignación y desconfianza en la comunidad católica.

La temática es dura pero tratada con bastante cuidado en manos de un reparto de lo más interesante. Mark Ruffalo (‘Begin again’), Michael Keaton (“Batman vuelve”), Rachel McAdams (“El Diario de Noa”), Liev Schreiber, John Slattery (‘In our nature’) y Stanley Tucci (“El diablo viste de Prada”), entre los más destacados, conforman un equipo totalmente volcado en la importante causa a defender. Me llama sobresalientemente el papel del Sr. Schreiber (‘Kate & Leopold’, “El velo pintado”, “X-Men orígenes: Lobezno”…), nuevo director del ‘Boston Globe’ que nada más pisar las instalaciones de la redacción expresa su intención tajante de investigar un caso que debió haberse tratado mucho antes. Un actor con tendencia a secundario en otras películas, consigue con su nuevo, intelectual y atractivo look (barba y gafas), y con su personalidad reservada, mostrar la firmeza y la suficiente seriedad para convencer a su equipo de que el objetivo prioritario sea que el fenómeno de pederastia eclesiástica vea la luz en los ejemplares de su periódico. Curiosamente, ha de llegar un judío soltero, alguien fuera de todo el foco de ocultismo, para afrontar el delito con todas las de la Ley. De diez.

Este trabajo, de calidad, qué duda cabe, ha sido reconocido con nada más y nada menos que 6 nominaciones a los Oscar, entre ellas, a mejor película y a mejor director (Thomas McCarthy). El filme que nos ocupa, en su conjunto, no deja al espectador indiferente. La trama basada en hechos reales y el realismo de todas y cada una de las interpretaciones ofrecen un plus de veracidad. Me resultó especialmente destacable que al terminar el filme, justo antes de los créditos finales, pusieran una lista de los casos de pederastia de la Iglesia en todo el mundo, incluso en nuestro país. Se lo han tomado muy en serio. Todo queda al descubierto y no parece haber lugar para el temor.

Recuerden que el director de ‘Spotlight’, Thomas McCarthy, fue responsable de otros títulos como “Con la magia en los zapatos”, ‘The Visitor’ (con el que ganó el Premio Independent Spirit), ‘Win, Win (ganamos todos)’ y “Vías cruzadas”; participó como actor en películas como “Conspiración”, ‘Duplicity’, “Buenas noches, y buena suerte”, ‘Syrana’ y “2012”, entre otras, y en series televisivas, como ‘Ally McBeal’ o “Ley y Orden”. Puede que con este trabajo de dirección que nos ocupa, haya mostrado su verdadera esencia. Una historia bien hilada con un ritmo muy adecuado nos muestra su mérito. Bravo.

Dicho todo esto, creo que sin más demora, calificaré ‘Spotlight’ con un merecido 7/10. Recomendable, no para generalizar ni generar odio a diestro y siniestro sino para plantar cara a ciertos atentados contra la dignidad y los derechos humanos. Para poder mirar con una visión objetiva una verdad de la que una sociedad debe estar informada y de la que hay que tomar partido e implantar las penas legales que merecen sin que toda una institución que predica la moralidad, la oculte, y haga como si esos delitos cometidos no hubieran tenido lugar. La Justicia divina no está en nuestras manos pero sí la Justicia terrenal, la de los juzgados.

Muchas gracias por su fidelidad y atención.

Afectuosos saludos.

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LV: Una crítica personal “de película”: “La heredera” (William Wyler, 1949)

Hoy es mi deseo presentarles en este blog un clásico de primera. Se trata de “La heredera”, un trabajo impecable como no podía ser de otra manera en manos (y cámara) del genial director de cine William Wyler (“Ben-Hur”, “Vacaciones en Roma”, “Horizontes de grandeza”, ‘Funny Girl’…).

No solo la dirección brilla con intensidad en este maravilloso filme sino que la protagonista, una Olivia de Havilland (“Lo que el viento se llevó”, “Murieron con las botas puestas”, “Robin de los Bosques”, “La Princesa de Éboli…) bella, fuerte y deslumbrante, se codea con Montgomery Clift (“De aquí a la eternidad”, “Un lugar en el sol”, “¿Vencedores o vencidos?”…), un actor archiconocido, cuyo rostro triste y ciertos infortunios en su vida real, dieron más identidad aún si cabe a una trayectoria cinematográfica consagrada.

El reconocimiento por parte de la crítica fue tremendo en su estreno y “La heredera” obtuvo nada más y nada menos que ocho nominaciones a los Oscar, de las cuales, cuatro se materializaron en estatuillas doradas contantes y sonantes que fueron destinadas a mejor dirección artística (en blanco y negro), mejor banda sonora original, mejor vestuario y, por supuesto, a mejor actriz, Olivia de Havilland, absoluta merecedora de este honor.

Puede que quienes no hayan visto este magnífico clásico se pregunten qué sinopsis tiene y yo me voy a tomar la libertad de mostrársela, si me lo permiten. Transcurre el año 1849, en la ciudad de Nueva York. Catherine Sloper (Olivia de Havilland), una rica heredera, tímida, inocente, poco agraciada y no muy joven, es pretendida por un atractivo joven (Montgomery Clift). Ella se enamora de él irremediablemente, pero su duro y tozudo progenitor se opone al enlace y amenaza con despojarla de su fortuna. Hasta aquí puedo escribirles. Comentarles también que la película que nos ocupa es una fiel adaptación de la novela de Henry James ‘Washington Square’, publicada por vez primera en el año 1880.

La película es inmensa en todos los sentidos, por las gigantescas interpretaciones en parte, por un escenario perfectamente ambientado en la época que le corresponde, y por una temática que atrapa al espectador sin remedio. Bien hilada. Serena. No cabe duda que delante de sus retinas no se va a desenvolver la típica comedia azucarada o drama romántico sino que será un drama, sí, pero tan realista y decepcionante a la vez… duro, amargo y a la par, con esa sensatez femenina que pocas veces nos muestra la gran pantalla. Olivia de Havilland, actriz que justamente este año 2016, cumplirá un siglo de vida, representa a una fémina con la cabeza sobre los hombros, que antepone su cerebro a su corazón, que se quita la venda de los ojos, que asume el error cometido y se enfrenta a él con valentía y, en apariencia externa, con una frialdad muy poco usual en una dama, y menos de la época. Majestuoso carácter. Sublime en su papel. Chapó.

En mi pretensión y deber de no hacer spoiler de esta gran obra del cine clásico con mayúsculas, me detendré en mis palabras y sin más, calificaré este filme con un más que merecido 9/10. La recomendaba, la recomiendo y la recomendaré, por siempre.

Muchísimas gracias por su fiel lectura.

Atentamente, se despide hasta la próxima entrada…

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LIV: Una crítica personal “de película”: “Rostro impenetrable” (Marlon Brando, 1961)

“¿Mi casa? Mi casa está donde dejo mi silla de montar”

(Rio – Marlon Brando)

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Llegó el día de comentar un clásico… en esta ocasión, toca un western, y no uno cualquiera. Les aviso de que este quizás sea el género que menos me llama la atención. Sin embargo, lo situaría en un puesto preferente al del género de terror. Hoy he visto “Rostro impenetrable”, un filme protagonizado y dirigido por el atractivo actor Marlon Brando, que nos dejó hace casi doce años ya. Reconozco que no hizo un mal doble trabajo. Una nominación al Oscar a mejor fotografía y una Concha de Oro (Festival de San Sebastián) a mejor película lo avalan.

El Sr. Brando (“Un tranvía llamado Deseo”, “La jauría humana”, “La Ley del Silencio”), comparte, esta vez, cartel con Karl Malden, gran intérprete conocido por su participación en títulos como: “El Hombre de Alcatraz”, “La Conquista del Oeste” o “Patton”, entre otros tantos. Fue nominado al Oscar por su papel en “La Ley del Silencio” y se llevó la estatuilla dorada por “Un tranvía llamado Deseo” a mejor actor de reparto. Además, puede que a ciertas generaciones les suene de haber protagonizado la archiconocida serie “Las calles de San Francisco”, junto a un jovencísimo y, por entonces desconocido, Michael Douglas. Ambos actores de lujo se acompañan en este western en el que la amistad se torna traición y odio desmedido.

Un ritmo algo lento pero sin llegar a lo tedioso, un escenario algo peculiar pues el paisaje árido se combina con el de playa en tierras mejicanas y una banda sonora acorde compuesta por el californiano Hugo Friedhofer, conforman un conjunto que seduce, sobre todo teniendo en cuenta el momento en el que se rodó. No me cabe ninguna duda que en los 60, este trabajo fue más admirable de lo que puede serlo ahora que contamos con tantos avances y hay tanto buen cine registrado en la historia de este gran arte.

La trama está bien hilada, sin pérdidas ni tendencia a la confusión y despierta la curiosidad en el espectador de cómo terminará todo. Hay momentos en los que parece que el horizonte puede ser prometedor, y en otros, sin embargo, se teme que todo ese enfrentamiento desemboque en injusta tragedia.

La balanza que aparece en un comienzo termina “adornada” con la piel de un plátano y, sin duda, se mantiene equilibrada… la justicia actúa de la misma manera durante el transcurso de la película y la verdad es que genera alivio.

Sin más, me dispongo a calificar este filme con un merecido 6/10. Me ha gustado porque en “Rostro impenetrable” se ofrece un compendio de temáticas. No todo es tiroteo y mundo de hombres, con ese burdel indestructible que no puede faltar en este género, sino que ese ambiente de vaqueros tan famoso se entrelaza con una historia de amor, que en un principio parece de cartón piedra, porque motivos que no son el amor lo mueven, pero luego se intensifica, y lo era farsa se transforma en verdad. El personaje de Brando (Rio) evoluciona de un mentiroso compulsivo a alguien que empieza a tomarse las cosas un poco más en serio. Se agradece su madurez. También comentar brevemente que un toque de visible modernidad caracterizan a la dama principal, Luisa (Pina Pellicer), cuya actitud resulta bastante instintiva para lo que aquí en España estaba bien visto en la sociedad de los 60. EEUU, como siempre, un paso por delante.

Recomendable, aunque con un visionado basta ;).

Muchas gracias por su leal atención. Un saludo, y hasta la próxima entrada.

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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Ciclo Chocolat LIII: Una crítica personal “de película”: ‘Joy: el nombre del éxito’ (David O. Russell, 2015)

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En esta ocasión, la película escogida en la cartelera de cine ha sido ‘Joy’. Por mi parte, no había expectativas de ningún tipo, ni altas ni bajas. Simplemente, la sinopsis parecía buena… nada del otro mundo pero, de alguna manera, interesante, por el realismo con que se promocionaba este trabajo en su trailer. El reparto (Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Bradley Cooper), de primeras, llamaba la atención, y los fragmentos que se mostraban despertaban la curiosidad respecto a si una vida no pretendida desde un inicio, podría finalmente resurgir y convertirse en ese sueño por cumplir que todo ser humano tiene cuando en niño, y cada vez que algo parece salir al revés de como se espera. Ese halo existencialista es lo que me conquistó, lo que me animó a ir a verla.

La familia que rodea a la protagonista (Jennifer Lawrence como Joy Mangano) es típicamente americana, con la innegable diferencia de que aun pudiendo ser un entorno desestructurado, se presenta como caótico pero significativa y excepcionalmente unido. Quizás sea esa realidad la que me enganchó con mayor intensidad a la trama. ¿Se imaginan una película americana con líos familiares en la que se presentan los valores tradicionales como los más inquebrantables? Los lazos de sangre, el deber para con los otros, todo ello se mantiene a pesar de la locura y la extravagancia con que viven los personajes. Ninguno parece tener la cabeza en su sitio, y sin embargo, por parte de la protagonista, el amor y la familia están muy por encima del placer y de la felicidad individual. ¡Habrase visto! Sabemos que no es lo natural en la actualidad. Que el cine es un reflejo de la sociedad… ¿o la sociedad lo es del cine? Tendríamos que dedicar varias entradas a dar respuesta a esta reflexión, y no estoy por ahora por la labor de hacerlo, pero saben a lo que me refiero, ¿verdad? ‘Joy’ no es una ‘American Beauty’ o una ‘Agosto’, para que quede aún más claro si cabe.

En la película que nos ocupa, el sueño americano toma especial relevancia, desde su origen hasta su cumplimiento, en una mujer joven e inteligente a la que la vida no ha tratado demasiado bien. ‘Joy’ se traduce en una historia de perseverancia y superación personal que deja muy buen sabor de boca. En su conjunto, nada que destacar. El director de este trabajo, David O. Russell, ha creado una especie de mini culebrón melodramático con moraleja pero sin mucha credibilidad, que se sustenta por la interpretación de buenas estrellas del firmamento hollywoodense. Le falta garra pero quizás la temática no da para más o tan solo se trate de que en algunos momentos el ritmo se hace excesivamente lento, y convendría cortarlos. Pueden ir a verla en la gran pantalla si así lo desean, o pueden alquilarla, o esperar, simplemente, a la que la emitan en televisión. Les ofrezco esa entera libertad sin recomendaciones concretas y tajantes.

No voy a entretenerme más, evitando así dar detalles en exceso despojándoles de la atracción que pueda transmitirles una película del género del drama entrelazado con la comedia, pues haber humor, haylo, pero bastante insustancial. La calificación que considero justa y acorde es de un 5,9/10.

Muchísimas gracias por su atención, como siempre.

Un afectuoso saludo y ¡hasta la próxima entrada! 😉

Gema Mª Gómez del Barco – De la mano del Séptimo Arte

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